Andalucía llevaba años mirando al cielo, rogando por agua. Cuando los meteorólogos anunciaron la llegada de la borrasca Leonardo, hubo un suspiro colectivo de alivio. Sin embargo, la realidad ha sido traicionera. Leonardo no ha traído lluvia mansa, sino un diluvio bíblico acompañado de vientos huracanados que han golpeado la línea de flotación de la economía andaluza.
Ahora, mientras el agua comienza a retirarse, emerge la factura del desastre. Las primeras estimaciones de la Junta de Andalucía y las organizaciones agrarias (ASAJA, COAG) ya hablan de pérdidas directas superiores a los 1.500 millones de euros. No se trata solo de daños materiales; es un golpe estructural a la despensa de Europa en el peor momento posible.
Almería y Huelva: La Zona Cero agrícola
El impacto más crítico se ha localizado en los dos pulmones exportadores de la región. En Almería, el viento ha destrozado cientos de hectáreas de invernaderos en El Ejido y Níjar. Las estructuras de metal y plástico, incapaces de soportar las rachas de 120 km/h, se han venido abajo, aplastando toneladas de tomates, pimientos y calabacines listos para exportar.
El desastre en Almería tiene consecuencias continentales. Al romperse la cadena de suministro en febrero, los supermercados de Alemania, Reino Unido y Francia se enfrentan a una escasez inminente de hortalizas frescas, lo que disparará los precios en toda la Eurozona en las próximas semanas.
En el otro extremo, en Huelva, la situación es dramática por el agua. La campaña de la fresa y los frutos rojos, que estaba entrando en su pico de producción para San Valentín, ha quedado anegada. Los campos son barrizales intransitables donde la fruta se pudre por la humedad excesiva y la botrytis (hongo). Las cooperativas onubenses estiman que se ha perdido hasta el 40% de la cosecha temprana, un golpe financiero letal para un sector que ya operaba con márgenes estrechos debido a la sequía anterior.
El turismo y la amenaza a la Semana Santa
Pero Leonardo no solo ha castigado al campo. El litoral, la joya turística que aporta el grueso del empleo en la costa, ha sufrido una erosión sin precedentes. En la Costa del Sol (Málaga) y la Costa Tropical (Granada), el temporal marítimo ha engullido playas enteras, destrozando chiringuitos y paseos marítimos.
El timing no podría ser peor. Con la Semana Santa a la vuelta de la esquina (marzo), los ayuntamientos se enfrentan a una carrera contrarreloj para regenerar las playas y reparar infraestructuras. Los hoteleros temen que las imágenes de devastación provoquen una ola de cancelaciones en las reservas de primavera. «Si no arreglamos el paseo marítimo en tres semanas, damos la temporada baja por perdida», lamentaba ayer el alcalde de un municipio costero malagueño.
El colapso logístico
La violencia de Leonardo también ha puesto de manifiesto la fragilidad de las infraestructuras logísticas. El Puerto de Algeciras, uno de los nodos de tráfico marítimo más importantes del mundo, tuvo que suspender operaciones durante 24 horas, creando un cuello de botella en la entrada y salida de mercancías hacia África y el Mediterráneo.
En el interior, la red de carreteras secundarias y varias líneas ferroviarias quedaron cortadas por desprendimientos y balsas de agua, aislando comarcas enteras y dificultando la salida de la poca producción agrícola que se salvó. El coste de reparación de carreteras, puentes y muros de contención recaerá sobre unas arcas públicas autonómicas y estatales que ya estaban tensionadas.
La pesadilla de las aseguradoras: Agro seguro desbordado
El consorcio de seguros se prepara para un aluvión histórico de reclamaciones. La peculiaridad de Leonardo es la combinación de viento (que cubre el seguro) y riada (que cubre el Consorcio), creando una burocracia compleja para los afectados. Muchos agricultores, asfixiados por años de malas cosechas previas, habían reducido sus coberturas de seguro para ahorrar costes. Ahora se encuentran ante la ruina total, dependiendo exclusivamente de la declaración de «Zona Catastrófica» y las ayudas directas que pueda aprobar el Consejo de ministros.
Lluvia de millones, pero de pérdidas
La borrasca Leonardo dejará agua en los embalses, sí. Las reservas hídricas de la cuenca del Guadalquivir han subido, dando un respiro para el consumo humano de cara al verano. Pero el precio pagado ha sido exorbitante. Andalucía se enfrenta a una reconstrucción dolorosa. La tormenta ha demostrado que la adaptación al cambio climático no es solo una cuestión de gestionar la sequía, sino de preparar la economía para una volatilidad extrema donde el cielo puede pasar de no dar nada a quitarlo todo en 48 horas. El campo andaluz tardará meses, quizás años, en cicatrizar las heridas de este febrero negro.
