Un niño en sus primeros años es un predictor poderoso de su éxito futuro

Invertir en la infancia: la prosperidad económica futura

La discusión económica global suele centrarse en las tasas de interés, la inflación o los mercados bursátiles, ignorando a menudo el cimiento real sobre el que se construyen las economías sólidas: la educación en los primeros años de vida.

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En marzo de 2025, la Cumbre Internacional sobre la Profesión Docente (ISTP) reunirá a líderes mundiales para abordar una brecha crítica que se está ampliando peligrosamente en muchas partes del mundo: la desconexión entre lo que los sistemas educativos ofrecen y lo que las economías modernas demandan. El informe más reciente de la OCDE, preparado para esta cumbre, revela que la Educación y Cuidados de la Primera Infancia (ECEC) no es solo una cuestión de política social, sino una estrategia económica de primer orden para garantizar la prosperidad a largo plazo.

La rentabilidad económica de comenzar fuerte

Para un gobierno que busque una sociedad equitativa y una economía robusta, ignorar la inversión en los primeros años es un error de cálculo financiero. Los datos son contundentes al demostrar que la trayectoria de desarrollo de un niño en sus primeros años es un predictor poderoso de su éxito futuro en el trabajo y el bienestar. A pesar de esta evidencia, los gobiernos de los países de la OCDE gastaron en promedio solo un 0,8% de su PIB en ECEC en 2021, una cifra que contrasta con los altos retornos que esta inversión genera. Países como los nórdicos han entendido esta ecuación mejor que nadie, destinando hasta el 1,8% del PIB en casos como el de Islandia.

La lógica económica detrás de esta inversión se basa en el concepto de que las habilidades generan habilidades. El aprendizaje temprano actúa como un cimiento que, una vez consolidado, facilita la adquisición de competencias más complejas durante la adolescencia y la vida adulta. Por el contrario, intentar corregir un mal comienzo en edades avanzadas es complejo, costoso y tiene tasas de éxito limitadas. El impacto es medible incluso años después: los estudiantes de 15 años que asistieron a programas de educación temprana de calidad durante más de dos años tienden a obtener mejores puntuaciones en matemáticas en las pruebas PISA. Esto se traduce directamente en una fuerza laboral más cualificada y productiva, lo que impulsa el crecimiento económico general.

Desigualdad: el freno de mano del talento

El informe destaca un hallazgo alarmante para la economía del talento: si no se interviene, las brechas socioeconómicas se consolidan antes de que el niño pise una escuela primaria. A la edad de cinco años, los niños de entornos desfavorecidos ya tienen un retraso promedio de 12 meses en desarrollo de comportamiento prosocial y alfabetización emergente en comparación con sus pares más afortunados. Esta disparidad representa un desperdicio de capital humano enorme. Los niños vulnerables tienen más probabilidades de perderse una educación temprana de calidad debido a barreras culturales o costos inasequibles.

Desde una perspectiva de mercado laboral, esto es crítico. Los niños que se quedan atrás en estas etapas tempranas tienen más probabilidades de enfrentar dificultades académicas y sociales en la edad adulta, lo que limita sus perspectivas de empleo y sus ingresos futuros. La falta de acceso equitativo a la educación temprana perpetúa un ciclo de desigualdad que lastra la cohesión social y la eficiencia económica. Para mitigar esto, la OCDE propone una hoja de ruta que combina enfoques universales con políticas dirigidas específicamente a los más vulnerables, asegurando que el origen familiar no determine el destino económico de una persona.

El juego como incubadora de emprendedores

A menudo se subestima el juego como una actividad recreativa sin valor económico directo, pero el informe lo reivindica como un mecanismo esencial para el desarrollo de competencias clave en el siglo XXI. El juego permite a los niños desarrollar la imaginación (creatividad), habilidades de negociación y capacidades lingüísticas. Estas son precisamente las habilidades blandas que los emprendedores y líderes empresariales necesitan para innovar y gestionar equipos.

Sin embargo, existe una tendencia preocupante hacia la disminución del tiempo de juego debido al aumento del uso de pantallas y preocupaciones por la seguridad. Los niños mismos valoran el juego por encima de cualquier otra actividad, y aquellos que disfrutan de su aprendizaje temprano y tienen opciones sobre sus actividades tienden a desarrollar mejores habilidades cognitivas y socioemocionales. Fomentar entornos donde el juego sea central no es solo pedagógico, es una inversión en la futura capacidad de innovación del país.

