El Blog del BCE informa que la institución está trabajando activamente para integrar los riesgos del cambio climático (RCC) en las evaluaciones de crédito. Para las empresas que buscan financiación y para los bancos que la conceden, esto no es un asunto menor. Esta nueva política redefine el valor de los activos y la facilidad para obtener dinero, vinculando la solvencia financiera a la sostenibilidad climática.
La lógica del BCE es una de pura gestión de riesgos. El aumento de las temperaturas, las políticas verdes y los desastres naturales afectan la capacidad de pago de las empresas. Si las agencias de calificación no miden correctamente estos riesgos, el Eurosistema podría acabar aceptando como garantía activos que están sobrevalorados o que esconden un alto riesgo. Si un banco que pide prestado al BCE falla, y su garantía (el colateral) ha perdido valor por un riesgo climático no medido, el sistema financiero podría sufrir pérdidas. Por ello se establecen nuevos estándares tanto para sus propios sistemas internos de evaluación como para las agencias de calificación externas en las que confía.
Cómo se afecta su crédito: nueva «hipoteca climática»
Para entender el impacto de esta medida, es crucial saber cómo los bancos obtienen dinero del banco central. Cuando un banco comercial necesita liquidez, acude al Eurosistema y pide un préstamo, pero no puede hacerlo con las manos vacías. Debe presentar un colateral (activos que sirven como garantía). Según las normas de la Unión Europea, este colateral debe ser «adecuado». Aquí es donde entra en juego la calificación crediticia. Cuanto mejor es la calificación de un activo, por ejemplo, una calificación AAA, más dinero puede pedir prestado el banco usando ese activo como garantía.
Esto se debe a un mecanismo llamado haircut (un recorte de valor o colchón de riesgo). Un activo con una calificación perfecta apenas tiene recorte, pero un activo con una calificación peor, como BBB, sufre un recorte mayor, lo que significa que el banco puede pedir menos dinero por él. El Blog del BCE explica que la inclusión de los riesgos climáticos afectará directamente a estas calificaciones. Si una empresa está muy expuesta a riesgos climáticos, sus bonos o activos tendrán una peor calificación. A su vez, el banco que posea esos bonos tendrá un colateral de peor calidad, recibirá un «haircut» mayor y, por tanto, obtendrá menos financiación del BCE.
Esto crea un efecto dominó directo para quien busca financiación. Si para un banco es más caro o difícil usar los activos de una empresa «marrón» (contaminante o vulnerable) como colateral, será mucho más reacio a prestarle dinero a esa empresa, o le exigirá un tipo de interés más alto para compensar ese riesgo. Por el contrario, el Blog del BCE también señala que los analistas internos tienen en cuenta las oportunidades climáticas. Aquellas empresas que inviertan en la transición energética o en estrategias de negocio alineadas con el clima podrían ver sus calificaciones mejoradas. Para estas compañías «verdes», el acceso a la financiación podría volverse más fácil y barato.
Los dos frentes del riesgo: inundaciones y regulaciones
El Eurosistema no solo mira el clima en general, sino que divide el peligro en dos categorías muy específicas que ahora forman parte de toda evaluación crediticia: los riesgos físicos y los riesgos de transición. Ambos tienen la capacidad de impactar severamente las finanzas de una compañía y, por ende, su calificación.
El riesgo físico es el más fácil de visualizar. Se refiere al daño directo causado por fenómenos meteorológicos. El Blog del BCE menciona explícitamente inundaciones, incendios forestales, deslizamientos de tierra y tormentas. Los analistas ahora evalúan la vulnerabilidad geográfica de una empresa. Por ejemplo, una compañía con infraestructuras críticas en zonas costeras o áreas propensas a la sequía verá ese riesgo reflejado en su evaluación. Un solo evento climático agudo, como una inundación que destruya una fábrica, puede llevar a una rebaja de la calificación, reflejando el daño económico inmediato.
El segundo tipo es el riesgo de transición, que es más económico y político. Este riesgo se deriva de la propia respuesta de la sociedad al cambio climático, como las nuevas regulaciones o el precio del carbono (impuestos por contaminar). Para medir esto, los bancos centrales utilizan pruebas de estrés de carbono, simulando cómo los diferentes escenarios de precios del CO2 afectan las finanzas de una empresa. El Blog del BCE señala que, por ahora, los riesgos de transición están teniendo un efecto más pronunciado en las calificaciones que los físicos, afectando principalmente a sectores como la manufactura, la construcción y el comercio.
