Ellison buscó una alianza estratégica con Warner antes de virar hacia Netflix
El conglomerado Paramount atraviesa una de las etapas más intensas de su historia reciente. Según The Wall Street Journal, David Ellison, director ejecutivo de la compañía, mantuvo conversaciones para integrarse con Warner Bros Discovery antes de optar por un acuerdo con Netflix, que finalmente tomó forma como vía para asegurar financiación y continuidad operativa.
Las negociaciones se produjeron en un escenario de máxima tensión: Paramount se enfrenta a pérdidas operativas crecientes, a la caída estructural del negocio televisivo tradicional y a una dura competencia en streaming. La entrada de Netflix como socio estratégico se interpretó como un salvavidas financiero, pero la primera opción de Ellison era, en realidad, fusionarse con Warner.
Detrás de este movimiento había un objetivo claro: recomponer un gran estudio capaz de competir en escala con Disney y con los gigantes tecnológicos que dominan la industria audiovisual.
La sombra de Donald Trump y las presiones sobre Warner
El reportaje desvela además un elemento inesperado: Donald Trump habría intentado influir en la gobernanza de Warner Bros Discovery utilizando a su yerno, Jared Kushner, en un esfuerzo por ganar influencia sobre sus activos mediáticos, entre ellos CNN.
Esa interferencia política agravó el desconcierto interno en la compañía y tensó aún más la operación de Paramount. Mientras las negociaciones se prolongaban, Warner se vio envuelta en disputas de control accionario y en un creciente riesgo de OPA hostil.
La operación propuesta por Ellison ascendía a unos 18.600 millones de dólares, cifra insuficiente para imponerse frente a la compleja estructura accionarial del grupo, según las fuentes citadas.
La OPA hostil sobre Warner entra en el podio histórico de grandes batallas corporativas
La parte inferior del reportaje describe cómo la ofensiva para hacerse con Warner no es una maniobra aislada, sino una de las mayores OPA hostiles registradas en dos décadas, solo comparable a operaciones colosales del sector bancario o las telecomunicaciones.
Entre los ejemplos históricos que se citan:
- Vodafone–Mannesmann (1999): la mayor OPA hostil jamás llevada a cabo, valorada en 171.000 millones de euros, que redibujó por completo el sector de las telecomunicaciones en Europa.
- AB InBev–SABMiller (2016): 94.000 millones de euros para controlar el mayor gigante cervecero del mundo.
- BNP Paribas–Banca Nazionale del Lavoro, y otros múltiples casos donde la banca ha sido protagonista habitual de estos movimientos.
La OPA sobre Warner, estimada en torno a 100.000 millones de dólares, se aproxima así al nivel de las grandes operaciones globales, situándose como la tercera mayor ofensiva hostil ejecutada hasta la fecha.
Un consorcio de bancos respalda la ofensiva
La operación se encuentra respaldada por un consorcio internacional de entidades financieras, entre las que figuran grandes bancos estadounidenses y europeos. Este apoyo permite que la OPA disponga de una estructura de financiación robusta en un entorno de tipos de interés elevados y alta volatilidad sectorial.
Los analistas señalan que pocas compañías están en condiciones de resistir una presión de adquisición tan intensa, dada la fragmentación accionarial de Warner y sus dificultades operativas recientes.
Hollywood ante un momento definitorio
La industria del entretenimiento vive un proceso acelerado de consolidación, impulsado por:
- el colapso del negocio televisivo tradicional,
- la presión del streaming por escala y costes,
- y la irrupción de actores tecnológicos capaces de financiar pérdidas sostenidas durante años.
En este contexto, los movimientos de Ellison —primero hacia Warner, luego hacia Netflix— se interpretan como intentos de asegurar un posicionamiento estratégico antes de que el mercado termine de concentrarse en unos pocos “supergigantes”.
Lo que ocurra con la OPA hostil sobre Warner determinará no solo el futuro del estudio, sino el equilibrio de poder en Hollywood para la próxima década.
