Hace apenas unos años, los diplomáticos de Bruselas bromeaban con que el acuerdo comercial con la India era como la fusión nuclear: siempre estaba a 20 años de distancia. Las negociaciones, iniciadas en 2007, colapsaron en 2013 entre recriminaciones sobre patentes farmacéuticas y acceso al mercado. Parecía el fin.
Sin embargo, la geopolítica tiene la costumbre de acelerar la historia. Con la tinta aún fresca en el histórico acuerdo UE-Mercosur aprobado la semana pasada, Bruselas está a punto de lograr otro hito improbable. Según el canciller alemán Friedrich Merz, un acuerdo de libre comercio con la India podría firmarse «a finales de este mes».
¿El catalizador de este frenesí negociador? Un nombre propio: Donald Trump. Sus aranceles del 15% a Europa y del 50% a la India han actuado como un desfibrilador para unas relaciones que languidecían. Tanto Nueva Delhi como Bruselas han entendido, por las malas, que depender del mercado estadounidense ya no es una estrategia viable, sino un riesgo sistémico.
El factor Trump: Un enemigo común une más que mil amigos
Para entender la prisa, hay que mirar la cartera. Estados Unidos era, hasta hace poco, el mayor mercado de exportación tanto para la India (88.000 millones de dólares) como para la UE (500.000 millones). Pero la política de «America First» ha cerrado el grifo.
Trump ha castigado a la India con aranceles brutales, alegando represalias por la compra de petróleo ruso (una compra que, irónicamente, la administración Biden había permitido tácitamente para mantener el mercado energético estable). A Europa la ha golpeado por «competencia desleal». Privados de su principal cliente, el gigante asiático y el bloque europeo se han mirado el uno al otro y han visto la solución perfecta: diversificación.
¿Qué hay sobre la mesa? Whisky, coches y visados
El acuerdo no será sencillo, pero el potencial es inmenso. India es la economía de más rápido crecimiento del mundo (7% anual desde 2015) y pronto será la tercera mayor potencia global.
Lo que quiere la UE:
- Bajar Aranceles: India es una fortaleza proteccionista. Sus aranceles promedio son del 12%, pero en sectores clave como automóviles o alcohol (whisky escocés/irlandés) superan el 100%. Europa quiere derribar ese muro para vender sus coches y maquinaria en un mercado de 1.400 millones de personas.
- Geopolítica: Un acercamiento a India reduce la dependencia de China y fortalece la cadena de suministro en un socio democrático (aunque complejo).
Lo que quiere India:
- Movilidad: Nueva Delhi exige visados más fáciles para que sus profesionales de TI, enfermeras y estudiantes puedan trabajar en Europa. Este es un punto delicado para la UE, ya que la política migratoria depende de cada estado miembro.
- Inversión y Tecnología: India necesita capital europeo para modernizar su infraestructura y cumplir su sueño de ser la nueva «fábrica del mundo».
- Carbono: India busca suavizar el impacto del CBAM (el impuesto al carbono en frontera de la UE), que su ministro del acero ha calificado como una amenaza mayor que los aranceles de Trump.
El regreso del «Mojo» comercial de Europa
Si se cierra el trato, será la confirmación de que la Unión Europea ha recuperado su instinto de supervivencia comercial. Durante años, la UE se paralizó exigiendo cláusulas «basadas en valores» (derechos laborales, climáticos) que espantaban a socios como Indonesia o Malasia. Parecía que Europa prefería tener razón a tener comercio.
Pero el retorno de Trump ha inyectado pragmatismo en las venas de Bruselas. En los últimos meses, la UE ha:
- Aprobado Mercosur (700 millones de personas).
- Cerrado un acuerdo con Indonesia.
- Relanzado conversaciones con Filipinas, Tailandia y Emiratos Árabes.
La estrategia es clara: construir una «OTAN económica» que no dependa de Estados Unidos. Si Washington se cierra, Europa se abre al resto del mundo.
Obstáculos finales: Medicamentos y datos
A pesar del optimismo del canciller Merz, quedan escollos. El fantasma de 2013 sigue presente. India sigue siendo la «farmacia del mundo en desarrollo», y teme que las normas de propiedad intelectual europeas encarezcan la producción de medicamentos genéricos. Por otro lado, la protección de datos y el flujo de información digital son puntos de fricción habituales.
Sin embargo, la voluntad política nunca ha sido tan fuerte. La India de Modi se ha abierto al mundo con una agresividad inédita, firmando acuerdos recientes con Australia, Emiratos y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). Europa es la joya de la corona que le falta.
Para la UE, firmar con India no tendrá un impacto inmediato en el PIB (los aranceles europeos ya son bajos), pero es una apuesta a futuro. Es comprar un billete en primera clase para el cohete económico indio, justo cuando el tren estadounidense se detiene en la estación del proteccionismo.
