La ironía geopolítica ha alcanzado su punto más sangriento este jueves por la noche. Pakistán, el país que durante 40 años alimentó, refugió y reconoció a los Talibanes (incluso durante la ocupación estadounidense), ha declarado oficialmente la «guerra abierta» contra ellos. Bajo el nombre de Operación Gazab-il-Haq, la Fuerza Aérea de Pakistán ha lanzado ataques masivos contra las dos ciudades más importantes de Afganistán, marcando el fin definitivo de una alianza que siempre fue un pacto con el diablo.
- El origen del divorcio: El monstruo del TTP
Para entender por qué dos antiguos «socios» se disparan hoy con artillería pesada, hay que mirar al TTP (Tehrik-i-Taliban Pakistan), también conocidos como los talibanes pakistaníes.
- La traición: Pakistán siempre esperó que, tras retomar el poder en 2021, los talibanes afganos detendrían los ataques del TTP contra suelo pakistaní.
- La realidad: Lejos de frenarlos, el régimen de Kabul ha servido de santuario para más de 20 grupos terroristas. Desde 2021, los ataques en Pakistán se han disparado, incluyendo el reciente atentado suicida en la provincia de Jaiber Pajtunjua que sirvió de detonante para esta guerra.
- La escalada: Del bombardeo a la «Guerra Total»
El ciclo de violencia alcanzó su masa crítica el pasado domingo. Tras meses de advertencias ignoradas, Pakistán bombardeó campos de entrenamiento en las provincias de Nangarhar y Paktika. La respuesta de los talibanes fue invocar su «responsabilidad de la Sharia» para proteger el territorio y lanzar una ofensiva terrestre contra la Línea Durand.
Nota histórica: La Línea Durand es la frontera de 2.640 km trazada por los británicos en 1893. Los talibanes, al igual que los gobiernos afganos anteriores, nunca han reconocido su legitimidad, considerándola una herencia colonial impuesta.
- Asimetría Militar: David contra Goliat (con armas nucleares)
En términos de fuerza bruta, no hay comparación posible. Pakistán posee uno de los ejércitos más poderosos del mundo, mientras que los talibanes operan principalmente como una fuerza insurgente con equipo abandonado por EE. UU.
| Capacidad | Pakistán (Ejército regular) | Afganistán (Talibanes) |
| Tropas activas | ~660.000 | ~170.000 |
| Fuerza Aérea | Cazas F-16 y JF-17 de última generación | Prácticamente inexistente (helicópteros limitados) |
| Arsenal Nuclear | Sí (estimado en 170 ojivas) | No |
| Artillería y Tanques | Miles de unidades modernas | Equipamiento ligero y vehículos tácticos |
A pesar de esta superioridad numérica de casi $4:1$ en tropas y una ventaja tecnológica abrumadora, Pakistán se enfrenta al mismo problema que EE. UU. y la URSS: Afganistán es el «cementerio de imperios». Ocupar el país no es una opción viable y los bombardeos solo refuerzan la unidad de las facciones talibanes contra el «invasor».
- La fractura interna de los Talibanes
La guerra ha expuesto las costuras del régimen en Kabul. Existe una lucha de poder entre dos facciones:
- La facción de Kandahar: Liderada por el Líder Supremo Hibatullah Akhundzada. Son los integristas, aislacionistas y antagonistas que se niegan a cooperar con Pakistán.
- La facción de Kabul: Más pragmáticos, que buscan reconocimiento internacional y temen que una guerra total destruya la frágil estabilidad económica del país.
Moscú y Pekín observan con nerviosismo. China, que tiene intereses mineros y comerciales en ambos países, ya se ha postulado como mediador, un papel que también buscan Turquía y Qatar para evitar que el conflicto se convierta en una crisis humanitaria de dimensiones regionales.
Un callejón sin salida
Pakistán ha aprendido de la peor manera que no se puede «domesticar» a un grupo extremista. Al declarar la guerra abierta, Islamabad busca forzar un cambio de política en Kabul, pero lo más probable es que solo consiga más atentados en sus ciudades y una frontera perpetuamente en llamas. En marzo de 2026, la región más inestable del mundo acaba de volverse mucho más peligrosa.
