En los últimos años, el debate económico europeo ha dejado de girar en torno a cómo acelerar el crecimiento y ha pasado a centrarse en cómo convivir con su debilidad. Tasas de expansión moderadas, estancamiento relativo frente a otras regiones y revisiones constantes a la baja de las previsiones se han convertido en una constante.
Este contexto ha dado lugar a lo que podría definirse como una economía del “mientras tanto”: un sistema que no colapsa, pero que tampoco resuelve los problemas que limitan su capacidad de crecer de forma sostenida.
La normalización del crecimiento bajo
El crecimiento económico débil ya no se percibe como una anomalía, sino como un estado casi permanente. Tras la crisis financiera, la pandemia y el endurecimiento monetario, Europa ha ajustado expectativas y ha internalizado tasas de crecimiento inferiores a las históricas.
Este proceso de normalización reduce la urgencia política de abordar reformas estructurales profundas. Cuando la economía crece poco pero evita crisis visibles, el incentivo para asumir costes de corto plazo disminuye.
Adaptación sin transformación
Gobiernos y empresas han aprendido a adaptarse a este entorno. La política fiscal actúa como amortiguador, las empresas ajustan márgenes y los hogares modifican consumo y ahorro. Sin embargo, esta adaptación no equivale a transformación.
El crecimiento potencial permanece limitado por factores estructurales que no se corrigen con medidas coyunturales. La economía se mantiene en funcionamiento, pero sin un impulso claro hacia una mayor capacidad productiva.
Productividad, inversión y capital humano
Uno de los elementos centrales del crecimiento débil es la baja productividad. La inversión en capital físico, tecnológico y humano no ha sido suficiente para compensar el envejecimiento de la población y la ralentización de la innovación.
La falta de inversión productiva se ve reforzada por expectativas de crecimiento moderado. Cuando el retorno esperado es bajo, la inversión se pospone, creando un círculo difícil de romper.
Demografía y crecimiento potencial
El envejecimiento demográfico actúa como una restricción silenciosa. La reducción de la población activa limita el crecimiento potencial y aumenta la presión sobre el gasto público.
En ausencia de mejoras significativas en productividad o participación laboral, el crecimiento débil se consolida como una consecuencia casi mecánica de la estructura demográfica.
Política económica y gestión del corto plazo
La política económica se ha orientado progresivamente a gestionar el corto plazo. Transferencias, subsidios y regulación permiten sostener estabilidad social, pero no abordan los determinantes del crecimiento a largo plazo.
Este enfoque reduce volatilidad, pero también aplaza decisiones complejas relacionadas con reformas del mercado laboral, educación, fiscalidad o competencia.
El riesgo de acomodación
Uno de los principales riesgos es la acomodación colectiva. Cuando el crecimiento bajo se acepta como normal, se reduce la presión para cambiar el modelo económico.
Esta acomodación no implica ausencia de bienestar inmediato, pero sí limita la capacidad de afrontar shocks futuros, financiar el Estado del bienestar y competir en un entorno global más dinámico.
Comparación internacional
La brecha con economías más dinámicas se amplía gradualmente. Mientras otras regiones mantienen mayores tasas de crecimiento, Europa preserva estabilidad a costa de perder peso relativo en la economía global.
Esta divergencia no se manifiesta de forma abrupta, sino acumulativa, lo que dificulta su percepción política y social.
Implicaciones para Europa y España
En España, esta dinámica es especialmente relevante. Tras periodos de recuperación cíclica, el crecimiento tiende a desacelerarse hacia tasas moderadas, reflejando límites estructurales compartidos con el conjunto europeo.
La economía funciona, pero el margen para mejoras sostenidas en renta per cápita y productividad sigue siendo reducido sin reformas de fondo.
Conclusión
La economía europea ha aprendido a convivir con el crecimiento débil. Esta capacidad de adaptación ha evitado crisis recurrentes, pero también ha normalizado un modelo que avanza lentamente.
Mientras no se aborden las causas estructurales que limitan el crecimiento potencial, la economía del “mientras tanto” seguirá funcionando, pero sin resolver el desafío central de largo plazo: cómo crecer de forma sostenida en un entorno cada vez más competitivo.
Referencias
European Commission. (2024). European economic forecast. Brussels.
International Monetary Fund. (2024). World economic outlook. Washington, DC.
OECD. (2023). Economic outlook. Paris.
Summers, L. H. (2014). U.S. economic prospects: Secular stagnation. Brookings Institution.
World Bank. (2023). Global economic prospects. Washington, DC.
