El último informe de la OCDE, Education Policy Outlook 2025, arroja luz sobre esta realidad imperante y ofrece una hoja de ruta crítica para las naciones que buscan no solo sobrevivir, sino prosperar en la nueva economía global. Para España, este documento no es solo un análisis comparativo, sino una llamada a la acción para reformar un sistema educativo que es el motor (o el freno) de nuestro desarrollo económico.
La premisa es clara: el aprendizaje permanente requiere voluntad (motivación), habilidades (capacidades cognitivas y digitales) y medios (recursos y acceso). Si falla uno de estos pilares, el edificio del capital humano se tambalea.
La base de todo: Invertir en la primera infancia
La educación infantil (ECEC) es el cimiento sobre el que se construye el aprendizaje de por vida. No se trata solo de «cuidar» a los niños, sino de desarrollar disposiciones como la curiosidad y la persistencia. Los datos de PISA 2022 revelan que los estudiantes de 15 años que asistieron a educación preescolar durante al menos un año obtienen mejores resultados en matemáticas, incluso descontando el entorno socioeconómico.
Para España, esto implica un reto y una oportunidad. El informe destaca que el acceso a una educación infantil de alta calidad sigue siendo desigual. Los niños de entornos desfavorecidos, que son quienes más se beneficiarían de esta etapa, a menudo enfrentan barreras de acceso. Una política efectiva debe centrarse en la calidad del proceso; es decir, en las interacciones diarias entre educadores y niños, y no solo en la infraestructura.
Adolescencia: El riesgo de la desconexión
La transición a la adolescencia (10-16 años) es identificada como el segundo momento crítico. Aquí es donde se forja la identidad y, peligrosamente, donde muchos estudiantes se «desconectan» del sistema. Los datos son preocupantes: según PISA 2022, el rendimiento en matemáticas ha caído en muchos países de la OCDE y la motivación intrínseca por aprender está estancada.
La importancia de la agencia del estudiante (la capacidad de tomar decisiones sobre su propio aprendizaje) es clara. Los sistemas que fomentan la participación activa y el aprendizaje socioemocional logran retener a más estudiantes. En el contexto español, donde las tasas de abandono escolar temprano han sido históricamente altas, las políticas deben ir más allá de lo académico. Se requiere un enfoque que integre el bienestar emocional y el uso responsable de la tecnología, evitando que la digitalización se convierta en una fuente de distracción en lugar de una herramienta de aprendizaje.
El estancamiento en la edad adulta y su coste económico
Quizás el hallazgo más alarmante para la economía es el estancamiento en la participación en el aprendizaje de adultos. Los datos de la encuesta PIAAC muestran que, en la última década, la participación en educación formal y no formal ha disminuido o no ha variado para el grupo de 35 a 55 años en muchos países.
Esto tiene un efecto directo en la productividad. A medida que las carreras laborales se alargan y la tecnología cambia las demandas del mercado, los trabajadores que no se reciclan pierden competitividad. El informe identifica la etapa de «mitad de carrera» (35-44 años) como un punto de inflexión donde las habilidades pueden empezar a depreciarse. Sin políticas de recualificación y perfeccionamiento flexibles y modulares, una parte significativa de la fuerza laboral corre el riesgo de quedar obsoleta, lastrando el crecimiento del PIB nacional.
Bajo la lupa de este informe, la situación de España presenta matices importantes que deben ser abordados con urgencia.
Ventajas a aprovechar: España ha avanzado en la escolarización temprana, un punto fuerte según los estándares de la OCDE. Debemos capitalizar esto mejorando la calidad pedagógica de esa etapa, asegurando que no sea solo asistencial, sino educativa. Además, la creciente digitalización de las aulas españolas, si se alinea con la formación docente adecuada (como sugiere el informe), puede ser un catalizador para mejorar la equidad.
Riesgos a evitar: El mayor peligro para España reside en la desconexión entre la educación y el mercado laboral adulto. El informe advierte sobre el riesgo de sistemas de formación rígidos que no se adaptan a la vida de los trabajadores. España debe evitar la burocratización excesiva de la formación continua y fomentar microcredenciales y formaciones modulares que permitan a los trabajadores de pymes y a los autónomos reciclarse sin abandonar su actividad. Si no logramos reactivar la «voluntad» de aprender en los adultos mayores de 45 años, nos enfrentaremos a una crisis de talento senior en una sociedad envejecida.
A nivel europeo, la tendencia es clara: los países que invierten en sistemas de cualificación flexibles y en el reconocimiento de competencias previas (RPL) son los que mejor navegan las transiciones económicas. España debe mirar hacia modelos que integran servicios de orientación profesional, salud y educación para evitar que los colectivos vulnerables se queden atrás.
A retener:
Para mejorar nuestro sistema y alcanzar mayores niveles de desarrollo, las políticas públicas deben pivotar sobre tres ejes:
- Fomentar la voluntad: Crear una cultura donde el aprendizaje se valore social y económicamente, incentivando tanto a individuos como a empresas.
- Desarrollar habilidades: Actualizar los currículos para incluir competencias transversales y digitales desde la infancia hasta la edad adulta.
- Proveer los medios: Asegurar financiación sostenible y mecanismos de apoyo (como permisos de formación retribuidos) que hagan viable el aprendizaje a cualquier edad.
La prosperidad futura de España no dependerá solo de cuánto gastemos en educación, sino de cómo logremos integrar el aprendizaje en el tejido mismo de nuestra vida cotidiana y laboral.
Referencias:
OECD (2025), Education Policy Outlook 2025: Nurturing Engaged and Resilient Lifelong Learners in a World of Digital Transformation, OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/c3f402ba-en.
