Durante gran parte del siglo XX, el mercado del petróleo se interpretó principalmente a través de la oferta y la demanda físicas. Producción, consumo, inventarios y capacidad ociosa explicaban la mayor parte de los movimientos de precios. Sin embargo, en el contexto actual, esta lectura resulta insuficiente. El petróleo se ha convertido
La economía moderna dispone de herramientas analíticas cada vez más sofisticadas. Modelos matemáticos, bases de datos masivas y métodos econométricos avanzados permiten estudiar fenómenos complejos con un nivel de precisión impensable décadas atrás. Sin embargo, esta sofisticación convive con errores recurrentes que se repiten a
Durante décadas, los mercados financieros cotizados han sido el espacio central de asignación de capital. La existencia de precios continuos, liquidez y consenso informacional permitió delegar en el mercado gran parte del proceso de valoración. Sin embargo, en los últimos años, una proporción creciente del capital global se ha desplazado
En prácticamente todas las economías avanzadas existe un diagnóstico compartido sobre la necesidad de reformas estructurales. Mercados laborales más eficientes, sistemas fiscales sostenibles, educación adaptada al cambio tecnológico o marcos regulatorios más competitivos figuran de forma recurrente en informes y recomendaciones internacionales.
En los últimos trimestres, el consumo privado en Europa ha mostrado una pérdida progresiva de tracción. No se observan caídas abruptas ni colapsos generalizados, pero sí una moderación persistente que pasa desapercibida en los indicadores agregados. Esta desaceleración silenciosa resulta clave para entender el momento económico actual.
Durante gran parte de la última década, el análisis financiero estuvo dominado por una variable casi única: el nivel de los tipos de interés. En un entorno de liquidez abundante y costes de financiación reducidos, el riesgo de crédito pasó a un segundo plano. Sin embargo, el cambio de ciclo monetario está alterando esta dinámica.
Hace solo dos años, la estrategia de Europa estaba clara: "De-risking" (reducción de riesgos) con China y alineamiento total con Estados Unidos. Biden y Von der Leyen hablaban el mismo idioma, coordinaban sanciones tecnológicas contra Pekín y protegían el orden liberal. Hoy, ese guion ha ardido en la hoguera de las vanidades de Donald
A principios de 2025, el consenso era pesimista: China se hundía, Europa estaba estancada y los aranceles de Trump prometían el caos. Sin embargo, la economía global desafió a los agoreros, creciendo un respetable 3,3% según el FMI. Los mercados celebraron, la inflación bajó y parecía que el aterrizaje suave estaba garantizado. Pero
En los pasillos del poder en Washington, una idea antes considerada ciencia ficción ha empezado a generar sudores fríos. A medida que las relaciones transatlánticas se deterioran —exacerbadas por el renovado apetito de Donald Trump por anexionar Groenlandia y su retórica proteccionista—, Europa ha comenzado a mirar su propia cartera
Hay cicatrices que nunca se borran del todo. Quince años después de que la tierra temblara y el mar engullera la costa de Tohoku, el nombre "Fukushima" sigue evocando imágenes de reactores humeantes y ciudades fantasma. Casi 20.000 personas murieron ahogadas, y el trauma nacional llevó a Japón a apagar sus 54 reactores nucleares. Fue