GEOPOLÍTICA / ASIA CENTRAL

La propuesta de una “Unión Centroasiática”, el nuevo bloque regional

El presidente uzbeko Shavkat Mirziyóyev plantea crear la Comunidad de Asia Central, un organismo que integraría a las cinco repúblicas exsoviéticas y a Azerbaiyán, con ambiciones económicas, políticas y energéticas que recuerdan a los primeros pasos de la Unión Europea.

Asia Central
Asia Central 24h

Un proyecto que toma forma en un momento de cambio estratégico

La cumbre celebrada en Taskent este pasado fin de semana ha dejado una de las iniciativas geopolíticas más ambiciosas surgidas en décadas en Asia Central. El presidente uzbeko, Shavkat Mirziyóyev, propuso constituir la Comunidad de Asia Central, un nuevo bloque regional que integraría a Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán, además de Azerbaiyán como miembro de pleno derecho.

La propuesta no es una declaración simbólica: plantea una estructura institucional, metas económicas y mecanismos de coordinación política que recuerdan notablemente a los primeros pasos de la Unión Europea. La región, tradicionalmente fragmentada, busca ahora pasar a una fase de integración sostenida en comercio, energía y diplomacia.

De los primeros encuentros informales a una arquitectura regional

La idea de celebrar reuniones regulares entre los líderes centroasiáticos surgió en 2017 en el marco de la Asamblea General de la ONU. Desde entonces, las cumbres anuales del llamado formato C5 (Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán) se han consolidado como un foro para rebajar tensiones y mejorar la cooperación en sectores clave, especialmente el energético y el hídrico.

En este tiempo, la región ha pasado de una dinámica reactiva —marcada por disputas fronterizas, tensiones por el agua y falta de coordinación— a una visión más integradora. El comercio intrarregional se ha duplicado desde 2017, las infraestructuras compartidas empiezan a desarrollarse y la idea de un espacio económico común deja de ser una quimera para convertirse en un objetivo articulado.

La incorporación de Azerbaiyán al formato, primero como invitado y ahora como miembro pleno, abre además una dimensión estratégica: el acceso directo al corredor transcaspiano y al llamado Middle Corridor, la ruta comercial que conecta China con Europa evitando Rusia y el canal de Suez.

El plan: una estructura de integración inspirada en modelos europeos

La Comunidad de Asia Central aspira a crear un marco de cooperación estable y permanente. El borrador avanzado por Taskent prevé varios elementos institucionales:
— un secretariado rotatorio, que funcionaría de forma similar a la presidencia rotativa del Consejo de la UE;
— un Consejo de Ancianos, compuesto por figuras regionales para asuntos culturales y humanitarios;
enviados presidenciales especiales, encargados de coordinar transporte, seguridad, energía, agua y comercio.

En paralelo, la propuesta incluye un programa de comercio regional a 2035, un espacio común de inversiones, cooperación en grandes corredores ferroviarios (como el China–Kirguistán–Uzbekistán) y proyectos de gestión del agua que intentan atajar uno de los problemas estructurales más graves de la región.

El objetivo declarado por Mirziyóyev es crear un “único espacio geopolítico y geoeconómico”, lo que supone un salto cualitativo respecto a los encuentros anteriores.

Una región rica en recursos, población creciente y creciente interés internacional

La apuesta por la integración responde también a una lógica económica y estratégica: Asia Central se ha convertido en un punto de interés para Estados Unidos, China y la Unión Europea por su abundancia de uranio, gas, tierras raras y litio, así como por su papel en nuevas rutas comerciales.

El PIB agregado de la región se ha multiplicado por dos desde 2017, y sus 80 millones de habitantes podrían superar los 100 millones en 2050. La demografía, favorable frente al envejecimiento de Europa o China, ofrece una ventana de oportunidad que los gobiernos quieren aprovechar mediante un mercado regional integrado.

Además, una voz conjunta daría a la región mucho más peso en las negociaciones con potencias externas. La visita de los cinco líderes centroasiáticos a Washington el mes pasado lo dejó claro: juntos pueden negociar condiciones más ventajosas para atraer inversiones, especialmente en minería estratégica.

Los obstáculos: fronteras, rivalidades históricas y el desafío afgano

Pese al entusiasmo, el camino hacia una integración profunda no está libre de tensiones. Las fronteras internas heredadas del periodo soviético dividieron territorios étnicamente mezclados, lo que durante décadas generó enfrentamientos entre agricultores, comunidades y gobiernos.

Kirguistán y Tayikistán protagonizaron enfrentamientos armados tan recientes como 2022, y aunque la frontera se ha delimitado este año, las desconfianzas permanecen.

Tampoco existe una postura común respecto a Afganistán. Su canal Kosh-Tepa, que estará operativo en 2028, amenaza con desviar un tercio del caudal del río Amu Daria, fundamental para regar amplias zonas en Uzbekistán y Turkmenistán. Integrar a Afganistán en debates regionales, aunque sea como invitado, podría convertirse en un punto crítico de la agenda.

¿Puede funcionar una “UE centroasiática”?

El proyecto parte con impulso político y un contexto económico favorable, pero su éxito dependerá de varios factores:
— La capacidad real de los países de ceder parte de su autonomía en comercio, seguridad o inversión.
— La gestión de las tensiones históricas por agua y fronteras.
— La estabilidad de los gobiernos en una región donde algunas repúblicas presentan altos niveles de autoritarismo.
— La habilidad de equilibrar las influencias de China, Rusia, Turquía, Estados Unidos y la UE.

A diferencia de la Unión Europea, esta comunidad nacería en un entorno menos democrático, más autoritario y con rivalidades aún activas. Aun así, el potencial económico es enorme y la voluntad política parece mayor que en cualquier otro periodo desde la independencia en 1991.

Un proyecto que podría redefinir el mapa euroasiático

Si la Comunidad de Asia Central termina tomando forma, la región podría convertirse en un bloque estratégico clave entre Europa, China, Rusia y Oriente Medio.
Sería, en esencia, el mayor intento de integración supranacional en un espacio exsoviético ajeno al control directo de Moscú.
Y, a diferencia de otras propuestas regionales, esta nace con objetivos concretos, un calendario aproximado y una visión que combina comercio, energía, agua, cultura y geopolítica.

Asia Central, tradicionalmente vista como un corredor o un tablero ajeno, aspira por primera vez en décadas a actuar como un bloque propio. Y ese cambio —si llega a consolidarse— podría modificar de forma profunda el equilibrio del continente.