El balance de la década | Fractura económica

9 años después del Brexit: ni colapso inmediato ni «tierras soleadas», solo una lenta y costosa asfixia económica

Casi una década después del referéndum que partió al Reino Unido en dos, el veredicto es demoledor. Los últimos estudios confirman que el divorcio de la UE ha recortado el PIB británico hasta un 8%, golpeando exportaciones e inversión con una fuerza que duplica las peores previsiones oficiales. Políticamente, el arrepentimiento crece, pero el "Bregret" sigue siendo un tema tabú en Westminster.

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Brexit 24h

Cada Navidad, los británicos sienten una punzada de nostalgia política extraña. Recuerdan las votaciones de infarto de Theresa May en 2018, la victoria aplastante de Boris Johnson en 2019 y aquel acuerdo comercial de 1.246 páginas publicado el «Boxing Day» de 2020, justo antes de que sonara la campana final del periodo de transición.

Han pasado cinco años desde ese acuerdo y casi diez desde que el Reino Unido votó «Leave». La pregunta es inevitable: ¿Cómo va el Brexit? La respuesta corta: mal. La respuesta larga es una historia de estancamiento crónico, oportunidades perdidas y una realidad económica que ha desmentido tanto a los profetas del apocalipsis inmediato como a los vendedores de humo de las «tierras altas soleadas».

El veredicto del «Doppelgänger»: Un Reino Unido 8% más pobre

En la antesala del referéndum de 2016, los economistas advirtieron de una recesión súbita. Cuando esta no llegó de golpe, los defensores del Brexit gritaron «Project Fear» (Proyecto Miedo). Pero el daño no fue un infarto, sino una enfermedad degenerativa.

Dos estudios recientes han puesto cifras a esta decadencia utilizando la técnica del «doppelgänger» (doble fantasmagórico). Este método crea una economía británica ficticia —una mezcla de EE. UU., Alemania, Nueva Zelanda y otros países— que imita el comportamiento del Reino Unido antes de 2016, para ver cómo le habría ido sin el Brexit.

Los resultados son escalofriantes:

  1. Estudio del Centre for European Reform (Junio 2025): Mientras el Reino Unido real creció un anémico 8% desde el referéndum hasta 2023, su «doble» creció un 14%. El Brexit ha costado 6 puntos de crecimiento.
  2. Estudio del NBER (Diciembre 2025): Aún más pesimista, estima que para 2025 el PIB británico es entre un 6% y un 8% más pequeño de lo que debería ser.

Estas cifras hacen que las predicciones originales de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), que auguraba una caída del 4%, parezcan ahora optimistas. En términos de bolsillo, esto se traduce en una pérdida de 4.000 libras por hogar y un agujero fiscal de 40.000 a 80.000 millones de libras al año.

La doble pinza: Comercio roto e inversión congelada

¿De dónde viene este agujero? La respuesta intuitiva es el comercio, y los datos lo confirman. Las exportaciones totales del Reino Unido han caído un 15% en comparación con su «doble». Curiosamente, las exportaciones han caído tanto hacia la UE como hacia el resto del mundo. Esto sugiere que el Brexit no solo levantó barreras con Europa, sino que encareció toda la cadena de suministro británica, haciendo que los productos Made in UK sean menos competitivos globalmente.

Pero el daño más insidioso ha sido en la inversión. Desde 2016, la inversión empresarial privada se estancó por completo debido a la incertidumbre. Según los estudios, ha caído un 10% respecto a la tendencia esperada.

Solo en el último año hemos visto un tímido repunte, pero la «década perdida» de inversión ha lastrado la productividad británica, condenando al país a salarios estancados y servicios públicos infra financiados.

El «Bregret» silencioso: La política del avestruz

Si los datos económicos son malos, el clima político es depresivo. Según las últimas encuestas de YouGov:

  • El 61% de los británicos cree que el Brexit ha sido un fracaso.
  • Solo un 13% lo considera un éxito.
  • El 56% piensa que fue un error votar por irse.

Sin embargo, en Westminster reina un silencio ensordecedor. El Brexit es «el perro que no ladra». El Partido Laborista de Keir Starmer, ahora en el poder, tiene pánico a reabrir viejas heridas electorales y se niega a hablar de reingreso o mercado único. Nigel Farage, el arquitecto del caos a quien dos tercios del país culpan, sigue siendo políticamente relevante sin pagar coste electoral alguno.

La realidad política es un callejón sin salida: Bruselas, cicatrizada por años de negociaciones tóxicas, no tiene apetito de reabrir el melón, y Londres no tiene el capital político para pedirlo.

La gravedad económica vs. La parálisis política

El Reino Unido se encuentra atrapado en una trampa de su propia creación. Económicamente, necesita desesperadamente acercarse a su mayor mercado vecino para reactivar el crecimiento. Políticamente, nadie se atreve a sugerirlo.

Pero la gravedad económica es implacable. Si el crecimiento sigue siendo anémico y el arrepentimiento público continúa aumentando, es posible que Starmer o su sucesor se vean obligados a mirar a los ojos a la realidad y admitir lo que los gráficos del «doppelgänger» llevan años gritando: el Brexit ha hecho al Reino Unido más pobre, más aislado y, irónicamente, menos soberano sobre su propio destino económico.