Para sostener este sistema, es imperativo fortalecer la fuerza laboral del sector ECEC. Actualmente, el sector enfrenta una alta rotación de personal debido a bajos salarios y condiciones laborales precarias. Sin un personal motivado y bien formado, la calidad del servicio cae, y con ella, el potencial de desarrollo de los niños. Mejorar el liderazgo y la gestión en estos centros es vital para retener el talento que formará a las próximas generaciones.

La complejidad del cambio estructural

Al analizar las conclusiones presentadas para la Cumbre de 2025, se observa que el principal obstáculo para la reforma educativa no es la falta de ideas técnicas, sino la incapacidad de gestionar el cambio cultural y político. Las reformas suelen fracasar cuando se tratan como meros ajustes técnicos en lugar de transformaciones que requieren cambios en creencias y comportamientos. Existe una brecha temporal peligrosa entre los costos inmediatos de la reforma y sus beneficios a largo plazo, lo que hace que políticamente sea una tarea ingrata, ya que los frutos se recogen a menudo en ciclos electorales posteriores.

Desde una perspectiva analítica, el éxito de la implementación depende de construir una cultura compartida y comunicar claramente el «porqué» de la reforma para inspirar a los educadores y a la sociedad. Los líderes deben navegar una red compleja de intereses creados y alianzas ocultas que pueden bloquear el progreso si se percibe una pérdida de poder o estatus. La crisis, paradójicamente, puede ser un catalizador necesario para vencer la resistencia al cambio, como se vio con la adopción de tecnologías digitales durante la pandemia. La conclusión es clara: sin un liderazgo que gestione la «temperatura» del sistema y prepare a los actores para el desequilibrio, incluso las mejores políticas económicas y educativas están destinadas a estancarse.

A retener:

Al trasladar estos hallazgos al contexto español y europeo, el panorama presenta tanto ventajas competitivas como riesgos latentes que deben gestionarse con inteligencia.

En el caso de España, el país parte con una ventaja estructural significativa en el segundo ciclo de educación infantil. Las tasas de escolarización entre los 3 y los 6 años rozan el 100%, superando la media de la OCDE y garantizando una cobertura casi universal que el informe señala como un objetivo deseable. Esto proporciona una base sólida para la equidad educativa en esa franja de edad. Además, en la última década, España ha logrado aumentar la escolarización en el ciclo de 0 a 3 años hasta superar el 38%, situándose por encima de la media europea y de la OCDE. Este avance es crucial para permitir la conciliación laboral de las familias y fomentar la incorporación de la mujer al mercado laboral, un factor que el informe de la OCDE destaca como un beneficio económico directo de la ECEC.

Sin embargo, existen riesgos importantes que España debe evitar para capitalizar esta inversión. El principal desafío radica en la inversión por alumno y la calidad real del servicio. Aunque la cobertura es amplia, la inversión pública en protección a la infancia en relación al PIB (1,5%) sigue siendo baja comparada con la media de la UE (2,4%). Si la expansión de plazas de 0 a 3 años se realiza sacrificando la calidad o aumentando las ratios alumno-profesor más allá de lo pedagógicamente recomendable (aunque actualmente España mantiene ratios competitivas de alrededor de 11 alumnos por profesor en infantil), se corre el riesgo de que el impacto positivo en el desarrollo cognitivo se diluya.

Para Europa y España, la oportunidad de emprendimiento reside en la profesionalización del sector. Existe un nicho de mercado para empresas que ofrezcan soluciones educativas innovadoras que integren el juego y el desarrollo de habilidades blandas, alineándose con las recomendaciones del informe. Además, el enfoque en la diversidad y el multilingüismo es especialmente relevante para España debido a su realidad autonómica y a la creciente población migrante. Aprovechar esta diversidad cultural en las aulas desde edades tempranas puede convertirse en un activo para una economía globalizada, siempre que se dote a los docentes de las herramientas necesarias para gestionar aulas heterogéneas. La clave estará en utilizar los fondos europeos y nacionales no solo para construir infraestructuras («ladrillo»), sino para mejorar las condiciones y formación del capital humano que atiende a la infancia («talento»), asegurando así que el sistema educativo sea un verdadero motor de equidad y emprendimiento futuro.

Referencias:

OECD (2025), Quality Early Childhood Education: The Key to Prosperity and Well-Being, International Summit on the Teaching Profession, OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/cd5ca149-en.