Lo que comenzó como una retórica de campaña se ha convertido en una realidad operativa. Tras meses de soft-launch por parte del secretario de Guerra, Pete Hegseth, el «Escudo de las Américas» ha nacido oficialmente. Doce líderes regionales, predominantemente de la derecha y la derecha dura, se han unido a Trump para firmar una declaración de intenciones que promete cambiar las reglas de la guerra contra el narcotráfico.
- El Club A3C: Aliados e Ideología
La coalición, denominada profesionalmente como America’s Counter Cartel Coalition (A3C), cuenta con el respaldo de 16 naciones, aunque solo 12 jefes de Estado asistieron a la cumbre inaugural.
- Los pilares: El argentino Javier Milei y el salvadoreño Nayib Bukele se perfilan como los principales aliados estratégicos de Trump en esta nueva arquitectura de seguridad.
- La sorpresa: La presencia de los líderes de Guyana y Trinidad y Tobago (de centroizquierda) subraya que, para algunos, la seguridad y el acceso al paraguas militar de EE. UU. superan las diferencias ideológicas.
- El mapa del Escudo: Entre los firmantes se encuentran Ecuador, Paraguay, Honduras, República Dominicana, Panamá y el presidente electo de Chile.
- De las palabras a los misiles: El caso Ecuador
Trump ha dejado claro que la diplomacia ha terminado. Su propuesta es simple: el uso de la fuerza letal. «Si quieres que usemos un misil, son extremadamente precisos… directo a la sala de estar de ese narcotraficante», declaró el presidente durante la cumbre.
Este enfoque ya ha tenido su primera prueba de fuego. El pasado 3 y 6 de marzo, fuerzas especiales de EE. UU. apoyaron activamente al ejército de Ecuador en operaciones «cinéticas» letales. Esto incluyó bombardeos a campamentos de narcotráfico en la frontera con Colombia y ataques de precisión que, según informes, contaron con asesoría directa de comandos estadounidenses en el terreno. Estas acciones marcan una escalada respecto a los más de 40 ataques realizados contra embarcaciones en el Caribe desde septiembre de 2025, que han dejado un saldo de al menos 157 fallecidos.
- El vacío estratégico: Los grandes ausentes
A pesar de la pompa y circunstancia, el proyecto sufre de un agujero estratégico masivo. Las tres naciones con mayor capacidad para influir en el flujo de narcóticos no están en la mesa:
- México: La presidenta Claudia Sheinbaum mantiene una postura firme de «línea roja». Para Ciudad de México, cualquier intervención militar de EE. UU. en suelo soberano —ya sea unilateral o conjunta— es inaceptable. Aunque existe cooperación en inteligencia (como en la reciente caída de «El Mencho»), México rechaza el marco ideológico del A3C.
- Brasil y Colombia: Lula da Silva y Gustavo Petro se oponen frontalmente a la militarización del conflicto y ven el proyecto como una herramienta de expansión de la influencia de Washington.
- El desafío de China y la «Doctrina Monroe»
Bajo el Escudo de las Américas subyace un objetivo mayor: frenar la influencia de Pekín. Trump ha invocado una versión moderna de la Doctrina Monroe, advirtiendo sobre las «influencias externas malignas» en el hemisferio occidental.
Aunque ha logrado victorias simbólicas, como en el Canal de Panamá, el desafío es inmenso. China ha pasado años tejiendo una red de inversiones y préstamos que hace que incluso los aliados más cercanos a Trump, como Milei, duden a la hora de romper vínculos económicos con el gigante asiático.
Conclusión: ¿Un Escudo duradero?
El éxito del A3C dependerá de si puede transformarse en algo más que un club ideológico de derecha. La historia de América Latina está llena de organizaciones multilaterales que desaparecen cuando cambia el color del mapa electoral. Sin la participación de México y Colombia, y sin abordar las raíces profundas de la pobreza y la corrupción que alimentan a los cárteles, el Escudo de las Américas corre el riesgo de ser una táctica militar espectacular, pero una estrategia regional fallida.
