El retorno del Samurai | Elecciones en Japón

Japón gira bruscamente a la derecha y otorga una supermayoría histórica a su «Dama de Hierro»

Parecía imposible hace apenas seis meses, cuando el Partido Liberal Democrático (PLD) se desangraba entre escándalos y divisiones internas. Pero este domingo, la primera ministra Sanae Takaichi ha desafiado a la gravedad política. Apostando su cargo en unas elecciones anticipadas de invierno, ha logrado no solo sobrevivir, sino asegurar una supermayoría de dos tercios que le da carta blanca para reescribir la constitución pacifista y lanzar una agresiva agenda económica que ya ha puesto nerviosos a los mercados de bonos.

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Japón 24h

Japón se ha despertado hoy en una nueva era política. El domingo 8 de febrero de 2026 pasará a los libros de historia no solo como el día en que el país consolidó a su primera mujer primera ministra, sino como el momento en que el electorado nipón decidió enterrar años de indecisión para abrazar un nacionalismo sin complejos.

Los resultados son inapelables. El PLD de Takaichi ha arrasado con 316 de los 465 escaños de la Cámara Baja, el mejor resultado en la historia del partido. Su socio de coalición, el derechista Partido de la Innovación (Ishin), mantuvo sus 36 escaños. En el lado opuesto, la oposición yace en ruinas: la recién formada «Alianza de Reforma Centrista» (CRA), un matrimonio de conveniencia entre los liberales y el antiguo socio del gobierno Komeito, se ha desplomado hasta unos irrelevantes 49 escaños.

Del caos a la «Sanae-manía»

Para entender la magnitud de esta victoria, hay que rebobinar la cinta del caos reciente. Desde 2020, Japón ha vivido en una lavadora política: escándalos de fondos reservados, la dimisión de Fumio Kishida en 2024 y el breve y desastroso mandato de Shigeru Ishiba, quien perdió la mayoría parlamentaria en 2025.

Cuando Sanae Takaichi, una conservadora de línea dura y protegida del difunto Shinzo Abe, tomó las riendas en octubre de 2025, el partido parecía condenado. Su giro a la derecha provocó un divorcio histórico: Komeito, el partido budista pacifista que había sido socio del PLD durante 26 años, rompió la coalición, temeroso de la agenda nacionalista de Takaichi.

Lejos de amedrentarse, Takaichi formó una alianza con Ishin y apostó por su carisma personal. Con índices de aprobación del 70%, planteó estas elecciones como un plebiscito presidencialista: «Yo o el caos». Y Japón ha elegido a Sanae.

«Sanaenomics»: La imprenta de billetes vuelve a funcionar

La campaña no se ganó con banderas, sino con el bolsillo. Takaichi ha prometido resucitar la economía con una versión esteroideada de la «Abenomics». Su propuesta estrella: eliminar el impuesto al consumo del 8% en alimentos y bebidas durante dos años.

Esta promesa de alivio inmediato para las familias ha eclipsado los temores sobre la deuda. Sin embargo, los mercados financieros están en alerta roja. La perspectiva de un gasto público masivo provocó una venta masiva de bonos japoneses en enero. Takaichi quiere gastar, y con una supermayoría, ya no hay nadie en el parlamento que pueda frenar su mano sobre el presupuesto.

El fin del pacifismo constitucional

Pero la consecuencia más profunda de esta supermayoría es constitucional. Takaichi tiene ahora los números necesarios (dos tercios) para iniciar la reforma del Artículo 9 de la Constitución, la cláusula pacifista que impide a Japón tener un ejército ofensivo.

Su socio, Ishin, va un paso más allá, abriendo la puerta a discutir el «intercambio nuclear» (nuclear sharing) con Estados Unidos, un tabú absoluto en la única nación que ha sufrido bombardeos atómicos. Con Donald Trump en la Casa Blanca (quien dio su «respaldo total» a Takaichi antes de las urnas) y una China cada vez más asertiva, Japón se prepara para rearmarse como nunca desde 1945.

Un mandato absoluto

La oposición intentó presentarse como la voz de la moderación y la reforma limpia, pero el electorado los ha ignorado completamente. La CRA, liderada por los restos del Komeito y los demócratas constitucionales, no logró articular un mensaje coherente.

Sanae Takaichi emerge hoy no solo como la líder de Japón, sino como la figura política más poderosa de Asia democrática. Tiene el parlamento, tiene la popularidad y tiene el mandato. La pregunta ahora no es qué puede hacer, sino qué hará con un poder que ningún primer ministro japonés ha tenido en décadas. Pekín observa con recelo, Washington aplaude, y los japoneses esperan que su «Dama de Hierro» sepa lo que hace.