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Canadá da un portazo a Estados Unidos con el nuevo pacto estratégico con China

En un movimiento que hubiera sido impensable hace solo unos años, el Primer Ministro canadiense Mark Carney ha viajado a Pekín para firmar un acuerdo histórico con Xi Jinping. Rompiendo con la "guerra fría" tecnológica de sus aliados y reduciendo aranceles a los vehículos eléctricos chinos, Ottawa envía un mensaje claro: ante la imprevisibilidad y las amenazas de anexión de Donald Trump, China se ha convertido en el socio "estable".

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Canadá 24h

Mark Carney, el tecnócrata que lidera Canadá desde principios de 2025, estrechando la mano de Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo; es un cambio de eje tectónico. Tras años de tensiones por el caso Huawei y las acusaciones de injerencia, Canadá ha decidido pivotar.

El anuncio del viernes es un terremoto diplomático: a partir del 1 de marzo, Canadá reducirá los aranceles a los vehículos eléctricos chinos del 100% al 6,1%. A cambio, China abre sus puertas al turismo canadiense y elimina las barreras a la colza (canola), un mercado de 5.000 millones de dólares vital para los agricultores de las praderas canadienses.

Carney justificó este giro con una frase lapidaria que resume la nueva Realpolitik canadiense: «Tomamos el mundo como es, no como desearíamos que fuera». Y en este mundo de 2026, la Casa Blanca de Trump es vista desde Ottawa como una amenaza existencial, mientras que Pekín, paradójicamente, ofrece «previsibilidad».

El adiós al «Primo Americano»: Soberanía frente a Anexión

Para entender por qué Canadá, el socio más fiel de EE. UU., busca refugio en China, hay que mirar al sur del paralelo 49. La relación con la administración Trump ha sido tóxica. No solo se trata de los aranceles al aluminio y al acero que han golpeado la economía canadiense; es la retórica. Trump ha sugerido repetidamente que Canadá debería ser «anexada como el estado 51», una amenaza a la integridad territorial que ha encendido todas las alarmas en Ottawa.

Carney llegó al poder con una misión clara: diversificar o morir. «Nuestras antiguas fortalezas, construidas sobre lazos estrechos con EE. UU., se han convertido en vulnerabilidades», argumentó el Primer Ministro. Canadá ya no puede permitirse poner todos sus huevos en la cesta estadounidense cuando el dueño de la cesta amenaza con romperlos.

El acuerdo con China es, en el fondo, una declaración de independencia. Canadá busca demostrar que tiene opciones, que puede trazar su propia política exterior y que no necesita el permiso de Washington para sobrevivir.

El Pacto: Coches eléctricos por Canola

El acuerdo es pragmático y transaccional.

  1. Vehículos Eléctricos: Canadá rompe el frente unido occidental. Mientras la UE y EE. UU. levantan muros contra los coches chinos, Canadá los baja. Esto inundará el mercado canadiense de vehículos baratos, acelerando la transición verde pero enfureciendo a la industria local. Doug Ford, el premier de Ontario (corazón automotriz del país), ya ha acusado a Carney de «invitar a una inundación» que destruirá empleos locales.
  2. Agricultura: China elimina el arancel del 100% a la harina de colza y reduce drásticamente el de las semillas. Para los agricultores del oeste de Canadá, que vieron sus exportaciones a China caer un 10% en 2025, esto es un salvavidas.
  3. Visados y Turismo: Se facilitan los viajes, buscando recuperar los ingresos del turismo chino que desaparecieron tras la pandemia y las disputas diplomáticas.

China como el socio «predecible»

Lo más sorprendente de la visita fue el lenguaje utilizado. Carney elogió el «diálogo franco y consistente» con China, contrastándolo implícitamente con el caos de Washington. Es una ironía histórica: una democracia liberal del G7 afirmando que la dictadura comunista de China ofrece un entorno más estable para los negocios que su aliado democrático y vecino, Estados Unidos.

Este sentimiento no es exclusivo de Canadá. Encuestas globales recientes (GlobeScan, Pew) muestran un desplome en la confianza hacia EE. UU. en los países ricos, mientras que la percepción de China como potencia indispensable crece. Carney podría ser solo el primero de muchos líderes occidentales que, fatigados por la volatilidad de Trump, deciden que es hora de «hacer negocios» con Pekín, independientemente de los derechos humanos o las tensiones de seguridad.

Los riesgos del pivote: ¿Represalia o Indiferencia?

El movimiento es arriesgado. Canadá sigue siendo miembro de los «Cinco Ojos» (la alianza de inteligencia anglófona) y la OTAN. Acercarse a China en temas de «seguridad pública y lazos pueblo a pueblo», como establece el nuevo acuerdo, podría tensar su acceso a inteligencia sensible occidental.

Además, está la reacción de Trump. Aunque públicamente el presidente estadounidense ha reaccionado con una indiferencia sorprendente («Está bien, si puedes conseguir un trato con China, deberías hacerlo»), la historia sugiere que su humor puede cambiar con un solo tuit. Si Trump decide castigar a Canadá por «traición», la economía canadiense, aún profundamente integrada con la de EE. UU., sufrirá.

El fin del bloque occidental monolítico

La visita de Mark Carney a Pekín marca el fin de la ilusión de un «Occidente unido» contra China. La realidad económica y la inestabilidad política en EE. UU. están fracturando las alianzas tradicionales. Canadá ha decidido que su interés nacional (vender colza, comprar coches baratos y afirmar su soberanía) está por encima de la lealtad ideológica a un Washington hostil.

Si este «modelo canadiense» de autonomía estratégica tiene éxito, podríamos ver a otros países medios de Europa y Asia-Pacífico siguiendo el mismo camino: mantener la seguridad con EE. UU. (si es posible), pero entregar la economía a China. El mundo bipolar se está volviendo mucho más complejo.