El Gran Desplome Polaco | Política Europea

El fin de la era PiS: por qué la derecha nacionalista de Polonia se hunde en las encuestas

Durante casi una década, el partido Ley y Justicia (PiS) dominó el panorama político polaco con un mensaje de nacionalismo férreo y conservadurismo social. Sin embargo, en marzo de 2026, los cimientos de la derecha se están resquebrajando. Con el Primer Ministro Donald Tusk liderando una ventaja de 10 puntos —la mayor en más de una década— y el PiS cayendo a niveles de apoyo de 2012.

Varsovia
Varsovia 24h

Polonia está viviendo un cambio de guardia que parecía imposible hace solo dos años. Durante gran parte de 2024 y 2025, la Coalición Cívica (centro) y el partido Ley y Justicia (PiS, derecha nacionalista) caminaron codo con codo en las encuestas, en un empate técnico que reflejaba la profunda división de la sociedad polaca.

Pero desde mediados de septiembre de 2025, la brecha se ha ensanchado de forma dramática. El PiS, que llegó a rozar el 50% de apoyo en 2019, se ha desplomado hasta un raquítico 26%. Mientras tanto, Donald Tusk saborea su mejor momento político desde 2012. ¿Cómo ha pasado el PiS de ser el arquitecto de la «Polonia fuerte» a estar en caída libre?

  1. La «Pinza» Electoral: Fugados por el centro y por la derecha

El PiS se está desangrando en dos frentes simultáneos, perdiendo la cohesión de su gran coalición electoral:

  • La fuga hacia el centro (Tusk): El primer ministro Donald Tusk ha logrado proyectar una imagen de competencia y firmeza que ha seducido al votante de centroderecha moderado. Su gestión de la seguridad nacional tras la incursión de 19 drones rusos en espacio polaco el pasado septiembre y los sabotajes ferroviarios de noviembre le han ganado elogios incluso de sus críticos.
  • La fuga hacia la extrema derecha (Konfederacja): Los votantes más radicales consideran que el PiS se ha vuelto «blando» y parte del sistema. El partido Konfederacja (Confederación) ha duplicado su apoyo hasta el 13%, defendiendo un nacionalismo aún más agresivo, el fin total del aborto y una desconfianza absoluta hacia las instituciones internacionales. A esto se suma la irrupción de un nuevo partido, La Corona, que ya suma un 9% en los sondeos.
  1. El factor Trump y la soberanía de defensa

Uno de los puntos de fricción más sorprendentes ha sido la relación con Washington. Bajo la nueva administración Trump, las tensiones entre Polonia y EE. UU. han alcanzado niveles récord. Mientras Tusk ha optado por una diplomacia asertiva, buscando blindar a Polonia de la imprevisibilidad de Trump y fortalecer la autonomía de defensa europea, el PiS ha cometido el error táctico de seguir alineado con los republicanos estadounidenses.

El mes pasado, después de que el embajador de EE. UU. rompiera relaciones con el presidente del parlamento polaco tras una agria disputa en redes sociales, el PiS exigió la dimisión del político polaco. Esta postura fue percibida por gran parte de la población como una sumisión a intereses extranjeros, impulsando la narrativa de Tusk de que Polonia debe ser el líder de una defensa europea soberana.

  1. El lastre de la corrupción y el bloqueo de fondos

El PiS todavía arrastra las cicatrices de sus ocho años en el poder (2015-2023), marcados por constantes acusaciones de corrupción: desde el uso de jets gubernamentales para vuelos privados hasta escándalos de pagos en el Banco Central.

A esto se suma el largo conflicto con la Unión Europea por la independencia judicial, que mantuvo bloqueados más de 100.000 millones de euros en fondos para Polonia. Aunque Tusk ha logrado desbloquear gran parte de este dinero, los votantes no han olvidado que el PiS puso en riesgo la prosperidad económica del país por su pulso ideológico con Bruselas.

¿Un golpe mortal o una pausa?

Donald Tusk no puede cantar victoria todavía. Aunque su Coalición Cívica vuela alto, sus socios de gobierno están flaqueando en las encuestas y la fragmentación del parlamento polaco hace que la gobernabilidad sea un reto diario. Además, el presidente de la nación, Karol Nawrocki, sigue siendo un leal al PiS con poder de veto, actuando como el último obstáculo para la agenda liberalizadora de Tusk.

Sin embargo, en marzo de 2026, el mensaje es claro: el modelo de nacionalismo populista que el PiS exportó a toda Europa está perdiendo su magia en su propio hogar. Polonia ya no mira hacia atrás; mira hacia una Europa donde Tusk, y no Orbán o Trump, marca el paso.