UNIÓN EUROPEA / AMPLIACIÓN

Por qué Albania será casi con total seguridad el próximo miembro de la Unión Europea

Tras años de bloqueo, Tirana avanza a un ritmo sin precedentes: abre su quinto y último capítulo de negociación y se coloca como el candidato mejor posicionado para romper la fatiga ampliadora de Bruselas.

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Albania 24h

Un giro inesperado en el tablero de la ampliación europea

Durante más de una década, Albania ha sido uno de esos candidatos a la UE que parecían eternos: siempre en fase preparatoria, siempre pendiente de reformas, siempre a la sombra de la política interior europea.
Pero en los últimos dos años todo ha cambiado. Desde que oficialmente se iniciaron las negociaciones de adhesión en 2024, el país ha desencadenado una velocidad diplomática sin precedentes en los Balcanes.

Albania ha conseguido abrir los cinco clústeres de negociación —que agrupan los 33 capítulos del acquis comunitario— en poco más de un año. Un hito histórico si se compara, por ejemplo, con Montenegro, que tardó más de una década en alcanzar el mismo punto.
Este ritmo acelerado, reconocido por Bruselas, coloca a Albania como el candidato claramente favorito para convertirse en el próximo Estado miembro.

De país aislado a firme candidato: el viraje de Tirana

Para entender este avance es necesario recordar que Albania vivió una de las dictaduras comunistas más herméticas del siglo XX, lo que dejó al país profundamente atrasado y desconectado del continente.
Sin embargo, desde los años 2000 Albania ha sido uno de los países más a favor de Europa del continente, con un apoyo ciudadano cercano al 90%, el más alto de los Balcanes.

Edi Rama, primer ministro desde 2013 y figura central en esta transformación, ha convertido la adhesión a la UE en la columna vertebral de su proyecto político. Su gobierno ha puesto en marcha una reforma judicial profunda, campañas anticorrupción, depuración del sistema policial y un alineamiento férreo con la política exterior europea.

Y Bruselas lo ha notado.

Superar el estigma: crimen organizado, corrupción y reticencias europeas

Durante años, Albania arrastró una imagen difícil de superar: la presencia de redes criminales albanesas en Europa, y la infiltración de estos grupos en la vida política y económica del país.
Esto generó grandes reticencias en países como Francia y Países Bajos, que vetaron varias veces los avances de Tirana.

La creación en 2019 de la agencia anticorrupción SPAK, con autonomía real, ha sido clave. Por primera vez, altos cargos del gobierno, jueces y empresarios poderosos han sido imputados o investigados.
La percepción interna y externa sobre el estado de derecho ha mejorado, aunque aún queda terreno por recorrer.

Este avance ha dado a Bruselas la confianza necesaria para desbloquear el proceso.

El factor geopolítico: Albania como socio fiable en un tablero europeo convulso

La guerra en Ucrania, el creciente peso de Rusia en Serbia y el temor a un vacío de poder en los Balcanes han cambiado las prioridades de la UE. Bruselas busca socios alineados y estables.

En ese contexto, Albania se ha convertido en un aliado ideal:
— apoya todas las sanciones europeas contra Moscú;
— coopera estrechamente con la OTAN;
— evita las ambigüedades que sí mantiene Serbia;
— impulsa políticas migratorias alineadas con Roma y Bruselas.

Incluso intentó, junto a Italia, un polémico acuerdo por el cual Albania procesaría solicitudes de asilo de migrantes rescatados en aguas italianas. Aunque el acuerdo se frenó judicialmente, Europa vio en ese gesto la voluntad de Albania de comportarse ya como un Estado miembro.

La «diplomacia Rama»: humor, cercanía y un aliado inesperado

Edi Rama ha jugado además una carta poco habitual en la política balcánica: la del encanto político y la cercanía personal con los líderes europeos.
Sus apariciones con deportivas blancas, sus bromas en las cumbres o su apoyo sin reservas a Italia han mejorado notablemente su imagen exterior.

Rama ha logrado tejer una red de aliados en Roma, París y Bruselas, lo que ha contribuido a que Albania deje de ser vista como un “candidato problemático” para convertirse en un “candidato manejable”.

Incluso ha recurrido a la tecnología para acelerar el proceso: utilizó IA para traducir cientos de miles de páginas del acervo comunitario y detectar rápidamente qué leyes albanesas debían reformarse.

Los obstáculos que aún pueden frenar la adhesión

Aunque Albania avanza en tiempo récord, el camino no está despejado:

— La corrupción sigue siendo un problema estructural

A pesar de los avances judiciales, los últimos meses han visto una oleada de casos que afectan a figuras muy cercanas al gobierno. Alcaldes, diputados e incluso la viceprimera ministra han sido investigados.
Toda esta presión interna puede generar inestabilidad política, justo cuando el país necesita demostrar consistencia ante Bruselas.

— El debate interno en la UE

La ampliación requiere unanimidad. Y varios países siguen poniendo objeciones técnicas:
— dudas sobre la capacidad administrativa;
— temores al impacto migratorio;
— debates sobre cómo integrar nuevos Estados sin reformar las instituciones.

Ante estas dudas, ha surgido la idea de una Europa de dos velocidades, en la que nuevos miembros entren sin derecho de veto ni voto pleno.
Albania, pragmática, ha dicho que aceptaría esa fórmula.

— La cuestión macedonia

Aunque Albania ya no está vinculada formalmente al progreso de Macedonia del Norte, cualquier crisis en los Balcanes puede contagiarse fácilmente.
Si Skopie se estanca, Belgrado se tensiona o Kosovo vive un nuevo conflicto, Bruselas puede volver a pisar el freno.

El país que puede romper la “fatiga ampliadora”

Aun con estas dificultades, Albania se ha convertido en el candidato que mejor encaja en el momento actual de la Unión Europea:
— alineado con la política exterior comunitaria,
— comprometido con reformas internas,
— políticamente estable,
— y con un gobierno que no genera tensiones entre los Estados miembros.

Si Bruselas quiere enviar un mensaje de compromiso a los Balcanes y al mismo tiempo evitar un proceso conflictivo como el de otros países, Albania es la opción más fácil.

Con el 2030 como horizonte realista, el país podría convertirse en el próximo miembro de la Unión Europea, abriendo así una nueva etapa en la política de ampliación europea.