Durante décadas, la economía marroquí estuvo encadenada a la volatilidad de los mercados internacionales, importando el 90% de su energía en forma de carbón y petróleo. Esa dependencia no solo generaba una factura de divisas asfixiante, sino que dejaba al país vulnerable a cualquier crisis geopolítica.
Hoy, la narrativa ha dado un giro de 180 grados. Marruecos ha comprendido que su mayor riqueza no se extrae de la tierra, sino que cae del cielo y sopla en sus costas. Con una combinación única de sol sahariano y vientos constantes, el país atrae hoy a gigantes de Arabia Saudí (ACWA Power), España (ACCIONA) y el Reino Unido (Xlinks).
- El modelo OCP: Fertilizantes impulsados por el sol
Un caso de estudio fascinante es OCP, el gigante estatal de fosfatos. Siendo uno de los mayores productores de fertilizantes del mundo, OCP consume cantidades ingentes de energía y amoníaco (un derivado del hidrógeno).
Para 2026, OCP ha acelerado su estrategia para ser neutral en carbono en 2040. Sus granjas solares no solo alimentan minas, sino que suministran energía a plantas de desalinización. En un Marruecos que sufre su octavo año de sequía severa, el nexo agua-energía es vital. La desalinización mediante renovables permite a OCP producir amoníaco verde y, al mismo tiempo, proveer agua potable a las comunidades locales, intentando mitigar las críticas sobre el uso de recursos escasos para fines industriales.
- Hidrógeno Verde: ¿La nueva moneda global?
El gobierno marroquí ha apostado fuerte por el hidrógeno verde (obtenido al separar el hidrógeno del agua mediante electricidad renovable). Empresas como la española ACCIONA están posicionadas para convertir a Marruecos en un centro logístico para el amoníaco y el metanol verde, combustibles clave para descarbonizar el transporte marítimo y la industria pesada europea.
Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos:
- Costes: Producir hidrógeno verde sigue siendo hasta seis veces más caro que la versión fósil, y la demanda global es incierta, especialmente tras el enfriamiento de la agenda verde en la administración de Donald Trump en EE. UU.
- Soberanía: Críticos locales cuestionan si es sensato dedicar energía y agua desalinizada a la exportación de hidrógeno cuando aún hay hogares y pequeñas industrias en Marruecos que necesitan energía asequible.
- El cable de la discordia y el factor Sahara Occidental
Dos temas dominan las conversaciones en los despachos de Rabat en marzo de 2026:
El proyecto Xlinks: La ambiciosa idea de conectar Marruecos directamente con el Reino Unido mediante cables submarinos para suministrar energía a 7 millones de hogares británicos sufrió un revés el año pasado. El gobierno de Londres retiró el contrato de garantía de ingresos, obligando a Xlinks a buscar socios industriales privados o incluso desviar el cable hacia Alemania, un mercado más ávido de energía estable.
El Sahara Occidental: Gran parte de los proyectos eólicos y solares de escala masiva se sitúan en las provincias del sur, en el territorio disputado del Sahara Occidental. Aunque empresas como ACCIONA aseguran cumplir con las regulaciones internacionales y buscar el beneficio de las comunidades locales, la ubicación sigue siendo un punto de fricción diplomática que complica la financiación de algunos inversores institucionales preocupados por la integridad y transparencia del proyecto.
- ¿Una transición justa? El dilema de los empleos
La gran promesa de las mega construcciones renovables es la creación de empleo. Durante la fase de construcción de parques solares o eólicos, se emplean a miles de técnicos locales (como en el parque de OCP o la granja eólica de ACWA Power en el norte). Pero una vez que los paneles están instalados y las turbinas giran, la necesidad de personal cae drásticamente.
Expertos advierten sobre el riesgo de un «neocolonialismo verde», donde el capital y los beneficios fluyen del Sur Global hacia el Norte Global (estimados en 2 billones de dólares netos anuales a escala mundial), dejando en Marruecos solo empleos de mantenimiento de bajo valor.
El fundamento de la prosperidad
Marruecos tiene ante sí la oportunidad de dejar de ser un espectador de la economía global para convertirse en un actor protagonista. La energía renovable es el cimiento de la industrialización moderna. Si el reino logra equilibrar las necesidades de exportación con el desarrollo de una industria nacional competitiva y el acceso al agua para sus ciudadanos, el «scramble» por su futuro energético no será una lucha por sus recursos, sino el motor de su prosperidad para el siglo XXI.
