Dilema en Bruselas | La factura de la guerra

Porque la UE renunció a confiscar el «tesoro» de Putin y condenó a Europa a una deuda histórica

El pánico legal y la negativa de Bélgica frenan la incautación de 210.000 millones de euros en activos rusos. Ante la asfixia financiera de Ucrania y el abandono de EE. UU., los líderes europeos optan por la "huida hacia adelante": emitir otros 90.000 millones en deuda conjunta, empujando al bloque hacia un futuro federal irreversible.

Putin
Putin 24h

La cumbre del Consejo Europeo del pasado jueves estaba llamada a ser el momento en que Europa enseñara los dientes. En su lugar, enseñó la tarjeta de crédito. En una reunión que los diplomáticos describen como «decepcionante incluso para los estándares europeos», los líderes de los 27 no solo confirmaron un nuevo retraso en el acuerdo comercial con Mercosur, sino que admitieron su fracaso en el objetivo más crucial del año: no han logrado ponerse de acuerdo para confiscar los activos rusos congelados.

La decisión tiene consecuencias sísmicas. Al renunciar a utilizar los 210.000 millones de euros del Banco Central de Rusia que duermen en las cámaras de seguridad europeas, la UE ha tenido que recurrir al único plan B que le quedaba: más deuda.

Europa ha acordado endeudarse conjuntamente por valor de 90.000 millones de euros adicionales para mantener a Kiev con vida. Es una decisión que salva el presente, pero hipoteca el futuro, y que revela el profundo temor que recorre las capitales europeas: el miedo a que tocar el dinero de Moscú destruya la credibilidad del euro para siempre.

Ucrania en números rojos: El reloj del colapso

Para entender la desesperación de este movimiento, hay que mirar el balance contable de Ucrania. Las noticias que llegan desde el frente financiero son tan malas como las del frente militar.

Donald Trump ha cerrado el grifo de la ayuda estadounidense. La ayuda europea lleva cayendo en picado desde mediados de 2025. Y lo más grave: los mercados internacionales de bonos han colgado el cartel de «cerrado» para Kiev. Nadie presta dinero a un país en guerra sin garantías.

Las estimaciones más optimistas sugieren que Ucrania se quedará sin efectivo en el segundo trimestre del próximo año. La Comisión Europea calcula que el país necesita una inyección de 135.000 millones de euros solo para sobrevivir 2026 y 2027. Y esa cifra asume, con bastante ingenuidad, que la guerra terminará a finales de 2026.

Ante este agujero negro financiero de cientos de miles de millones, los ojos de todos se posaron en la única hucha llena disponible: los activos congelados a Rusia.

El Tesoro de Euroclear: 210.000 millones intocables

Desde la invasión a gran escala, Occidente inmovilizó unos 300.000 millones de euros en activos soberanos rusos. La inmensa mayoría, unos 210.000 millones, están en la Unión Europea. Y para ser más precisos, 185.000 millones descansan en un solo lugar: las cuentas de Euroclear, un depositario central de valores con sede en Bélgica.

Hasta ahora, la UE se había limitado a «desnatar» los beneficios. Es decir, coger los intereses que generaba ese dinero (unos 3.000 o 4.000 millones al año) y enviarlos a Ucrania. Pero el capital principal seguía intacto. ¿Por qué no cogerlo todo?

Aquí es donde la Realpolitik choca con el deseo de justicia.

  1. La barrera legal: Euroclear está obligada contractualmente a custodiar esos activos. Apropiarse de ellos viola el derecho internacional básico de propiedad soberana.
  2. El miedo al «Efecto dólar»: Europa lleva años intentando vender el euro como una moneda de reserva segura, una alternativa al dólar (especialmente ahora que las políticas de Trump debilitan al billete verde). Si la UE confisca activos extranjeros arbitrariamente, el mensaje a China, Arabia Saudí o Brasil es claro: «Vuestro dinero no está seguro aquí». Eso podría provocar una fuga de capitales devastadora.

El «No» de Bélgica y la pesadilla legal

El obstáculo final, sin embargo, ha sido geográfico. Bélgica se ha plantado.

El gobierno belga miró los números y sintió vértigo. El PIB de Bélgica es de unos 600.000 millones de euros. Los activos rusos en su territorio suman 185.000 millones. Si Bruselas daba la orden de confiscar ese dinero y Rusia, años después, ganaba un juicio internacional exigiendo la devolución, la deuda recaería sobre el estado belga, llevándolo técnicamente a la quiebra.

Para intentar calmar a los belgas, la Comisión Europea inventó una ingeniería financiera creativa llamada «Préstamo de Reparaciones». El plan era el siguiente: la UE no confiscaría el dinero per se. En su lugar, pediría prestado ese importe a Euroclear y se lo daría a Ucrania. Ucrania solo tendría que devolverlo si Rusia pagaba reparaciones de guerra. Si Rusia no pagaba (que no lo hará), el préstamo se cubriría… de alguna manera futura.

Era un truco de magia contable para usar el dinero sin robarlo técnicamente. Pero fracasó por dos razones:

  1. Demandas en Moscú: Días antes de la cumbre, Rusia presentó una demanda contra Euroclear en tribunales rusos. Aunque no tienen jurisdicción internacional, asustó a los inversores y accionistas del depositario.
  2. Falta de garantías: Cuando la Comisión pidió a los estados miembros ricos (Alemania, Francia) que avalaran la operación por si algo salía mal, se hizo el silencio. Nadie quería poner su firma en un cheque en blanco de 200.000 millones.

La sombra de Trump y el Plan de Paz

Hay un tercer actor en esta sombra: Donald Trump. Su famoso «Plan de Paz de 28 puntos» para Ucrania cuenta con esos activos rusos. La idea de Trump es utilizarlos como palanca de negociación o para financiar una reconstrucción liderada por empresas estadounidenses después de la guerra.

Si la UE gastaba el dinero ahora, dejaba a Trump sin una de sus cartas favoritas para negociar con Putin. Y en el clima actual, enfadar al presidente de EE. UU. es algo que Bruselas intenta evitar a toda costa, incluso si eso significa endeudarse hasta las cejas.

El nacimiento de los «Estados Unidos de Europa» (por accidente)

El resultado de este fracaso es la emisión de 90.000 millones de euros en deuda conjunta.

Puede parecer una solución técnica, pero es una revolución política encubierta. Antes de la pandemia, la deuda conjunta de la UE era prácticamente cero. Hoy, supera los 700.000 millones de euros. Y sigue subiendo.

La historia nos enseña que así es como nacen las federaciones. Alexander Hamilton creó los Estados Unidos federalizando la deuda de los estados tras la Guerra de Independencia. Europa está haciendo lo mismo, no por convicción, sino por crisis.

Al emitir deuda que vencerá en décadas, la UE se obliga a sí misma a existir y a tener poderes fiscales para devolverla. Sin embargo, la grieta ya es visible: Hungría, Eslovaquia y la República Checa han anunciado que no participarán en el repago de estos nuevos 90.000 millones, creando un peligroso precedente de «deuda a la carta».

La UE ha comprado tiempo para Ucrania, pero el precio ha sido alto. Ha protegido el dinero de Putin por miedo a los mercados, y a cambio, ha cargado sobre los hombros de los contribuyentes europeos una deuda que pagarán sus nietos. La fortaleza financiera de Europa se mantiene intacta hoy, pero sus cimientos políticos son cada vez más frágiles.