La campaña electoral ha comenzado oficialmente en Hungría esta semana, y la atmósfera en Budapest es eléctrica. Frente a miles de seguidores, Péter Magyar, el líder opositor y jefe del partido Tisza, pronunció una frase que hace solo dos años habría parecido ciencia ficción: «Estamos en el umbral de la victoria».
Mientras Magyar se reunía con líderes europeos en la Conferencia de Seguridad de Múnich para prometer un «reinicio» de las tensas relaciones de Hungría con Bruselas, Viktor Orbán recibía en Budapest al Secretario de Estado de Estados Unidos, buscando desesperadamente que el respaldo de la administración Trump revitalizara sus mermadas opciones electorales.
Pero los números son tozudos. Magyar lleva un año dominando las encuestas con una ventaja sostenida de 10 puntos. ¿Cómo ha logrado un recién llegado poner contra las cuerdas al líder más longevo de la UE?
La chispa: Del escándalo de abusos a la tragedia de Samsung
El ascenso de Magyar ha sido meteórico. Todo comenzó en febrero de 2024, cuando un escándalo gubernamental relacionado con encubrimientos en casos de abuso infantil sacudió los cimientos del partido gobernante, Fidesz. Magyar, hasta entonces un alto cargo cercano al poder y exmarido de la antigua Ministra de Justicia de Orbán, rompió filas. Publicó una grabación secreta de su exmujer alegando corrupción al más alto nivel gubernamental, lo que lo catapultó a la fama nacional.
Tras obtener casi un 30% de los votos en las elecciones europeas de 2024, su partido, Tisza, superó a Fidesz en los sondeos a finales de ese mismo año. Desde entonces, el gobierno de Orbán no ha dejado de desangrarse. A lo largo de 2025, la gestión de crisis como el encubrimiento del envenenamiento tóxico en la planta de baterías de Samsung en la ciudad de Göd ha erosionado aún más la confianza pública.
La fórmula Magyar: Una alternativa «Fidesz-Lite»
Lo que hace a Magyar tan peligroso para Orbán no es solo su popularidad, sino su perfil. A diferencia de las anteriores coaliciones opositoras, que a menudo estaban fracturadas y lideradas por figuras de la izquierda liberal que alienaban a la Hungría profunda, Magyar ofrece una fórmula conservadora que no asusta al votante tradicional de Fidesz:
Atrae a desencantados conservadores y a la izquierda: El partido Tisza es una entidad única, sin el bagaje de los viejos políticos opositores. Al mismo tiempo, Magyar mantiene una línea dura sobre la migración y evita cuidadosamente temas polarizadores como los derechos LGBTQ+, lo que le permite captar votos conservadores mientras recoge a los votantes de izquierda desesperados por un cambio.
Promesas expansivas: Su agenda económica imita el populismo fiscal de Orbán, pero promete ir más allá: mayores pensiones, aumento de salarios para profesores y trabajadores sociales, y duplicar las ayudas familiares.
El látigo contra la corrupción: El mensaje central de Magyar conecta directamente con la frustración por el coste de la vida. Hungría, que en 2025 fue clasificada por cuarto año consecutivo como el estado más corrupto de la UE, ha sufrido una inflación devastadora (con un pico del 25% entre 2022 y 2023).
El gobierno de Orbán intentó calmar los ánimos con ayudas directas, lo que disparó el déficit público al 4,9% del PIB en 2024 y elevó los costes de servicio de la deuda a un récord de 11.100 millones de dólares el año pasado. Para colmo, Bruselas mantiene congelados miles de millones de euros en fondos de cohesión por violaciones del Estado de Derecho. La promesa de Magyar es simple: limpiar las instituciones para desbloquear esos fondos europeos y aliviar las cuentas del país.
Los obstáculos: La maquinaria de Fidesz se defiende
Faltan dos meses para abril, y la victoria de Magyar no está garantizada. Durante la última década, Orbán ha rediseñado el sistema electoral a su favor, manipulando los límites de los distritos (gerrymandering) para sobredimensionar el voto rural afín a Fidesz.
Además, la campaña ha entrado en el barro. Recientemente, se ha amenazado con la publicación de una cinta sexual que supuestamente involucra a Magyar, una táctica de desprestigio al más puro estilo de la inteligencia rusa. Sin embargo, los sondeos indican que estas tácticas sucias no están haciendo mella en su popularidad.
Orbán tampoco puede confiar en la geopolítica para salvarse. Aunque esperaba que el regreso de Trump a la Casa Blanca lo reforzara, la actitud agresiva de EE. UU. hacia la soberanía europea ha generado rechazo incluso entre los nacionalistas húngaros. Paralelamente, la reciente suspensión de las entregas de gas ruso a Hungría ha destruido el principal argumento de Orbán: que su amistad con Vladimir Putin garantizaba energía barata y segura.
¿Qué significa Tisza para la Unión Europea?
Si Magyar cruza el umbral de la victoria en abril, en Bruselas se descorchará champán, pero con cautela.
Un cambio de gobierno significaría, en principio, un enfoque constructivo y el fin de los vetos sistemáticos y chantajes institucionales de Hungría. Magyar ya ha anunciado su intención de reparar las relaciones con Polonia y revitalizar el Grupo de Visegrado (V4).
Sin embargo, en política exterior, Tisza comparte mucho ADN con Fidesz:
Ucrania: Magyar ha calificado a Moscú de agresor y busca un alto el fuego, pero ha declarado que no enviará armas a Kiev ni romperá lazos con Rusia, y se opone firmemente a la adhesión «exprés» de Ucrania a la UE.
Energía: Planea eliminar la dependencia del gas ruso para 2035, ocho años más tarde que la meta de la Comisión Europea fijada para 2027.
Comercio y Fronteras: Su partido rechaza las cuotas de reubicación de inmigrantes y, recientemente, los eurodiputados de Tisza rompieron con el Partido Popular Europeo (PPE) para apoyar el bloqueo del acuerdo con Mercosur, defendiendo a los agricultores húngaros.
En resumen, un gobierno de Péter Magyar no haría desaparecer mágicamente los desacuerdos entre Budapest y Bruselas. Pero, como suspiran aliviados muchos diplomáticos europeos, esos desacuerdos se gestionarían mediante el diálogo y la negociación, y no con el megáfono y el veto permanente que han definido la era de Viktor Orbán.