Los vigilantes del clima: quién califica a quién
Para llevar a cabo esta monumental tarea de evaluación, el Eurosistema utiliza una estrategia de dos vías, confiando tanto en sus propios equipos como en las grandes agencias privadas de calificación. La primera línea de análisis proviene de los ICASs (sistemas internos de evaluación crediticia). Estos son equipos gestionados por los propios bancos centrales nacionales, como el Banco de España o el Bundesbank, que se centran en calificar a empresas grandes y medianas. Estos sistemas internos ya están aplicando las nuevas normas, usando una combinación de herramientas cuantitativas y juicio experto.
La segunda vía son las agencias externas, conocidas como ECAIs (Instituciones de Evaluación de Crédito Externas). Estas son las agencias cuyos nombres resuenan en los mercados financieros: DBRS Morningstar, Fitch Ratings, Moody’s, Scope Ratings y S&P Global Ratings. Según el Blog del BCE, estas agencias han dado pasos significativos, desarrollando sus propias herramientas. Por ejemplo, Fitch utiliza sus «Puntuaciones de Relevancia ESG», Moody’s usa sus «Puntuaciones de Impacto Crediticio» y S&P realiza análisis de escenarios climáticos. Todas estas herramientas buscan un mismo fin, cuantificar cómo el pilar ambiental, social y de gobernanza (ESG) afecta al riesgo financiero.
Una revolución lenta y con grandes desafíos
A pesar del notable progreso en la creación de estos nuevos marcos, el propio blog del BCE admite que la integración de los riesgos climáticos en las calificaciones es, por ahora, una revolución lenta. El impacto real y tangible en las notas crediticias sigue siendo limitado. Aunque los factores ESG influyen en un porcentaje considerable de las acciones de calificación (entre el 13% y el 19%), las rebajas específicas debidas al riesgo climático son mucho más raras, moviéndose solo entre el 2% y el 7% del total. En el caso de los ICASs internos, la proporción de calificaciones afectadas es actualmente inferior al 4%.
El BCE identifica varias razones para esta lentitud. En primer lugar, muchas empresas con alta exposición al riesgo climático también tienen finanzas muy sólidas o estrategias de diversificación que, por ahora, enmascaran esa vulnerabilidad futura. En segundo lugar, las estrategias de mitigación, como la compra de seguros o las compensaciones de carbono, pueden reducir la exposición percibida. El desafío más profundo es la diferencia de horizontes temporales: las calificaciones crediticias tienden a mirar el corto y medio plazo, mientras que los peores efectos del cambio climático se perciben como un problema a largo plazo.
El mayor obstáculo, sin embargo, es la falta de datos. El Blog del BCE lamenta que los datos fiables y granulares sobre el cambio climático sigan siendo escasos, especialmente para los emisores más pequeños. La información que las empresas publican varía enormemente. Para solucionar esto, el BCE apoya firmemente la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD) de la UE, que obliga a las empresas a publicar información detallada sobre sus impactos y exposiciones climáticas. Sin buenos datos, cualquier evaluación de riesgos, por sofisticada que sea, se queda corta.
El impacto en la estructura financiera europea
La iniciativa descrita en el Blog del BCE no es una recomendación, sino un cambio estructural para todo el Eurosistema. El objetivo es hacer que el marco de la política monetaria de la zona euro sea más resiliente al clima. Esto significa que las nuevas reglas se aplican por igual en toda la unión monetaria, afectando a los siete sistemas internos de evaluación (ICASs) gestionados por los bancos centrales nacionales y a las cinco agencias externas (ECAIs) aceptadas en toda la región. Esta armonización está cambiando la estructura financiera europea, creando un estándar único donde la sostenibilidad se entrelaza con la estabilidad financiera.
Referencias:
European Central Bank. (2025d, noviembre 4). Bulgaria on the euro’s doorstep: towards a shared future. https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2025/html/ecb.sp251104~37e3eb95c0.es.html
