Anatomía de una Ilegalidad | Política Comercial de EE. UU.

Por qué el nuevo arancel universal de Trump se basa en una ley obsoleta

Apenas unas horas después de que el Tribunal Supremo le prohibiera usar poderes de emergencia para imponer aranceles, un furioso Donald Trump sacó un as de la manga que nadie había usado jamás: la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, anunciando un arancel universal del 15% a todas las importaciones. La Casa Blanca afirma que esto solucionará el déficit comercial de Estados Unidos.

Trump
Trump 24h

La rabieta presidencial del pasado viernes será recordada en los anales de la jurisprudencia estadounidense. Tras ver cómo la Corte Suprema tumbaba el uso de la Ley IEEPA para imponer aranceles de emergencia, Donald Trump no solo insultó a los jueces («una vergüenza para sus familias»), sino que inmediatamente activó un «Plan B» que ha dejado estupefactos a los juristas y economistas de todo el mundo.

La Casa Blanca anunció la aplicación inmediata de la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, imponiendo un arancel universal, inicialmente del 10% y elevado al 15% al día siguiente, sobre todas las importaciones que entran en Estados Unidos (por un plazo de 150 días, tras el cual requiere aprobación del Congreso).

El problema no es la intención, sino el fundamento jurídico. La justificación de Trump es económicamente analfabeta en el contexto del siglo XXI.

¿Qué dice realmente la Sección 122?

La legislación establece que el presidente puede imponer estas medidas especiales de restricción de importaciones solo cuando existan «problemas fundamentales de pagos internacionales». Específicamente, señala tres escenarios:

  1. Para hacer frente a déficits grandes y graves en la balanza de pagos de EE. UU.
  2. Para evitar una depreciación inminente y significativa del dólar.
  3. Para cooperar con otros países en la corrección de un desequilibrio de pagos internacional.

La Casa Blanca, en su proclamación oficial, se ha acogido al primer escenario. Argumentan que el crónico y masivo déficit comercial de Estados Unidos es prueba de un déficit «grave y grande en la balanza de pagos».

Aquí es donde el castillo de naipes legal se derrumba: un déficit comercial y un déficit de balanza de pagos no son lo mismo. La administración Trump los está utilizando como sinónimos, y cualquier estudiante de economía de primer año sabe que es un error conceptual gigantesco.

Por qué EE. UU. no tiene un problema de «pagos»

El déficit comercial (comprar más bienes de los que se venden) forma parte de la balanza por cuenta corriente. Sin embargo, la balanza de pagos total incluye también la cuenta de capital (el dinero que entra y sale en forma de inversiones). En una economía moderna con tipos de cambio flotantes, la balanza de pagos siempre suma cero.

¿Por qué Estados Unidos puede permitirse importar infinitamente más de lo que exporta? Porque el resto del mundo inyecta billones de dólares en el país invirtiendo en Wall Street, comprando empresas estadounidenses o adquiriendo bonos del Tesoro. El enorme déficit comercial de EE. UU. se financia exactamente con su enorme superávit de capital. Si los extranjeros dejaran de invertir dólares en EE. UU., el valor del dólar simplemente caería, encareciendo las importaciones y reduciendo el déficit comercial automáticamente. No habría una crisis de impago.

Una ley para un mundo muerto

Entonces, ¿por qué el Congreso de EE. UU. escribió una ley en 1974 preocupándose por un «déficit en la balanza de pagos»?

La respuesta es historia monetaria. Hasta 1971, el mundo operaba bajo el sistema de Bretton Woods. El dólar estaba fijado al oro (35 dólares la onza) y las demás monedas estaban fijadas al dólar. En ese mundo de tipos de cambio fijos, un déficit crónico en la balanza de pagos sí era una emergencia nacional, porque significaba que el país tenía que cubrir la diferencia enviando sus reservas de oro al extranjero.

A finales de los 60, EE. UU. estaba literalmente quedándose sin oro. Por eso Richard Nixon rompió la convertibilidad en 1971 (el «Shock Nixon»). La Ley de Comercio de 1974 se redactó en un período de transición, cuando los políticos aún vivían aterrorizados por la idea de agotar sus reservas, antes de comprender completamente cómo funcionaría el nuevo sistema de tipos de cambio flotantes que rige hoy.

Un arancel en el limbo

Hoy, la idea de que Estados Unidos sufra un «déficit en la balanza de pagos» que amenace sus reservas es un anacronismo absurdo. El dólar fluctúa libremente y es la principal moneda de reserva mundial; Estados Unidos imprime el dinero con el que se pagan sus deudas.

Al intentar utilizar una herramienta legal de la era de la Guerra Fría diseñada para proteger las reservas de oro, la administración Trump se ha expuesto a un flanco jurídico enorme. Es altamente probable que los importadores y tribunales federales despedacen este argumento, demostrando que la «emergencia» que exige la Sección 122 es, financiera y matemáticamente, inexistente en 2026. Hasta que los jueces hablen de nuevo, la economía global tendrá que soportar el peso de un arancel del 15% basado en una falacia histórica.