El Reino Unido es un estado plurinacional que se mantiene unido, en gran medida, por el pegamento de la historia y el pragmatismo económico. Pero ese pegamento está perdiendo adherencia.
Si las encuestas actuales se cumplen en las elecciones autonómicas del próximo 7 de mayo, podríamos despertar ante una realidad geopolítica sin precedentes: cada nación descentralizada del Reino Unido (Escocia, Gales e Irlanda del Norte) estaría liderada por un partido cuyo objetivo fundamental es abandonar el Estado británico.
Aunque la disolución no sería automática ni legalmente sencilla, el golpe psicológico para el unionismo sería devastador. Desglosamos el estado de las grietas en cada frente.
Irlanda del Norte: La demografía es el destino
Aunque Irlanda del Norte no tiene elecciones programadas hasta 2027, es el único territorio con una vía de escape legalmente trazada. El Acuerdo de Viernes Santo de 1998 establece que el Ministro británico para Irlanda del Norte (actualmente el laborista Hilary Benn) debe convocar un referéndum fronterizo (border poll) si le parece «probable» que una mayoría vote por la reunificación irlandesa.
El nacionalismo irlandés, liderado por el Sinn Féin, tiene motivos para el optimismo histórico:
- Hito demográfico: El censo de 2021 confirmó que los católicos superan a los protestantes por primera vez en la historia de Irlanda del Norte.
- Hegemonía política: Entre 2022 y 2024, el Sinn Féin logró un triplete histórico, convirtiéndose en el partido más grande en Westminster, en la Asamblea de Stormont y a nivel municipal. Desde 2024, Michelle O’Neill es la primera Ministra Principal republicana.
Sin embargo, los datos tienen matices. El éxito del Sinn Féin se debe a la consolidación de su voto, no a una expansión masiva. El bloque nacionalista total ronda el 40% desde 1998. El cambio real es la caída del unionismo (del 50% al 40%) y el auge del Partido de la Alianza (no sectario), lo que indica que una proporción creciente de norirlandeses no vota por líneas identitarias. Aunque el objetivo del Sinn Féin de un referéndum para 2030 parece prematuro, el unionismo ha perdido para siempre la presunción de perpetuidad.
Escocia: La resurrección inesperada del SNP
Hace apenas un año, el SNP parecía un cadáver político. Desangrado por guerras internas, acorralado por investigaciones financieras y aplastado por el Partido Laborista de Keir Starmer en las elecciones generales del Reino Unido de 2024 (donde los laboristas ganaron 37 de los 57 escaños escoceses), la victoria laborista en Edimburgo parecía inevitable.
Pero en la política, un año es una eternidad. El desplome de la popularidad del gobierno laborista de Starmer en Londres ha arrastrado a sus socios escoceses. Bajo el astuto liderazgo del Primer Ministro escocés John Swinney, el SNP ha estabilizado la nave.
Las proyecciones apuntan ahora a una quinta victoria consecutiva del SNP en Holyrood. Si logran una mayoría absoluta (solo lograda una vez, en 2011, lo que forzó el referéndum de 2014) o gobiernan con los Verdes, el choque de trenes está garantizado. El SNP acordó en su última conferencia que una mayoría será su mandato para exigir un segundo referéndum de independencia. El gobierno británico ya ha dicho «no», apoyado por la sentencia del Tribunal Supremo de 2022 que prohíbe a Escocia convocar un referéndum unilateralmente. Swinney afirma tener un «plan secreto» para forzar la mano de Londres. La parálisis constitucional está servida.
Gales: El dragón despierta (lentamente)
Quizás la mayor sorpresa política del Reino Unido ocurre en Gales. El bastión inexpugnable del laborismo durante un siglo se desmorona. De cara a las elecciones al Senedd (Parlamento galés) de mayo, el colapso laborista ha abierto una insólita batalla por el primer puesto entre dos polos opuestos: el partido nacionalista Plaid Cymru y el populismo de derechas de Reform UK.
Si Plaid Cymru (liderado por Rhun ap Iorwerth) logra formar gobierno, marcando un hito histórico, no esperen barricadas independentistas inmediatas. Con el apoyo a la independencia galesa rondando históricamente el 30-40%, ap Iorwerth ha sido pragmático: ha descartado presionar por un referéndum de independencia en su primer mandato. Su misión será demostrar capacidad de gestión y sembrar la semilla soberanista a largo plazo.
Una advertencia existencial
Que Escocia, Gales e Irlanda del Norte estén gobernadas simultáneamente por partidos que repudian a Londres no disolverá el Reino Unido al día siguiente de las elecciones. La ley, las encuestas de referéndum y la economía aún favorecen la permanencia.
Sin embargo, representaría una monumental crisis de confianza en el proyecto británico. Si Westminster (y el gobierno de Keir Starmer) no logra articular un mensaje atractivo que justifique por qué la Unión sigue siendo beneficiosa para sus periferias, el debate dejará de ser si el Reino Unido se rompe, para centrarse exclusivamente en cuándo lo hará.
