Subir los aranceles, ¿mejora o empeora?

La apuesta proteccionista: ¿por qué subir aranceles puede alejar la inversión industrial en lugar de atraerla?

En el actual panorama económico global, marcado por tensiones geopolíticas y crisis sucesivas, los aranceles (impuestos a la importación) han resurgido como una herramienta política prominente.

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Aranceles 24h

Gobiernos, notablemente la administración de Estados Unidos bajo la presidencia de Trump, han empleado o amenazado con aplicar aranceles de forma generalizada con el objetivo explícito de fomentar la producción nacional y atraer inversión extranjera directa (IED). La idea es simple: sin importar que se vuelva caro, las empresas extranjeras se verán forzadas a construir sus fábricas dentro del país protegido para atender a ese mercado. Sin embargo, un reciente estudio del BCE pone en duda la efectividad de esta estrategia, calificándola de «apuesta proteccionista». El informe, titulado «The protectionist gamble: how tariffs shape greenfield foreign direct investment» (La apuesta proteccionista, cómo los aranceles moldean la inversión extranjera directa greenfield), analiza si esta táctica realmente funciona, centrándose específicamente en la inversión greenfield (proyectos que crean nueva capacidad productiva).

El documento examina el periodo 2016-2023 con un marcado giro hacia el proteccionismo. Los resultados sugieren que, si bien la estrategia puede tener éxito en atraer ciertos tipos de inversión, fracasa estrepitosamente en el sector clave que los políticos dicen querer proteger, la manufactura. Para los inversores, empresarios y responsables políticos, comprender esta dinámica es crucial para navegar un mercado financiero y comercial cada vez más fragmentado.

¿Saltar la barrera o huir de los costes? Los dos efectos de la inversión

El impacto de los aranceles sobre la inversión extranjera no es claro, ya que la teoría económica predice dos efectos opuestos. Por un lado, existe el fenómeno conocido como «salto de aranceles». Este ocurre cuando una empresa, que previamente exportaba a un país, decide establecer producción localmente dentro de ese país para evitar pagar los nuevos y elevados impuestos de importación. Esta es una inversión «buscadora de mercado», donde la firma quiere seguir accediendo a los consumidores locales. Si este motivo domina, un aumento de aranceles debería, en teoría, incrementar la inversión extranjera directa.

Por otro lado, existe la inversión «buscadora de eficiencia». Muchas empresas modernas, especialmente en manufactura, operan mediante complejas cadenas de valor globales (redes de producción internacionales). Estas compañías importan componentes y materias primas de múltiples países para ensamblar un producto final. Para ellas, los aranceles no son solo una barrera al producto final, sino un aumento directo en sus costes de producción, ya que encarecen los insumos intermedios. Si este motivo domina, un aumento de aranceles desincentiva la inversión, haciendo que el país sea un lugar menos atractivo y más caro para producir. El estudio del BCE utiliza una metodología econométrica robusta, conocida como modelo de gravedad, para determinar cuál de estos dos efectos ha dominado en los últimos años.

El panorama general: los aranceles atraen inversión agregada

El primer hallazgo clave del análisis del BCE es que, a nivel agregado (mirando todos los sectores económicos juntos), el «salto de aranceles» parece ganar la partida. El estudio encuentra una asociación positiva entre los aumentos de aranceles y un incremento en el número total de proyectos de inversión extranjera en el país que impone la barrera. Esto sugiere que, en conjunto, las empresas responden a las barreras comerciales invirtiendo localmente.

Este efecto es particularmente fuerte cuando los aumentos de aranceles son de media y alta intensidad (es decir, cuando afectan a una gran cantidad de productos). Un aumento de alta intensidad, definido en el estudio como aquel que afecta a más de 1.541 productos en un año, llega a impulsar el número de proyectos de inversión greenfield anunciados en aproximadamente un 24 por ciento. Este resultado se complementa con un análisis de los datos de la OCDE sobre el stock de la IED (que incluye no solo proyectos nuevos, sino también fusiones y adquisiciones), donde también se observa un modesto efecto positivo, aunque los autores señalan que con esos datos es más difícil saber si se trata de nueva capacidad productiva real o solo de reestructuraciones financieras.

La paradoja manufacturera: el fracaso de la apuesta proteccionista

Aquí es donde la «apuesta proteccionista» se desmorona. El objetivo principal de los aranceles recientes ha sido revitalizar la industria manufacturera nacional. El estudio del BCE separa meticulosamente los proyectos de inversión cuya función principal es la manufactura del resto de proyectos (como ventas, servicios, logística o investigación). Los resultados de este análisis son radicalmente opuestos a los agregados. Cuando se aíslan los proyectos de manufactura, el efecto positivo desaparece.

Para aumentos de aranceles de baja o media intensidad, el impacto en la inversión manufacturera greenfield es estadísticamente insignificante. Peor aún, cuando se analizan los aumentos de alta intensidad (la misma categoría que disparaba la inversión agregada), el efecto se invierte y se vuelve fuertemente negativo. El estudio estima que un aumento de aranceles de alta intensidad reduce el número de nuevos proyectos de manufactura anunciados en aproximadamente un 21 por ciento. El contraste es notable, mientras los aranceles altos atraen inversión en general (un 24 por ciento más), simultáneamente expulsan la inversión productiva manufacturera (un 21 por ciento menos).

¿Por qué la industria huye del proteccionismo?

El análisis sectorial ofrece una explicación clara para esta paradoja, y sus conclusiones son vitales para entender los movimientos del mercado. La razón por la que la manufactura reacciona negativamente es que, en esta industria, domina la «búsqueda de eficiencia». Las fábricas modernas dependen de cadenas de valor globales, y los aranceles generalizados elevan el coste de los insumos intermedios, haciendo que la producción sea menos rentable y competitiva.

El estudio revela una heterogeneidad (diferencias) sustancial entre industrias. Los sectores que sí responden positivamente a los aranceles (experimentando el «salto de aranceles») tienden a ser aquellos orientados al consumidor final o que producen bienes finales. Ejemplos claros son los vehículos de motor, los ordenadores y los equipos eléctricos. En estos casos, las empresas establecen plantas de ensamblaje final para evitar el arancel sobre el coche o el ordenador terminado.

Por el contrario, las industrias que experimentan caídas en la inversión son típicamente industrias primarias o productoras de insumos intermedios. Además de sectores como la madera, los productos farmacéuticos, los productos de caucho y plástico, los metales fabricados y los productos de petróleo refinado, todos muestran una respuesta negativa a los aranceles. Estas industrias son la base de la cadena de suministro, y los aranceles simplemente aumentan sus costes operativos. La conclusión del estudio del BCE es inequívoca: usar aranceles como herramienta para impulsar la inversión manufacturera es una estrategia arriesgada que puede ser contraproducente. La apuesta proteccionista, concluyen, es poco probable que tenga éxito para atraer IED greenfield en manufactura.

Referencias:

The protectionist gamble: How tariffs shape greenfield foreign direct investment: No. 3144. (2025). En https://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/scpwps/ecb.wp3144~ab18c3e205.es.pdf?d477110704ad802feb6d3366f8a56ef6.