«Trump tenía razón en todo». Con esa contundente afirmación concluía un reciente artículo de opinión firmado por el propio presidente estadounidense, celebrando lo que él considera la victoria definitiva de su guerra comercial: el colapso del déficit comercial de EE. UU.
El dato estrella que la administración agita como una bandera es una caída del 77% en el déficit mensual. Es cierto que en octubre de 2025 el déficit se contrajo a 29.200 millones de dólares, la cifra mensual más baja desde 2009. Pero en el mundo de la macroeconomía, aislar un solo mes y compararlo con un pico inducido por el pánico es, en el mejor de los casos, engañoso.
Aquí explicamos por qué el «milagro arancelario» no es lo que parece.
- El efecto «Acaparamiento»: Oro y Medicamentos
El asombroso dato de octubre no fue impulsado por un renacimiento repentino de las fábricas de acero en Pensilvania o de automóviles en Míchigan. Al desglosar los datos de la balanza comercial, queda claro que la caída del déficit fue impulsada casi exclusivamente por oscilaciones salvajes en dos categorías: productos farmacéuticos y oro.
Irónicamente, estos productos no están sujetos a los aranceles punitivos de Trump. ¿Qué ocurrió entonces? A principios de 2025, ante la amenaza de aranceles universales, las empresas entraron en pánico. Se produjo un fenómeno conocido como front-loading (acaparamiento preventivo): importaron masivamente oro y medicamentos para llenar sus almacenes antes de que Trump pudiera gravarlos. Esto provocó que el déficit se disparara a máximos históricos en enero.
Para octubre, las empresas se dieron cuenta de que estos productos específicos no serían arancelados. Comenzaron a exportar sus excedentes y dejaron de importar, lo que redujo drásticamente el déficit de ese mes. De hecho, si eliminamos el oro y los fármacos de la ecuación, el déficit de octubre fue mayor que el de septiembre y se mantuvo en la media histórica. No es reindustrialización; es simple gestión de inventarios.
- La trampa del «Año hasta la fecha»
La cifra del 77% surge de comparar el inusualmente bajo mes de octubre con el inusualmente alto mes de enero (el mes del pánico). Los economistas rara vez miden la balanza comercial así debido a la estacionalidad. Si miramos la imagen completa, el déficit acumulado entre enero y noviembre de 2025 (los últimos datos disponibles) es en realidad mayor que el déficit acumulado en el mismo período de 2024. Las importaciones totales del año no han bajado; simplemente se amontonaron en el primer trimestre. En noviembre, de hecho, el déficit rebotó rápidamente a 57.000 millones de dólares.
- El factor real: La caída del dólar, no los aranceles
Si bien hay una ligera tendencia a la baja en la media móvil de tres meses, la mayoría de los expertos coinciden en que el mérito no es de los aranceles. La teoría económica tradicional dicta que los aranceles rara vez reducen un déficit comercial, ya que encarecen los insumos para las empresas locales, haciendo que sus exportaciones sean menos competitivas.
El verdadero motor detrás de cualquier reducción real del déficit es la depreciación del dólar. Cuando el dólar está débil, las importaciones extranjeras son más caras para los estadounidenses y las exportaciones estadounidenses son más baratas para el resto del mundo. El déficit se estrecha por pura matemática cambiaria.
Pero ¿por qué ha caído el dólar? Paradójicamente, las políticas de Trump deberían haberlo fortalecido. Sin embargo, el billete verde está perdiendo su atractivo como «activo refugio». Las políticas económicas poco ortodoxas de la Casa Blanca, sumadas a los ataques directos de Trump a la independencia de la Reserva Federal (Fed), han asustado a los inversores internacionales. Según el FMI, la participación del dólar en las reservas globales ha caído a su nivel más bajo en 30 años.
Manufactura y dólares extranjeros
La prueba definitiva del fracaso de los aranceles para cumplir su objetivo principal (devolver empleos industriales a EE. UU.) está en el mercado laboral. Durante todo 2025, el empleo en el sector manufacturero cayó constantemente. Hoy, la manufactura representa menos del 8% de la fuerza laboral total de EE. UU., un mínimo histórico.
Además, la obsesión de Trump por atraer billones en inversión extranjera choca frontalmente con su deseo de reducir el déficit. Cuando un inversor extranjero compra fábricas o deuda en EE. UU., tiene que comprar dólares. Eso fortalece la moneda y, como un reloj, vuelve a ensanchar el déficit comercial.
Una narrativa frágil
Donald Trump es un maestro en la selección de datos favorables (cherry-picking). El titular del 77% funciona perfectamente para un mitin político o un tuit. Pero la realidad de las hojas de cálculo cuenta una historia de volatilidad inducida por el miedo, empresas jugando con sus inventarios y un dólar debilitado por la erosión de la confianza institucional en Estados Unidos. El déficit ha fluctuado, sí, pero la balanza comercial estadounidense sigue siendo estructuralmente la misma, solo que ahora opera en un entorno global mucho más impredecible y hostil.
