La realidad material de la guerra en Irán ha comenzado a erosionar los cimientos de la relación transatlántica. En este 31 de marzo de 2026, la noticia de que el Pentágono está «redireccionando» pagos europeos destinados a armamento para cubrir sus propias carencias ha caído como una bomba diplomática en Bruselas. Lo que comenzó como una medida de emergencia para defender las bases estadounidenses en Oriente Medio se ha convertido en un escándalo de confianza que pone en duda la fiabilidad de EE. UU. como proveedor de seguridad. Con sus reservas de interceptores bajo mínimos tras semanas de ataques incesantes de drones y misiles iraníes, Washington ha decidido que, en el tablero global, «América va primero», incluso si eso significa dejar a sus aliados con las manos vacías y las facturas pagadas.
- El colapso de la iniciativa PEARL y el «secuestro» de fondos
El centro de la controversia es la iniciativa PEARL (Prioritized Ukraine Requirements List), un programa de la OTAN mediante el cual los países europeos han invertido cerca de 4.000 millones de dólares para comprar interceptores Patriot fabricados en EE. UU. con destino a Ucrania.
- La maniobra del Pentágono: Informes recientes confirman que el Departamento de Defensa ha notificado al Congreso su intención de desviar 750 millones de dólares de este dinero europeo para reponer sus propios inventarios.
- El dilema de la tasa de fuego: La escala del conflicto en Irán ha superado cualquier previsión industrial. Mientras EE. UU. fabrica unos 750 interceptores Patriot al año, en las primeras dos semanas de la guerra con Irán se estima que se dispararon cerca de 3.000. Esta disparidad matemática ha forzado a Washington a «canibalizar» los pedidos internacionales para mantener su propia capacidad defensiva en el Golfo.
- Incertidumbre en las entregas: No está claro si los envíos a Ucrania simplemente se retrasarán o si los fondos han sido confiscados de facto para financiar la defensa de los intereses estadounidenses en la región, dejando a Kiev vulnerable ante la presión rusa.
- El precedente suizo: Un aviso para navegantes
El caso de Suiza, reportado por la cadena pública SRF, sirve como el ejemplo más crudo de esta nueva política de «emergencia nacional». Tras el estallido del conflicto con Irán, la relación comercial militar entre Berna y Washington ha entrado en una fase de hostilidad abierta:
- Suspensión y represalia: Ante los retrasos de 4 a 5 años en la entrega de sus sistemas Patriot, Suiza suspendió sus pagos. La respuesta de EE. UU. fue fulminante: desvió cientos de millones de francos que Suiza ya había pagado por aviones de combate F-35 para cubrir los costes de producción de los interceptores Patriot que el Pentágono ahora necesita para sí mismo.
- Del retraso a la incautación: Para el gobierno suizo, esto no es un problema logístico, sino una apropiación indebida de fondos. La percepción es que Suiza está financiando involuntariamente el rearme de EE. UU. mientras su propia defensa aérea queda en un limbo que durará, al menos, hasta finales de la década.
- Consecuencias estratégicas: El fin de la dependencia de EE. UU.
Aunque las acciones de Washington son técnicamente legales bajo las leyes de emergencia nacional, el daño a la marca «Made in USA» en el sector de defensa podría ser irreversible. En este final de marzo de 2026, el sentimiento en las capitales europeas está cambiando drásticamente:
- El despertar de la industria europea: Países como Alemania, Polonia y los Países Bajos, que tradicionalmente han preferido la tecnología estadounidense, están reconsiderando sus presupuestos. El mensaje es claro: si EE. UU. puede confiscar fondos y retrasar pedidos unilateralmente, la soberanía de defensa de Europa solo puede garantizarse mediante sistemas fabricados en el continente.
- El riesgo de un conflicto largo: La postura maximalista de Trump en las negociaciones de Omán (exigiendo el desmantelamiento total del programa nuclear y de misiles de Irán) sugiere que la guerra no terminará pronto. Esto implica que la presión sobre los arsenales estadounidenses solo aumentará, incentivando nuevos «redireccionamientos» de fondos aliados durante el resto del año.
La crisis de confianza transatlántica
La decisión de la administración Trump de priorizar sus arsenales sobre los contratos pagados por Europa marca el fin de una era de certidumbre en la OTAN. En este marzo de 2026, el «América Primero» ha dejado de ser un eslogan político para convertirse en una realidad contable que afecta directamente a la seguridad de Ucrania y al equilibrio de poder en Europa. Mientras Washington intenta contener el fuego en Oriente Medio con dinero europeo, el Viejo Continente comienza a comprender que, en un mundo en guerra, no basta con tener el dinero; hay que tener el control total sobre las armas que ese dinero compra.
