SISTEMA DE PENSIONES Y FINANZAS PÚBLICAS

La “hucha de las pensiones” encadena dos décadas de rentabilidades mínimas o negativas: España, a la cola de la OCDE

El Fondo de Reserva no logra superar la inflación en ningún periodo analizado y se sitúa entre los peor gestionados del mundo desarrollado. Su composición —casi totalmente basada en deuda pública española— explica el pobre desempeño.

Las pensiones
Las pensiones 24h

España lleva más de quince años sin obtener rendimientos reales positivos en su Fondo de Reserva de la Seguridad Social, la conocida hucha de las pensiones. Según el informe Pension Markets in Focus 2025, publicado por la OCDE, se trata del segundo fondo público con peor rentabilidad del organismo, solo por delante del polaco.

El documento confirma que, en los últimos cinco y diez años, el fondo español ha obtenido rentabilidades negativas, mientras que en los últimos veinte años apenas logra arañar un 0% real. Ningún periodo supera la inflación.

El contraste con otros países es notable: Suecia, Canadá, Japón, Nueva Zelanda o Corea obtienen rendimientos positivos gracias a carteras diversificadas, con un peso relevante de renta variable, activos internacionales y estrategias más sofisticadas.

Por qué España obtiene los peores resultados

A diferencia de los modelos canadienses o nórdicos, donde los fondos públicos invierten en acciones, infraestructuras, bonos globales o fondos privados, el fondo español mantiene prácticamente el 100% de sus activos en deuda pública nacional (Letras del Tesoro y bonos del Estado).

Esa concentración provoca:

  • Baja rentabilidad histórica, al depender de un activo con tipos reales muy reducidos.
  • Cero diversificaciones, vulnerando uno de los principios básicos de gestión patrimonial.
  • Exposición total al riesgo soberano español, que no siempre ha gozado de primas reducidas.
  • Imposibilidad de capturar el crecimiento internacional, como sí hacen los fondos suecos o canadienses.

Mientras países como Japón, Finlandia o Francia incorporan activos de mayor riesgo y mejor rentabilidad esperada, España permaneció anclada en un enfoque puramente conservador —más político que financiero— durante dos décadas.

Un leve cambio de tendencia en 2024… insuficiente

El año 2024 apunta a una mejora: el Fondo de Reserva podría cerrar con una rentabilidad entre el 1% y el 2%, impulsado por la subida de tipos y el rendimiento de la deuda española.

Pero para encontrar un año realmente positivo en términos reales hay que remontarse a más de veinte años. Incluso en los últimos años con inflación moderada —2,8% en 2024 según el INE—, la rentabilidad del fondo sigue por debajo del coste de la vida.

Asimismo, la propia OCDE destaca que, en media, España registra las peores rentabilidades reales a 10, 15 y 20 años entre los fondos públicos analizados.

El Gobierno abre la puerta a cambiar la estrategia de inversión

En febrero, el Gobierno aprobó un real decreto que flexibiliza la política de inversiones del Fondo de Reserva, permitiendo por primera vez invertir en:

  • Títulos emitidos por empresas nacionales y extranjeras,
  • Activos con “elevada calidad crediticia
  • Instrumentos “con liquidez significativa”,
  • Valores negociados en mercados regulados y sistemas organizados de negociación.

Es decir, por fin se admite la posibilidad de incorporar renta variable e inversiones internacionales, aunque aún no se han concretado los porcentajes ni el calendario de implementación.

Las aportaciones crecen, pero el rendimiento sigue siendo el gran problema

El Fondo de Reserva está siendo engrosado mes a mes gracias a las cotizaciones del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), vigente desde 2023. Entre enero y septiembre de este año, el Ministerio ha recaudado 3.633 millones de euros para esta hucha.

Pero el diagnóstico de fondo permanece:
sin reformar la estrategia de inversión, seguirán acumulándose aportaciones que no generan riqueza real.

La experiencia internacional es clara: los países que protegen su sistema público de pensiones no lo hacen solo con cotizaciones, sino con fondos soberanos potentes, diversificados y bien gestionados.

Dinamarca, Suecia, Canadá o Nueva Zelanda ya lo entendieron hace décadas.
España, de momento, sigue suspendiendo.