El Motor Agripado | Economía de Guerra

Por qué la mitad de los campos petroleros de Rusia ya no son rentables y qué significa para la guerra en Ucrania

Durante los dos primeros años de la invasión, la economía rusa desafió la gravedad. Impulsada por un gasto militar masivo y precios del crudo por las nubes, Moscú financió su maquinaria bélica sin despeinarse. Pero en 2026, el panorama ha dado un vuelco dramático. Con la inflación descontrolada, tipos de interés confiscatorios del 21% y una ola de quiebras barriendo el sector energético.

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Putin 24h

Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania en 2022, el petróleo Brent cotizaba a unos 100 dólares el barril, alcanzando picos aún mayores a mediados de ese año. A pesar de los descuentos forzados por las sanciones occidentales, el Kremlin ingresaba sumas absurdas —hasta 1.000 millones de dólares diarios— que lubricaban su economía y financiaban la guerra. El colapso predicho por Occidente nunca llegó.

Sin embargo, al entrar en el cuarto año del conflicto, la «resiliencia» rusa muestra grietas estructurales profundas. Y el epicentro del sismo está en su sector más estratégico: el petróleo y el gas, que tradicionalmente aportan más de un tercio de los ingresos del presupuesto federal.

El colapso de la rentabilidad: Un sector en números rojos

Las cifras más recientes, publicadas por la propia agencia estadística rusa Rosstat, son demoledoras. Actualmente, la mitad de las empresas productoras de petróleo y gas del país no son rentables.

Entre enero y noviembre del año pasado, estas compañías acumularon pérdidas conjuntas de 575.000 millones de rublos. Incluso las que lograron mantenerse a flote vieron sus beneficios reducidos a menos de la mitad. El impacto ya es visible en la economía real: a finales de 2025, dos empresas petroleras solicitaron la quiebra y una tercera fue declarada en bancarrota oficial.

El Banco Central de Rusia ha confirmado que los bancos comerciales se han visto obligados a reestructurar 2,7 billones de rublos en préstamos para evitar un colapso en cadena en la industria. Como resultado directo, la perforación de nuevos pozos en 2025 cayó a su nivel más bajo desde la pandemia, y en enero de 2026, la producción de crudo ruso promedió 9,2 millones de barriles diarios, situándose 300.000 barriles por debajo de su propia cuota de la OPEP por primera vez en años recientes.

¿Qué está hundiendo al petróleo ruso?

La tormenta perfecta que asota a los oligarcas energéticos rusos es una combinación de factores macroeconómicos y geopolíticos:

  1. Tipos de interés asfixiantes: Para combatir una inflación persistente (que superó el 10% a principios de 2025), el Banco Central disparó los tipos de interés hasta un brutal 21%. Esto ha encarecido astronómicamente los costes de endeudamiento para las empresas que necesitan invertir en infraestructura de extracción.
  2. El «rublo fuerte» y el exceso global: Un rublo artificialmente fuerte (que se apreció un 45% contra el dólar el año pasado) significa que el gobierno ruso recibe menos rublos por cada barril exportado. A esto se suma un exceso global de crudo que empuja los precios internacionales hacia la banda de los 70 dólares.
  3. Pérdida del cliente indio: Tras las sanciones directas de EE. UU. sobre gigantes como Rosneft y Lukoil en octubre, el descuento del crudo ruso frente al Brent se duplicó hasta los 27 dólares. Pero el golpe más duro vino de India, el principal salvavidas ruso tras el cierre europeo. Como parte de un nuevo acuerdo comercial con EE. UU., Nueva Delhi redujo sus compras de petróleo ruso por vía marítima de 1,7 millones de barriles diarios a 1,1 millones en enero de 2026.

Aunque China sigue comprando, Pekín es cauteloso. Rusia ya representa una quinta parte de las importaciones chinas, y Xi Jinping históricamente evita depender excesivamente de un solo proveedor, además de tener sus reservas estratégicas casi al límite.

El Fondo de Riqueza Nacional, con los días contados

Esta hemorragia de ingresos energéticos (rebajados a 93.000 millones de euros en 2025 frente a los 120.000 proyectados) ha abierto un agujero en las cuentas públicas. El déficit presupuestario se amplió al 2,6% en 2025, una cifra muy peligrosa para un país aislado de los mercados de crédito internacionales.

Para tapar los agujeros, el Kremlin ha estado vaciando su «hucha»: el Fondo de Riqueza Nacional (NWF). Sin embargo, un informe del Centro de Previsión Económica de Gazprombank advierte que, si los precios del petróleo se mantienen en los niveles actuales, los activos líquidos de este fondo podrían agotarse en solo 15 meses.

Conclusión: Una apuesta a todo o nada

A pesar del desastre contable, Vladimir Putin no muestra signos de cambiar el rumbo de su ofensiva en Ucrania. Su estrategia parece basarse en dos esperanzas: Primero, un shock geopolítico (como un ataque estadounidense a Irán bajo la nueva administración Trump) que dispare artificialmente los precios mundiales del crudo y rescate sus finanzas. Segundo, una apuesta de resistencia política: el Kremlin cree ciegamente que las democracias occidentales se cansarán de financiar a Kiev mucho antes de que Rusia se quede sin su último rublo. Sin embargo, los fríos datos de la tundra siberiana indican que el reloj financiero de Moscú avanza más rápido de lo que Putin quisiera admitir.