Donald Trump siempre ha tenido un superpoder político: la inmigración. No importaba cuán impopulares fueran sus políticas comerciales o cuán caótica su diplomacia; cuando se trataba de cerrar la frontera y deportar indocumentados, el estadounidense medio le daba, si no un cheque en blanco, al menos el beneficio de la duda. Según los agregadores de encuestas, su aprobación en este tema se mantenía en un respetable -5 neto, muy por encima del desastroso -30 en inflación o -17 en política exterior.
Ese escudo se ha hecho añicos en la mañana del 7 de enero en una calle nevada de Minneapolis.
La muerte de Renee Good, una ciudadana estadounidense de 37 años, abatida por tres disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) tras una parada de tráfico, ha cambiado la conversación nacional. Lo que la administración calculó como otro incidente rutinario que podría politizar a su favor, se ha convertido en su pesadilla de relaciones públicas más grave.
El incidente: Tres disparos y un video viral
Los hechos son crudos. El coche de Good estaba detenido de lado en la calle. Cuando los agentes de ICE se acercaron, ella dio marcha atrás e intentó huir. No hubo atropello, pero hubo fuego letal. Un agente disparó tres veces a través de su ventanilla, matándola en el acto.
En cualquier otro momento de la era Trump, la maquinaria mediática habría enterrado la historia o criminalizado a la víctima con éxito. Pero el video del incidente se viralizó (el 82% de los estadounidenses lo ha visto, según Quinnipiac), y lo que el público vio no fue una «criminal viciosa», como la describió el presidente, sino una ejecución extrajudicial.
El error de cálculo: La defensa «Kamikaze» de Trump y Vance
La respuesta de la Casa Blanca fue instintiva y, a la postre, desastrosa. En lugar de pedir una investigación o mostrar empatía, Trump recurrió a Truth Social para doblar la apuesta. Describió a Good como «muy desordenada» y acusó falsamente a la víctima de intentar «atropellar violentamente» al agente, invocando la defensa propia. Su vicepresidente, J.D. Vance, fue más allá en la red social X, calificando a Good como una «víctima de la ideología de izquierda» y asegurando que su muerte fue una «tragedia de su propia creación».
Legalmente, el argumento hace aguas: disparar a un vehículo que huye cuando el oficial no está en la trayectoria directa es ilegal según la jurisprudencia actual. Pero políticamente, fue un suicidio. Al defender lo indefendible, Trump y Vance alienaron al único grupo que le mantenía a flote: los independientes.
Los datos hablan: El colapso del apoyo a ICE
Las encuestas publicadas tras el tiroteo (YouGov, Quinnipiac y Data for Progress) muestran un cambio de marea histórico. La narrativa de «ley y orden» ha chocado contra la realidad de la brutalidad policial.
- Justificación del disparo: Según YouGov, solo el 30% de los votantes cree que el disparo estuvo justificado, frente a un 50% que cree que no.
- El factor Independiente: Aquí es donde Trump pierde la batalla. Solo el 22% de los independientes justifica la acción de ICE. La clase media suburbana, que podía tolerar deportaciones de inmigrantes, no tolera que agentes federales disparen a ciudadanos estadounidenses en sus coches.
El dato más impactante es el referéndum sobre la propia agencia. ICE, que solía gozar de una aprobación sólida, ha caído en desgracia. Por primera vez en la historia de las encuestas, más estadounidenses quieren abolir ICE (46%) que mantenerla (43%). Entre los independientes, el deseo de abolir la agencia llega al 47%. Lo que antes era un eslogan de la extrema izquierda («Abolish ICE») se ha convertido en una posición mayoritaria.
Un Presidente desnudo ante las urnas
Para Trump, esto es una catástrofe estratégica. Su administración ha logrado reducir los cruces fronterizos a cero y revertir la migración neta por primera vez en 50 años. Pero el éxito técnico ha sido eclipsado por la repulsión moral.
La última encuesta de AP sitúa su aprobación neta en inmigración en un mínimo histórico de -23 puntos. Sin la carta de la inmigración para distraer de la crisis del coste de vida, Trump se queda sin «temas ganadores». A menos de un año de las elecciones de medio mandato (midterms), el Partido Republicano se enfrenta a un electorado que ya no ve a ICE como protectores de la frontera, sino como una fuerza fuera de control que dispara primero y pregunta después. Trump apostó todo a la mano dura, y esa mano acaba de golpear a quien no debía.
