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Europa lanza su plan «Made in Europe» para sobrevivir en un mundo de lobos comerciales

Tras años de desindustrialización brutal, la pérdida de gas barato ruso y la amenaza arancelaria de Washington, Bruselas ha dicho basta. Liderada por Francia y con el apoyo reticente de una Alemania bajo nueva dirección, la UE se prepara para aprobar una ley que obligará a "comprar europeo" en sectores críticos.

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Si ojeas los titulares europeos, el cambio de paradigma es innegable. La Unión Europea, que durante mucho tiempo consideró el proteccionismo como una herejía económica, está construyendo su propia armadura. La semana pasada, tras años de cabildeo francés, los líderes de la UE acordaron respaldar un ambicioso plan «Made in Europe». El objetivo es claro: reducir la dependencia del bloque de potencias extranjeras (léase EE. UU. y China) mediante subsidios masivos y reglas de compra pública que favorezcan a la industria local.

El sueño de Macron, la pesadilla de los liberales

La idea no es nueva. Desde Nicolas Sarkozy en 2012 hasta el famoso discurso de la Sorbona de Emmanuel Macron en 2017, Francia ha presionado por una «Soberanía Europea». El argumento de París siempre fue simple: si EE. UU. tiene su «Buy American Act» y China su «Made in China 2025», Europa no puede ser el único idiota útil que juega limpio en un partido amañado.

Sin embargo, la propuesta siempre chocó con el muro de Berlín. Alemania, una potencia exportadora que se beneficiaba del comercio global abierto, veía estas medidas como un proteccionismo peligroso. Pero el mundo ha cambiado, y Alemania también.

El colapso industrial y el factor Friedrich Merz

La guerra en Ucrania y la crisis energética posterior desnudaron la fragilidad del modelo industrial europeo. La participación de la UE en la manufactura global ha caído del 25% en 2000 al 16% hoy. Sectores enteros, desde el acero hasta la química, se han visto asfixiados por los costes de la energía y la competencia desleal china.

En este contexto, la postura alemana ha evolucionado. Aunque el nuevo Canciller Friedrich Merz, en el cargo desde mayo de 2025, sigue siendo un defensor del mercado, el pragmatismo se ha impuesto. La industria alemana, golpeada por la pérdida del gas ruso y la desaceleración china, necesita un salvavidas. Merz ha aceptado la necesidad de proteger la base industrial, aunque prefiere un enfoque más amplio de «Made with Europe» (incluyendo a socios como Noruega o Reino Unido) frente al proteccionismo estricto de Macron.

La Ley de Aceleración Industrial: 70% de contenido local

El núcleo del nuevo plan, que se presentará formalmente el 25 de febrero, es la Ley de Aceleración Industrial. Sus puntos clave son revolucionarios para el estándar europeo:

  1. Umbrales de contenido local: Para acceder a subsidios públicos en tecnologías estratégicas (baterías, renovables, vehículos eléctricos), los productos deberán tener un porcentaje mínimo de componentes «Made in Europe». Se discuten cifras de hasta el 70%.
  2. Objetivo 2035: Elevar el peso de la manufactura en el PIB de la UE del 14% actual al 20% para 2035.
  3. Preferencia en compras públicas: Los gobiernos deberán priorizar ofertas europeas en licitaciones de infraestructuras y defensa, incluso si son más caras que las alternativas chinas o estadounidenses.

¿Salvación o suicidio inflacionario?

No todos aplauden. Los países nórdicos y bálticos, tradicionalmente librecambistas, advierten que esto podría ser un tiro en el pie. El argumento en contra es económico: forzar a las empresas a comprar componentes europeos más caros (en lugar de opciones baratas asiáticas) aumentará los costes de producción. Esto podría alimentar la inflación y, paradójicamente, hacer que los productos europeos sean menos competitivos en el mercado global. «Si nos cerramos, nos empobrecemos», advierten desde Estocolmo y Copenhague. Prefieren reformas internas: completar el mercado único, reducir la burocracia y unificar los mercados de capitales.

La inevitabilidad del muro

A pesar de las dudas, la dirección del viaje está marcada. En un mundo donde la seguridad y la autonomía han desplazado a la eficiencia como prioridad número uno, Europa ha decidido que prefiere pagar un sobreprecio por sus baterías y sus tanques a cambio de no depender de los caprichos de Pekín o Washington. El «Made in Europe» ya no es solo una etiqueta de calidad; es una estrategia de supervivencia.