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De la hambruna a superar a Tailandia: los tres pilares del asombroso despegue económico de Vietnam

Hace pocas décadas, Vietnam era un país agrario arrasado por la guerra que, paradójicamente, tenía que importar comida para sobrevivir. Hoy, con un crecimiento del 8% en 2025 y previsiones de alcanzar el 10% en 2026, el país comunista se ha convertido en el paraíso del libre comercio y el principal beneficiario de la huida tecnológica de China. Analizamos cómo el libre mercado, un sistema educativo que humilla a las potencias occidentales y la estabilidad política han forjado al nuevo gigante manufacturero de Asia.

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Vietnam 24h

En 1975, tras la caída de Saigón y la reunificación del país bajo el régimen comunista, Vietnam era uno de los lugares más pobres de la Tierra. Con un PIB per cápita de apenas 84 dólares, era cuatro veces más pobre que la vecina Tailandia e incluso más pobre que la Camboya de los Jemeres Rojos.

Hoy, la historia se ha reescrito de manera espectacular. El PIB per cápita roza los 5.000 dólares, igualando a Indonesia y superando a Filipinas. Más sorprendente aún: en términos de PIB agregado, Vietnam está a punto de superar a Tailandia este mismo año, un hito geopolítico y económico que habría sonado a delirio hace solo una década.

¿Cómo un país gobernado por un Partido Comunista de línea dura ha logrado este «milagro» capitalista? La respuesta se asienta sobre tres pilares fundamentales que han catapultado al país a la hiperglobalización.

  1. El abrazo total al libre comercio y la estrategia «China Plus One»

El giro comenzó en 1986 con las reformas Doi Moi (Renovación), inspiradas en la apertura china de Deng Xiaoping. El Partido Comunista de Vietnam (PCV) abandonó la economía planificada estilo soviético en favor del mercado.

Desde entonces, la integración ha sido feroz. Vietnam se unió a la ASEAN, firmó acuerdos comerciales con EE. UU. y entró en la OMC. Hoy es una de las economías más dependientes del comercio del mundo: su comercio total equivale al 174% de su PIB.

Pero el gran catalizador reciente ha sido la geopolítica. A medida que las tensiones entre Washington y Pekín aumentaban, las multinacionales comenzaron a buscar alternativas a la fábrica china. Es la estrategia «China Plus One» (China más uno). Gigantes como Apple, Google y Microsoft han trasladado partes críticas de su cadena de suministro tecnológica a Vietnam. Incluso ante las amenazas de la nueva administración Trump, que amagó con imponer aranceles del 46%, la diplomacia comercial de Hanói demostró su agilidad logrando renegociar una tasa del 19%, lo suficientemente baja para mantener sus exportaciones competitivas.

  1. Capital Humano: Matemáticas de primer mundo con sueldos del tercero

El segundo pilar es, quizás, el más impresionante. Vietnam no es solo una fábrica de mano de obra barata para ensamblar zapatos; está subiendo rápidamente en la cadena de valor tecnológico gracias a su educación.

Los datos son asombrosos. En los últimos informes PISA, los estudiantes vietnamitas de 15 años obtuvieron puntuaciones a la par con la media de la OCDE (el club de los países ricos). En matemáticas, los adolescentes vietnamitas superaron a los de Estados Unidos, a pesar de que Vietnam tiene una fracción minúscula de la riqueza estadounidense. Según el Banco Mundial, el Índice de Capital Humano de Vietnam (que mide la educación y salud que un niño puede esperar recibir) está al nivel de Estados Unidos y Luxemburgo.

A esto se suma la demografía: una edad media joven (33 años) y una de las tasas de participación laboral femenina más altas del mundo (superando la media de la OCDE). Al contrario que en otros países de ingresos medios donde las mujeres quedan fuera de la fuerza laboral, el motor vietnamita funciona con todos sus cilindros.

  1. La Estabilidad Política (a un alto precio democrático)

El tercer factor es el más incómodo para las democracias occidentales. El Partido Comunista ha demostrado ser un gestor económico implacable y altamente competente.

Según la Economist Intelligence Unit, entre 2003 y 2023, el entorno empresarial de Vietnam mejoró más que el de cualquier otro país del mundo. Las multinacionales adoran la previsibilidad. Mientras Tailandia ha sufrido décadas de golpes de estado, protestas masivas y estancamiento económico debido a sus crisis políticas crónicas, Vietnam ofrece paz social forzada y continuidad regulatoria.

Por supuesto, esta estabilidad tiene un lado oscuro: es un régimen autoritario represivo donde no existe la disidencia política ni la libertad de prensa. Pero para el capital extranjero que busca huir de la volatilidad, Hanói se ha convertido en el puerto más seguro de Asia.

¿El fin del modelo tailandés?

Vietnam ha demostrado que la fórmula del crecimiento asiático clásico —exportaciones, educación y demografía— sigue funcionando en el siglo XXI. Al superar económicamente a Tailandia, no solo cambia el equilibrio de poder en la ASEAN, sino que envía un mensaje claro a los mercados emergentes: el capital global ya no busca solo salarios bajos, sino manos educadas y gobiernos predecibles. Y en 2026, nadie ofrece esa combinación mejor que Vietnam.