El "Bucle Maldito" de Teherán | Colapso Económico

Cómo una maniobra técnica para captar dólares ha empujado a Irán al borde de la hiperinflación

Lo que comenzó como una devaluación controlada para obligar a los conglomerados semiprivados (los "Khosolati") a repatriar sus divisas se ha convertido en una avalancha incontrolable. Con el rial rompiendo la barrera psicológica de los 1,6 millones por dólar y la fuga de capitales alcanzando cifras récord.

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Irán 24h

El mes pasado, las calles de Irán ardieron. Aunque los titulares internacionales se centraron en la antipatía política hacia el régimen, la chispa que encendió la pradera fue puramente económica: el colapso del dinero. Los comerciantes del Gran Bazar de Teherán, históricamente el termómetro de la estabilidad del país, bajaron sus persianas no por ideología, sino por desesperación contable. Ya no podían pagar las importaciones.

El rial iraní, que en noviembre cotizaba a un millón por dólar, se desplomó a 1,4 millones en diciembre. Pero lejos de estabilizarse tras las protestas, la caída se ha acelerado, tocando un nuevo mínimo histórico de 1,6 millones de riales por dólar.

Para entender por qué el suelo se está abriendo bajo la economía iraní, hay que mirar más allá de las sanciones. Hay que entender un juego de póker fallido entre el Banco Central y una clase empresarial híbrida conocida como los «Khosolati».

Los dueños de los dólares

La economía iraní no es ni totalmente estatal ni totalmente privada. Las sanciones occidentales, al destruir a los pequeños exportadores que carecían de capacidad burocrática para eludirlas, consolidaron el poder en manos de unos pocos gigantes. Estos conglomerados, a menudo conectados políticamente pero con estructuras de propiedad nominalmente privadas, son los «Khosolati» (un acrónimo persa que mezcla khosusi -privado- y dolati -público-).

Hoy en día, estos entes controlan la parte del león de las divisas extranjeras que entran al país. El Estado iraní, desesperado por dólares para gestionar sus reservas y financiar su red de proxies en el extranjero (Hezbolá, milicias en Irak, etc.), depende enteramente de convencer a estos gigantes para que conviertan sus ganancias en euros o dólares a riales.

La trampa de la devaluación: El tiro por la culata

Aquí es donde entra la estrategia fallida. Con una inflación galopante del 30% anual, los Khosolati no tienen incentivos para vender sus dólares a cambio de una moneda (el rial) que se derrite en sus manos. Prefieren atesorar divisas fuertes.

El Banco Central, consciente de esto, intentó una maniobra arriesgada en diciembre: permitir deliberadamente que el rial se devaluara. La lógica era simple: si les damos más riales por cada dólar, los Khosolati se sentirán tentados a vender. Era una señal de mercado diseñada para inyectar liquidez al Estado.

Pero el Banco Central cometió un error de cálculo fatal. La devaluación coincidió con el estallido de las protestas. Al ver la inestabilidad en las calles, los Khosolati —lejos de vender— se aferraron a sus dólares con más fuerza, temiendo un colapso del régimen. El gobierno se quedó sin los dólares que esperaba recaudar y sin la capacidad de defender el valor de su moneda.

Hacia la hiperinflación

Ahora, Irán ha entrado en lo que los economistas llaman un «bucle maldito» o círculo vicioso de pérdida de credibilidad.

  1. Pérdida de Fe: Los Khosolati ya no creen que el Banco Central pueda estabilizar el tipo de cambio.
  2. Retención de Divisas: Al no creer en la estabilidad futura, no venden sus dólares.
  3. Indefensión: Sin esos dólares, el Banco Central no tiene munición para intervenir en el mercado.
  4. Colapso: El rial cae aún más, confirmando los temores iniciales y reiniciando el ciclo.

Este pánico se ha filtrado a la población general. Los datos son alarmantes: la fuga de capitales alcanzó un máximo histórico a mediados de 2025, con 9.000 millones de dólares saliendo del país en un solo trimestre. Según el Tesoro de EE. UU., esa cifra se ha acelerado aún más tras las protestas. Los iraníes de a pie están liquidando cualquier activo en riales para comprar oro, criptomonedas o dólares en el mercado negro.

Un régimen acorralado

La situación actual sugiere que estamos en las primeras etapas de un evento de hiperinflación. Para el régimen, esto crea una vulnerabilidad existencial. Podría pensarse que esta debilidad empujaría a Teherán a buscar un acuerdo con la administración Trump para aliviar las sanciones. Sin embargo, la lógica de la supervivencia dictatorial sugiere lo contrario: en un momento de máxima fragilidad interna, hacer concesiones al «Gran Satán» podría ser visto como una señal final de debilidad, acelerando el colapso que intentan evitar. El Banco Central jugó con fuego para conseguir unos cuantos dólares, y ha terminado incendiando la casa.