El Espejismo se Desvanece | Economía de EE. UU.

El «milagro económico» de Trump y como encuentra dificultades

Hasta el jueves pasado, la narrativa oficial en Washington era imbatible: un crecimiento estelar del 4,4% y una inflación domada parecían validar las agresivas políticas comerciales de la nueva administración. Pero el "Viernes Negro" de los datos macroeconómicos ha desatado el pánico. Con el crecimiento del PIB desplomándose al 1,4%, la inflación preferida por la Fed repuntando peligrosamente y el Tribunal Supremo tumbando su principal arma arancelaria, analizamos cómo el miedo, el acaparamiento y el cierre del gobierno han expuesto la fragilidad del boom económico estadounidense.

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Trump 24h

En economía, las «vibras» (vibes) pueden cambiar en cuestión de horas. Durante el tercer trimestre, la economía de Estados Unidos parecía caminar sobre las aguas, ostentando un crecimiento anualizado del 4,4% que humillaba a sus pares europeos y asiáticos. La Casa Blanca se atribuía el mérito total.

Pero el pasado viernes, la realidad llamó a la puerta con una crudeza inesperada. El Departamento de Comercio publicó las cifras del cuarto trimestre, y el veredicto fue un jarro de agua fría: el crecimiento del PIB se desplomó a un anémico 1,4% anualizado, muy por debajo de las previsiones. Si a esto le sumamos un repunte en la inflación subyacente y el varapalo del Tribunal Supremo contra los aranceles presidenciales, el castillo de naipes ha empezado a tambalearse.

¿Qué ha provocado este frenazo en seco? La autopsia del PIB revela tres heridas principales.

  1. El «Shutdown» que paralizó la maquinaria

El primer lastre es estrictamente político. El cierre del gobierno federal de 43 días que paralizó a la administración entre octubre y noviembre de 2025 pasó una factura directa. El componente de «gasto público» del PIB cayó en picado, restando aproximadamente 1 punto porcentual al crecimiento principal. Aunque la Casa Blanca puede argumentar con razón que este es un efecto temporal y que el gasto rebotará en el próximo trimestre, el daño a la confianza ya está hecho.

  1. El fin de la ilusión exportadora

El segundo golpe vino de las «exportaciones netas» (la balanza comercial). En el tercer trimestre, una reducción masiva del déficit comercial impulsó artificialmente el PIB. Pero como advirtieron los economistas, ese milagro no fue fruto de una reindustrialización mágica, sino del pánico.

Ante la amenaza de los inminentes aranceles de Trump, las empresas estadounidenses se dedicaron a hacer acopio preventivo de productos, importando masivamente a principios de año y exportando excedentes (como oro y fármacos) en otoño cuando se aclaró qué productos se librarían de los impuestos. Para el cuarto trimestre, este juego de trileros con los inventarios se agotó. Las importaciones volvieron a su cauce, el déficit comercial se amplió en noviembre y diciembre, y las exportaciones netas se quedaron planas, eliminando el «esteroide» que había inflado las cifras de verano.

  1. El consumidor exhausto: Comprando por miedo

El dato más preocupante, sin embargo, es el consumo privado, el motor histórico de la economía de EE. UU. Aunque el consumo creció, lo hizo a un raquítico ritmo anualizado del 1,5%, el peor dato desde el primer trimestre.

¿Por qué los estadounidenses han dejado de gastar de repente? La teoría predominante entre los analistas es que el boom de consumo de mediados de año fue, en realidad, un acto de desesperación inducido por la incertidumbre política.

Sabiendo que los aranceles encarecerían todo (desde la electrónica hasta la ropa) y que la administración desmantelaría los créditos fiscales medioambientales de la era Biden, los consumidores adelantaron sus grandes compras. Compraron paneles solares y vehículos eléctricos mientras aún había ayudas, y renovaron electrodomésticos antes de que los aranceles entraran en vigor. Además, con la inflación acechando, gastar hoy siempre parece mejor que ahorrar para mañana.

Este comportamiento impulsivo desplomó la tasa de ahorro de los hogares en la segunda mitad de 2025. Los estadounidenses vaciaron sus huchas para adelantarse a las políticas de Trump. Ahora, sin ahorros y con los precios subiendo, simplemente se han quedado sin liquidez.

El PCE asusta a la Fed

Por si fuera poco, el viernes también trajo malas noticias para la Reserva Federal. El índice PCE (Gastos de Consumo Personal), la métrica de inflación preferida por la Fed, repuntó en diciembre hasta el 2,9%, muy por encima del objetivo del 2% y rompiendo la tendencia desinflacionaria.

Este repunte da la razón a quienes advertían que el impacto inflacionario de los aranceles de Trump no se había neutralizado, sino que simplemente se había retrasado. Con una inflación resistente, la Reserva Federal tendrá muy poco margen para bajar los tipos de interés y rescatar a una economía que se frena.

Una resaca inevitable

El único rayo de esperanza en el informe del PIB fue la inversión empresarial, impulsada casi exclusivamente por el gasto frenético en Inteligencia Artificial (que alcanzó un máximo histórico del 3,5% del PIB).

No obstante, el panorama general es de resaca. Sin el shutdown, el PIB habría crecido un respetable 2,3%. Pero la economía real no se mide con excusas. Las políticas de disrupción y amenaza constante han obligado a empresas y consumidores a tomar decisiones irracionales a corto plazo. Ahora, Estados Unidos debe enfrentarse a las consecuencias a largo plazo de una economía dopada por el pánico, justo cuando sus herramientas arancelarias acaban de ser declaradas ilegales por el más alto tribunal del país.