Un mercado laboral que se enfría: el Reino Unido encadena pérdidas de empleo y eleva el paro al 5%
Los últimos datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística británica (ONS) han confirmado lo que los analistas venían anticipando desde principios de año: la crisis laboral del Reino Unido no sólo no remite, sino que se intensifica.
Entre agosto y septiembre, el país perdió 32.000 empleados con nómina, una cifra muy superior a los 3.000 esperados. Esta caída ha empujado la tasa de desempleo hasta el 5%, frente al 4,8% del mes anterior, su nivel más alto —sin contar el periodo pandémico— desde 2016.
La fotografía no mejora al ampliar el horizonte. En los últimos doce meses, la economía británica ha destruido 117.000 empleos, confirmando que el deterioro del mercado laboral no es coyuntural, sino una tendencia instalada desde mediados de 2022.
Aunque la economía del Reino Unido ya mostraba un deterioro previo, la llegada del Gobierno laborista ha coincidido con una aceleración del desempleo: el paro aumentó un 0,6% entre 2022 y 2024, pero en el último año ha subido un 0,7% adicional.
Un impacto desigual: el desempleo crece entre los hombres jóvenes
El nuevo repunte del paro no afecta por igual a toda la población. Según la ONS, el aumento se explica exclusivamente por la subida del desempleo masculino. La tasa femenina permanece relativamente estable desde abril.
La diferencia se acentúa entre los jóvenes:
- Hombres de 18 a 24 años: el paro sube del 13,8% al 15%;
- Mujeres del mismo tramo: baja del 11,9% al 10,1%.
No existe aún una explicación concluyente, pero sí indicios de cambios sectoriales, empleos más volátiles en profesiones masculinizadas y una recuperación desigual tras el impacto de la pandemia.
Una economía con menos vacantes: mínimos desde 2015
Como agravante, la posibilidad de encontrar un nuevo empleo es cada vez más difícil. El número de vacantes ha caído de manera sostenida desde 2021 y ahora se sitúa en su nivel más bajo en una década, descontando el periodo excepcional del covid.
La escasez de ofertas revela que las empresas están conteniendo contrataciones ante:
- la incertidumbre económica,
- la inflación persistentemente elevada,
- y el encarecimiento del crédito tras dos años de tipos restrictivos.
Este clima retrae la creación de empleo y alimenta una espiral de debilitamiento del mercado laboral.
La otra cara de la crisis: millones de británicos fuera del mercado laboral
Si bien la cifra oficial de paro ya es preocupante, muchos economistas advierten de que subestima la magnitud real del problema.
Esto se debe a que solo se considera desempleado a quien busca activamente trabajo. En cambio, más de 3,2 millones de personas en edad laboral están clasificadas como “inactivas” por enfermedad de larga duración, un número que se ha disparado desde la pandemia tras quince años de descenso continuado.
El aumento afecta de forma notable a jóvenes entre 16 y 24 años, con cifras récord de personas que alegan depresión, ansiedad u otros trastornos debilitantes.
Lo más llamativo es que esta tendencia es única en el mundo desarrollado: prácticamente todos los países del G7 han reducido la inactividad respecto a niveles prepandemia, salvo el Reino Unido. El único caso comparable es Estados Unidos, donde la falta de sanidad pública obliga a muchos trabajadores a dejar sus empleos por enfermedad o por dedicarse al cuidado de familiares.
Este ascenso de la inactividad está reduciendo la oferta laboral, ralentizando la recuperación económica e incrementando el gasto en prestaciones sociales.
Inflación elevada y tipos altos: el Banco de Inglaterra no prevé aliviar la presión
A esta situación se suma otro factor que complica el panorama: la inflación británica se mantiene más alta que la de sus socios internacionales.
La tasa interanual se sitúa en el 3,8%, casi el doble del objetivo del 2% fijado por el Banco de Inglaterra (BoE). En los últimos meses, la evolución británica se ha separado tanto de la Unión Europea —que ya roza el 2%— como de Estados Unidos, pese a las presiones inflacionarias derivadas de los aranceles estadounidenses.
Que el Reino Unido registre una inflación persistentemente elevada significa una cosa: el BoE será extremadamente cauteloso a la hora de bajar los tipos de interés. Y sin recortes de tipos, la actividad empresarial seguirá debilitada, frenando aún más la creación de empleo.
En términos políticos, este choque entre paro creciente e inflación resistente —la clásica “estanflación suave”— es especialmente delicado para un Gobierno que prometía recuperación económica y estabilidad.
Un momento incómodo para las reformas laborales del Partido Laborista
El desempleo también choca de lleno con la agenda legislativa del Ejecutivo de Keir Starmer. En octubre de 2024, el Gobierno presentó su Proyecto de Derechos Laborales, uno de los pilares de su programa electoral, con medidas como:
- mayores protecciones frente al despido,
- ampliación de la baja por enfermedad y por duelo,
- prohibición de los contratos de cero horas,
- derecho condicionado al trabajo flexible.
Aunque estas reformas buscan mejorar la seguridad de los trabajadores, las patronales argumentan que podrían desincentivar las nuevas contrataciones, especialmente en un contexto de enfriamiento laboral.
El debate gana fuerza porque algunas medidas —como el aumento del salario mínimo y la subida de las cotizaciones empresariales— coinciden con el repunte del desempleo, alimentando la idea de que ciertas políticas del Gobierno podrían estar contribuyendo indirectamente a la pérdida de empleo.
El desgaste político se intensifica, además, tras la caída de Angela Rayner, una de las principales impulsoras del paquete legislativo.
Una crisis laboral con implicaciones más profundas
El deterioro del mercado de trabajo británico no es sólo un problema coyuntural. Es el síntoma de desafíos de fondo:
- una economía con baja productividad,
- una población laboral menguante,
- el impacto persistente de enfermedades crónicas,
- un tejido empresarial que no ha recuperado su dinamismo pre-pandemia.
Para el Gobierno laborista, esta crisis supone un doble riesgo: económico, por la pérdida de capacidad productiva, y político, por la erosión de confianza en su capacidad de gestionar la recuperación.
El Reino Unido entra en una fase de riesgo: más paro, menos actividad y una inflación que limita las soluciones
La combinación de paro en aumento, vacantes en descenso y una ola creciente de inactividad por enfermedad crea un escenario complejo. A corto plazo, es difícil que el desempleo retroceda sin una bajada de tipos que hoy parece improbable. Y a medio plazo, el deterioro de la salud pública y la menor participación laboral pueden convertirse en un lastre duradero para el crecimiento económico.
Para un Gobierno que llegó al poder prometiendo estabilidad y reconstrucción, el desafío no puede ser mayor: reactivar la economía sin disparar la inflación, proteger a los trabajadores sin frenar la contratación, y recuperar la confianza en un mercado laboral que hoy da señales de debilitamiento estructural.
