Durante los últimos años, una parte significativa de la política económica en las economías avanzadas ha girado en torno a un objetivo central: preservar la estabilidad. Estabilidad de ingresos, de empleo, de precios relativos y de cohesión social. Sin embargo, este énfasis convive con una realidad cada vez más visible: el crecimiento económico estructural se ha debilitado.
Este contraste ha dado lugar a un dilema que rara vez se formula de manera explícita. ¿Es posible sostener estabilidad económica y social sin resolver los problemas de crecimiento subyacentes?
Qué se entiende por estabilidad económica
La estabilidad económica suele asociarse a la ausencia de crisis visibles. Inflación controlada, desempleo contenido, sistemas de protección social funcionando y mercados financieros relativamente calmados.
Para lograrlo, los gobiernos recurren a una combinación de transferencias, subsidios, regulación y gasto público. Estas herramientas pueden ser eficaces para amortiguar shocks y evitar ajustes abruptos, especialmente en el corto plazo.
Sin embargo, la estabilidad no es un estado permanente, sino un resultado dependiente de recursos reales. Sin crecimiento suficiente, mantenerla se vuelve progresivamente más costoso.
El crecimiento como condición silenciosa
El crecimiento económico cumple una función menos visible pero fundamental. Permite aumentar ingresos fiscales sin subir impuestos, financiar el Estado del bienestar y absorber tensiones distributivas.
Cuando el crecimiento se debilita, la política económica pierde grados de libertad. La redistribución deja de apoyarse en la expansión de la base económica y pasa a depender de deuda, presión fiscal o reasignaciones internas cada vez más conflictivas.
Este cambio transforma problemas económicos en conflictos políticos.
El uso del gasto como sustituto del crecimiento
Ante la dificultad de impulsar reformas estructurales complejas, muchos gobiernos optan por utilizar el gasto público como herramienta principal para sostener estabilidad.
Esta estrategia puede ser eficaz de forma transitoria, pero introduce una dependencia creciente de déficits y endeudamiento. En un entorno de tipos de interés más altos, esta dependencia se traduce en mayores costes financieros y menor margen de maniobra.
El gasto puede comprar tiempo, pero no sustituye al crecimiento.
Demografía y presión estructural
El envejecimiento demográfico intensifica este dilema. Aumenta el gasto en pensiones, sanidad y cuidados, mientras reduce la población activa y el crecimiento potencial.
En este contexto, prometer estabilidad sin abordar los límites demográficos implica comprometer recursos futuros cada vez más escasos. La tensión entre compromisos presentes y capacidad económica futura se vuelve estructural.
Incentivos políticos y horizonte temporal
La política opera con horizontes temporales cortos. Los beneficios de la estabilidad son inmediatos y visibles, mientras que los costes de un menor crecimiento se materializan gradualmente.
Este desajuste temporal incentiva decisiones que priorizan el corto plazo, incluso cuando deterioran la capacidad de crecimiento a medio y largo plazo. El resultado es una acumulación silenciosa de desequilibrios.
Mercados y señales de límite
Los mercados financieros tienden a reaccionar cuando este equilibrio se vuelve insostenible. Aumento de primas de riesgo, encarecimiento de la financiación o menor inversión reflejan una evaluación implícita de las perspectivas de crecimiento.
Estas señales no eliminan el dilema, pero lo hacen más visible. Cuando aparecen, el ajuste suele ser más costoso y menos gradual.
Implicaciones para Europa y España
En Europa y en España, este dilema es especialmente relevante. Crecimiento moderado, elevada deuda pública y presión demográfica reducen el margen para sostener estabilidad mediante gasto sin mejoras estructurales.
La dificultad no reside solo en diseñar políticas de crecimiento, sino en reconocer explícitamente el problema y asumir los costes políticos asociados a reformas complejas.
Conclusión
Prometer estabilidad sin crecimiento es una estrategia políticamente atractiva, pero económicamente frágil. La estabilidad requiere una base productiva dinámica que la sostenga en el tiempo.
Ignorar esta relación no elimina el dilema, solo lo desplaza. A largo plazo, la capacidad de preservar estabilidad económica y social depende menos de promesas y más de resolver los problemas estructurales que limitan el crecimiento.
Referencias
International Monetary Fund. (2024). World economic outlook. Washington, DC.
OECD. (2023). Economic outlook. Paris.
European Commission. (2024). Ageing report. Brussels.
Blanchard, O. (2019). Public debt and low interest rates. American Economic Review.
World Bank. (2023). Global economic prospects. Washington, DC.
