El documento del BCE demuestra que la clave para entender fenómenos como la inflación, el impacto de la política monetaria y las oportunidades de inversión reside en la heterogeneidad macroeconómica. Es decir, las enormes diferencias que existen en la riqueza, los ingresos y las deudas de los distintos hogares y empresas. El estudio argumenta que ignorar estas diferencias no solo es una simplificación, sino un error fundamental que puede llevar a predicciones y políticas equivocadas, especialmente en tiempos de grandes turbulencias económicas como los que hemos vivido recientemente.
Durante décadas, gran parte del análisis económico se basó en modelos de «agente representativo», que asumían que todos los hogares y empresas se comportaban de manera similar, como un gran promedio. Sin embargo, la crisis financiera de 2008 y la reciente crisis inflacionaria han demostrado que los promedios ocultan la verdad. El análisis del BCE adopta una visión más nueva y detallada, utilizando los llamados modelos HANK (modelos neokeynesianos con agentes heterogéneos), que reconocen una realidad simple: la gente y las empresas son fundamentalmente diferentes. Un hogar con grandes ahorros reacciona de manera muy distinta a un cambio en los tipos de interés que un hogar joven ahogado por una hipoteca, y el estudio del BCE se centra en cuantificar exactamente cómo estas diferencias alteran el panorama general.
¿A quién beneficia realmente la política monetaria?
Una de las preguntas centrales que aborda el BCE es una preocupación que ha dominado el debate público: si las políticas de dinero fácil, como los bajos tipos de interés o la compra de bonos (conocida como Quantitative Easing o QE), benefician desproporcionadamente a los ricos. La creencia popular es que, al inflar los precios de los activos (como acciones y bonos), estas políticas solo ayudan a quienes ya poseen riqueza. Sin embargo, los hallazgos de Lenza y Tristani desafían frontalmente esta narrativa. El estudio concluye que una política monetaria expansiva (una bajada de tipos o el QE) provoca, de hecho, una reducción temporal de la desigualdad en el consumo. Este hallazgo es crucial porque cambia el enfoque de cómo entendemos la transmisión de la política del banco central a la economía real.
La clave de esta conclusión radica en la diferencia entre los efectos directos e indirectos de la política monetaria. Los efectos directos, como los menores rendimientos de los ahorros o los mayores precios de los activos, sí tienden a beneficiar más a los hogares con mayor riqueza líquida. Sin embargo, estos hogares tienen una baja propensión marginal a consumir (gastan poco de cada euro adicional que ganan). Los efectos indirectos son mucho más potentes y operan a través del mercado laboral. Una política monetaria más laxa estimula la economía, lo que reduce el desempleo y aumenta los ingresos laborales. Estos efectos benefician de manera abrumadora a los hogares con poca riqueza líquida (a menudo llamados «hand-to-mouth» o que viven al día), quienes sí tienen una alta propensión a gastar ese ingreso extra. El resultado neto, según el BCE, es que el impulso al consumo de los hogares más modestos a través del empleo es más fuerte que el impulso al ahorro de los ricos, reduciendo así la brecha de consumo temporalmente.
Cuando las diferencias individuales sacuden la economía:
Aunque el estudio del BCE señala que, en «tiempos normales», tener en cuenta la heterogeneidad no cambia fundamentalmente las predicciones agregadas, existen situaciones específicas en las que estas diferencias se vuelven el factor dominante que explica la trayectoria de toda la economía. El análisis de estas excepciones es vital para entender las crisis recientes. La primera contingencia es la de los grandes shocks inflacionarios, como la reciente subida de precios postpandemia. Este episodio no fue solo una subida de precios, fue una masiva redistribución de la riqueza no intencionada. Los hogares más viejos y ricos, que poseían ahorros en activos nominales (como depósitos o bonos), vieron cómo la inflación devoraba el valor real de su riqueza. Por el contrario, los hogares más jóvenes y pobres, pero que estaban endeudados (especialmente con hipotecas a tipo fijo), vieron cómo el valor real de su deuda se reducía drásticamente.
Esta redistribución de riqueza de ahorradores a deudores tuvo un efecto agregado potente. Como los hogares más pobres y endeudados que se beneficiaron tienen una propensión a consumir mucho más alta que los hogares ricos que perdieron, el resultado neto fue un impulso al consumo agregado. Los economistas del BCE sugieren que esta dinámica, impulsada por la heterogeneidad, es una de las razones clave por las que el consumo se mantuvo sorprendentemente fuerte y la inflación fue mucho más persistente de lo que los modelos tradicionales habían pronosticado. La segunda contingencia es el aumento de la incertidumbre macroeconómica, como ocurre durante las recesiones. Cuando aumenta el riesgo de desempleo, los hogares, especialmente los de bajos ingresos, reaccionan aumentando drásticamente su ahorro por precaución (guardan dinero por miedo a perder su empleo). Este comportamiento (totalmente racional a nivel individual) crea un círculo vicioso a nivel macroeconómico, ya que, si todo el mundo deja de gastar por miedo, la demanda agregada se desploma, las empresas despiden a más gente y la recesión se agrava.
El factor olvidado: Las diferencias entre empresas y la inversión
El análisis del BCE no se detiene en los hogares, sino que también explora la heterogeneidad entre las empresas, un campo que, según los autores, tiene un enorme potencial para mejorar las previsiones económicas. El informe destaca que el uso de datos microeconómicos sobre los ingresos de las empresas (observando la distribución en lugar de solo el promedio) mejora significativamente la capacidad de pronosticar variables macroeconómicas clave. Esto sugiere que lo que le ocurre a un puñado de empresas grandes o a un sector específico puede tener más peso que un indicador agregado. Para los mercados financieros, esto es fundamental, ya que sugiere que las oportunidades de inversión pueden estar más ligadas a la dinámica de cómo la política monetaria afecta a distintos tipos de empresas.
Una de las tesis más interesantes que se desprenden del estudio es cómo la política monetaria puede influir en la productividad agregada a través de la heterogeneidad empresarial. En un escenario con restricciones de crédito, las empresas más productivas e innovadoras no son necesariamente las que más pueden invertir, sino aquellas que tienen más facilidad para obtener financiación. Una política monetaria expansiva, al relajar estas restricciones de crédito, puede permitir que sean las empresas realmente más productivas (que antes estaban limitadas) las que finalmente accedan a la inversión. Esto no solo aumenta su producción, sino que eleva la productividad media de toda la economía, generando un crecimiento más sólido. Para un inversor, identificar qué sectores o empresas de alta productividad están más restringidos financieramente podría revelar oportunidades significativas cuando el BCE decide relajar su política.
Referencias:
Heterogeneity in macroeconomics: No. 27. (2025). En https://www.ecb.europa.eu/pub/pdf/scpdps/ecb.dp27~47800dbf72.es.pdf?b653b91ae9b20220bd4b3c3def43083d.
