Hace apenas unas semanas, los analistas occidentales hablaban de un «punto de ruptura» para Rusia. La caída de los ingresos energéticos —el combustible real de la guerra en Ucrania— estaba obligando al Kremlin a quemar sus reservas de oro y divisas a un ritmo insostenible. Pero la geografía del petróleo es caprichosa: cuando Irán respondió al ataque de EE. UU. e Israel bloqueando el Estrecho de Hormuz, no solo atacó a sus enemigos directos, sino que le entregó a Vladímir Putin un cheque en blanco.
- El regreso del petróleo a 100 dólares
El cierre de la vía por la que pasa el 20% del crudo mundial ha provocado un shock de oferta inmediato.
- Precios por las nubes: El Brent pasó de 70 $en febrero a superar los **119$ por barril** esta semana, niveles que no se veían desde el inicio de la guerra en Ucrania en 2022.
- El fin del descuento: Hasta ahora, Rusia tenía que vender su petróleo con grandes descuentos a China e India debido a las sanciones. Con la producción de Arabia Saudí y Qatar bajo fuego de drones iraníes, el petróleo ruso es ahora el más «fiable» del mercado. En los puertos indios, el crudo de los Urales ha empezado a venderse incluso con prima sobre el Brent.
- El «U-Turn» de Washington: ¿Sanciones por petróleo?
Lo más sorprendente de este giro de guion ha sido la reacción de la administración Trump. Ante la amenaza de que el precio de la gasolina hunda la economía estadounidense, la Casa Blanca ha dado un giro de 180 grados en su política hacia Moscú.
- Exenciones para India: El viernes, EE. UU. anunció una «exención temporal» de 30 días para permitir que India reanude sus compras masivas de petróleo ruso, ignorando las sanciones impuestas el pasado octubre a Rosneft y Lukoil.
- Desbloqueo total: El secretario del Tesoro, Scott Bessant, ha sugerido que EE. UU. podría retirar las sanciones a otros productores rusos para inundar el mercado y bajar los precios. Irónicamente, el país que EE. UU. quería castigar es ahora el único que puede salvarlo de una inflación descontrolada.
- La crisis del gas: Europa vuelve a mirar al este
La guerra no solo afecta al petróleo. Tras los ataques iraníes a la gigante QatarEnergy, que paralizaron la producción de GNL (gas natural licuado), los precios del gas en el mercado holandés TTF saltaron un 50% en solo dos días.
Con el suministro qatarí (del que la UE se ha vuelto dependiente tras romper con Rusia) en el aire, varios ministros de energía europeos han empezado a sugerir lo impensable: posponer la prohibición total de gas ruso. Putin, consciente de su nueva ventaja, ya ha amenazado con adelantarse y cortar el flujo él mismo para redirigirlo a Asia, forzando a Europa a negociar desde una posición de debilidad absoluta.
- El silencio de Trump y el eje Moscú-Teherán
Mientras Rusia apoya abiertamente a Irán e incluso colabora con inteligencia para que los proxies iraníes ataquen posiciones estadounidenses, la respuesta de Washington ha sido de una pasividad asombrosa.
Esta distracción estratégica es el mejor regalo para el Kremlin. Con el foco del Pentágono y los recursos de inteligencia desviados hacia el Golfo Pérsico, Putin puede permitirse prolongar la guerra en Ucrania indefinidamente, esperando que el agotamiento occidental y los beneficios del petróleo de 120 dólares hagan el trabajo por él. En marzo de 2026, Putin no solo ha evitado el colapso económico; ha recuperado su capacidad de chantajear al mundo con la llave del gas y el petróleo.
