El retorno de Albión | Economía Británica

Por qué la economía británica desafía a los pesimistas y se prepara para un boom de consumo inesperado

Parecía el "enfermo de Europa". Crecimiento estancado, inflación desbocada y rumores de un rescate del FMI apenas el año pasado. Pero en los últimos meses, los datos han dado un giro silencioso pero contundente. Con la inflación domada, la inversión despertando de su letargo post-Brexit y los hogares menos endeudados que sus pares europeos, analizamos si Londres está a punto de dejar atrás su "década perdida".

Londres
Londres 24h

Ser pesimista sobre la economía británica ha sido el deporte nacional —e internacional— durante los últimos años. Sucesivos gobiernos han fracasado en generar crecimiento real, y la sombra de la inflación ha sido más larga y oscura en las islas que en el continente. Sin embargo, algo ha cambiado en el aire de la City y en las calles principales de Manchester y Birmingham. Los últimos datos sugieren que el Reino Unido no solo ha dejado de hundirse, sino que podría estar a punto de sorprender al mundo.

No estamos hablando de un milagro, pero sí de una recuperación sólida que se apoya en tres pilares fundamentales que han pasado desapercibidos para la mayoría de los titulares catastrofistas: el despertar del consumidor, el retorno de la inversión y el saneamiento de las cuentas públicas.

El consumidor británico

El gran misterio de la economía post-pandemia en el Reino Unido ha sido la timidez del gasto. Mientras estadounidenses y europeos volvían a llenar restaurantes y tiendas, los británicos se guardaban el dinero. La tasa de ahorro se disparó del 5% al 10%, un nivel propio de tiempos de guerra o recesión profunda.

La razón era el miedo: la incertidumbre del Brexit, la inestabilidad política y una inflación más pegajosa que en otros lugares obligaron al Banco de Inglaterra a subir los tipos de interés con agresividad. Esto encareció las hipotecas y cerró los bolsillos.

Pero la marea está bajando. La inflación, aunque alta en diciembre (3,4%), se prevé que caiga por debajo del objetivo del 2% para abril. Los tipos de interés están bajando. Y lo más importante: todo ese ahorro acumulado significa que los hogares británicos están menos endeudados que sus vecinos. La deuda de los hogares ha caído del 140% del PIB en 2022 al 121% hoy.

Esto crea un escenario de «muelle comprimido»: si la confianza regresa (y los datos de ventas minoristas y PIB de noviembre sugieren que ya lo está haciendo), hay una enorme capacidad de gasto lista para ser liberada.

El fin de la parálisis

El segundo motor que arranca es la inversión empresarial. Desde el referéndum del Brexit en 2016 hasta 2023, la inversión en el Reino Unido estuvo plana, congelada por la incertidumbre regulatoria. Esto condenó a la productividad británica al estancamiento (creciendo un mísero 0,4% anual frente al 0,9% de la OCDE).

Sin embargo, en los últimos 18 meses, la inversión privada ha comenzado a crecer a un ritmo anual del 3%. Las empresas, cansadas de esperar y con un panorama político algo más claro, están volviendo a comprar maquinaria y software. Los resultados ya son visibles: la productividad creció un esperanzador 1,4% en 2025, la mejor cifra desde 2017 (excluyendo el rebote post-COVID).

Alejándose del abismo

Finalmente, el gobierno respira aliviado. Hace no mucho, los mercados trataban a la deuda británica con la misma sospecha que a la de un mercado emergente, exigiendo una prima de riesgo (spread) altísima frente a los bonos alemanes. Esa brecha se ha cerrado silenciosamente.

El endeudamiento público en diciembre cayó un asombroso 40% interanual, muy por debajo de las previsiones. Aunque la situación fiscal sigue siendo tensa y la deuda alta, el Reino Unido ya no parece el paciente terminal que necesita una intervención del FMI.

Cautela, pero con motivos para sonreír

Nadie está descorchando champán todavía en Downing Street. Los retos estructurales del Reino Unido (baja productividad crónica, desigualdad regional, fricciones comerciales con la UE) siguen ahí. Pero por primera vez en mucho tiempo, los vientos de cola son más fuertes que los vientos de cara. Si el consumidor británico decide que es hora de gastar sus ahorros, 2026 podría ser el año en que la economía del Reino Unido deje de ser una advertencia y vuelva a ser un competidor serio.