El Refugio del Norte | Geopolítica y Ampliación

Por qué Islandia ha pisado el acelerador para entrar en la Unión Europea

Durante más de una década, la idea de que Islandia se uniera a la Unión Europea estuvo congelada. Los islandeses valoraban su independencia pesquera por encima de todo. Sin embargo, una crisis del coste de vida asfixiante y un panorama geopolítico aterrador han cambiado las reglas del juego. Empujada por la retórica anexionista de Donald Trump y las bromas de su nuevo embajador sobre convertir a la isla en el "estado número 52" de EE. UU., la nueva Primera Ministra islandesa ha adelantado un referéndum histórico que podría integrar al país nórdico en el bloque europeo el año que viene.

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Islandia 24h

Tras años de «fatiga de ampliación», la Unión Europea parece estar a las puertas de una nueva era de expansión. Mientras Montenegro cierra capítulos a velocidad de crucero y Bruselas diseña un plan de dos velocidades para Ucrania, un candidato inesperado ha vuelto a llamar a la puerta con urgencia: Islandia.

El parlamento islandés (el Alþingi) se prepara para anunciar la fecha de un referéndum nacional que podría celebrarse tan pronto como en agosto de este mismo año (2026). El objetivo: reactivar las negociaciones de adhesión a la UE que el país abandonó abruptamente en 2015.

¿Qué ha provocado este drástico cambio de rumbo en un país tradicionalmente euroescéptico? La respuesta es una mezcla de asfixia económica interna y pánico geopolítico externo.

El trauma del bacalao y la oportunidad perdida

Para entender el presente, hay que mirar al pasado. Islandia ya está profundamente integrada en Europa: pertenece al Espacio Económico Europeo (EEE), al espacio Schengen y al acuerdo de Dublín.

En 2009, tras el colapso total de su sistema bancario y el desplome de la corona islandesa, el país solicitó formalmente entrar en la UE buscando el refugio del euro. Sin embargo, las negociaciones chocaron contra un muro infranqueable: la Política Pesquera Común de la UE. La pesca representa directa e indirectamente el 25% del PIB islandés. Ceder el control de sus ricas aguas territoriales a las flotas europeas era una línea roja. En 2013, un nuevo gobierno de centroderecha paralizó las conversaciones y, en 2015, retiró la candidatura por completo.

El catalizador interno: Inflación y cambio de gobierno

Si el debate ha resucitado no es por idealismo europeo, sino por pragmatismo económico. A pesar de ser una de las naciones más ricas per cápita, Islandia lleva años sufriendo una inflación pertinaz y los costes de endeudamiento más altos de la OCDE. La corona islandesa es volátil, y la crisis del coste de vida fulminó al anterior gobierno de centroderecha a finales de 2024.

En las elecciones anticipadas de noviembre de 2024, la Alianza Socialdemócrata, liderada por la actual primera ministra Kristrún Frostadóttir, arrasó con la promesa de estabilizar la economía. Su coalición se comprometió a celebrar un referéndum sobre la UE antes de 2027, pero los acontecimientos internacionales han forzado a Reikiavik a adelantar el calendario.

El factor Trump: El miedo al «Estado 52»

El verdadero acelerador de este proceso tiene nombre y apellidos: Donald Trump. Su regreso a la Casa Blanca ha destrozado la confianza de Islandia en su tradicional garante de seguridad.

Islandia no tiene ejército propio. Su defensa depende íntegramente de la OTAN y de un acuerdo bilateral de defensa firmado con EE. UU. en 1951. Pero la renovada obsesión de Trump por el Ártico y sus amenazas de anexionarse la vecina Groenlandia han encendido las alarmas.

El pánico se desató definitivamente a principios de este año cuando Billy Long, el candidato de Trump a embajador en Islandia, «bromeó» ante el Congreso estadounidense con que Islandia se convertiría en el «estado número 52» de Estados Unidos y que él sería su gobernador. Aunque Long se disculpó, la indignación en la isla fue mayúscula.

Ante la constatación de que Estados Unidos ya no es un socio fiable y que podría ver a Islandia como un mero activo territorial, el gobierno de Frostadóttir ha mirado hacia Bruselas. Simultáneamente, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha prometido endurecer el Artículo 42.7 (la cláusula de defensa mutua de la UE) para que funcione como un escudo blindado similar al Artículo 5 de la OTAN. Para Islandia, Europa ya no es solo un mercado; es un refugio vital.

¿Por qué Islandia podría entrar en un año?

Si los islandeses votan «Sí» en el referéndum de este verano (las encuestas actuales muestran una ligera mayoría a favor, en torno al 45% frente a un 35% en contra), el proceso de adhesión podría batir todos los récords.

Funcionarios de la UE aseguran que Islandia podría convertirse en Estado miembro en apenas un año. Las razones son claras:

  1. Trabajo hecho: Al estar en el EEE y Schengen, Islandia ya cumple con la inmensa mayoría del acervo comunitario (las leyes de la UE).
  2. El «regalo» del Brexit: Durante las negociaciones de 2009-2013, el principal rival pesquero de Islandia era el Reino Unido (la famosa «Guerra de la Caballa»). Con los británicos fuera de la UE, la Unión Europea podría ser mucho más flexible y generosa a la hora de negociar cuotas pesqueras y excepciones para Reikiavik.

Un movimiento defensivo

Islandia se encuentra en una encrucijada histórica. El orgullo nacional que una vez los mantuvo alejados de Bruselas para proteger sus caladeros ahora los empuja hacia ella para proteger su soberanía frente a las ambiciones erráticas de Washington. Si el referéndum prospera, el mapa de la Unión Europea se expandirá hacia el Círculo Polar Ártico mucho antes de lo que nadie hubiera imaginado.