GEOPOLÍTICA Y ECONOMÍA EN EUROPA CENTRAL

¿Podrá Trump rescatar a Hungría? La apuesta de Orbán entre sanciones, urnas y gas ruso

Con inflación tozuda, crecimiento anémico y fondos europeos congelados, Viktor Orbán busca oxígeno político y económico. Su baza: una exención temporal a las sanciones energéticas de EEUU y la promesa —difusa— de apoyo financiero antes de las elecciones de abril.

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Budapest 24h

Contexto: una economía atascada y una oposición al alza

Hungría encadena dos años difíciles. Tras el pico inflacionario de 2022–2023 —con tasas interanuales que llegaron al 25%—, la desinflación ha sido parcial y la inflación ronda el 4%–4,3%. Para contenerla, el banco central llevó los tipos a máximos de dos décadas, lo que deprimió salarios reales y consumo.

El Gobierno ha respondido con déficits abultados para apaciguar a distintos electorados: rebajas fiscales para jóvenes, pagas extra a pensionistas y subvenciones a reformas de vivienda. Resultado: un déficit del 4,9% del PIB en 2024 y perspectivas de mayor desajuste este año. A ello se suma el bloqueo de unos 20.000 millones de euros de fondos de la UE por problemas de Estado de derecho, y la desconfianza inversora por impuestos sorpresa para tapar agujeros.

El coste de financiación lo refleja: el bono a 10 años ronda el 7%, por encima del nivel prepandemia y de buena parte de sus vecinos centroeuropeos. Paralelamente, los indicadores de corrupción sitúan a Hungría como el peor alumno de la UE, y la sociedad civil denuncia un cerrojazo institucional. Con este telón de fondo, la nueva oposición ha logrado ventaja de doble dígito en algunos sondeos de cara a abril, el mayor reto para Orbán desde 2010.

El golpe de efecto: una exención a las sanciones energéticas de EEUU

En este clima, Orbán buscaba un respiro político con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. La sintonía personal y política entre ambos es conocida —especialmente en migración y valores culturales— y la foto en el Despacho Oval ha llegado con premio: una exención temporal a las sanciones estadounidenses sobre petróleo y gas ruso.

Contexto: ante el estancamiento de la guerra en Ucrania y la presión sobre Moscú, la administración Trump intensificó sanciones contra grandes energéticas rusas y avisó a sus clientes (incluida la UE). Para Hungría, país sin salida al mar y con alta dependencia del gas ruso, un corte abrupto encarecería la energía y reavivaría la inflación.

Budapest sostiene que la exención es indefinida; el equipo de Trump habla de un año. Para Orbán, que compite en abril, doce meses bastan: estabilizan la factura energética y desactivan un riesgo inflacionario en plena campaña. A cambio, Hungría compraría GNL estadounidense por 600 millones de dólares y estudiaría hasta 10 minirreactores nucleares modulares (SMR) por unos 20.000 millones. La gran incógnita es de dónde saldría ese dinero en un presupuesto ya tensionado.

¿Un “escudo” financiero made in USA? El precedente argentino… y las diferencias húngaras

Orbán también deslizó que Washington ayudaría contra “especuladores”, eco del lenguaje usado por el Tesoro de EEUU al apuntalar Argentina antes de unos comicios recientes. En aquel caso, la ayuda se orientó a contener la moneda; en Hungría, el forinto se ha apreciado frente al euro el último año, en parte por expectativas de giro proeuropeo si ganase la oposición.

¿Qué formato tendría un apoyo a Budapest?

  • Línea de liquidez o garantías para emisiones soberanas: políticamente sensible, pero menos intrusiva.
  • Préstamo para “cheques” preelectorales (p. ej., 1.600 millones para complementos de pensiones): sería difícil de justificar y parecería intervención electoral.
  • Apoyo energético (GNL, almacenamiento, swaps): más defendible, encaja con la exención y reduce presión inflacionaria.

En cualquier caso, el tamaño tendría que ser considerable para contrarrestar la ventaja demoscópica de la oposición (con Péter Magyar como rostro visible), que ya critica el plan por añadir deuda.

¿Puede esto reactivar la economía real?

En el corto plazo, energía más barata y menos incertidumbre pueden:

  • Bajar la inflación algo más rápido.
  • Sostener el consumo (menos miedo a subidas de tarifas).
  • Contener la prima de riesgo si remite el ruido fiscal.

Pero los lastres estructurales siguen ahí:

  • Crecimiento raquítico frente a sus pares de la región.
  • Bloqueo de fondos europeos (clave para inversión pública y privada).
  • Marco regulatorio imprevisible (grava soluciones ad hoc vía impuestos especiales).
  • Deterioro institucional que erosiona confianza e IED.

Sin desbloqueo con Bruselas y reglas estables, la exención y un posible “escudo” son parches más que un giro de ciclo.

Política, urnas y cuentas: los riesgos de la jugada

  1. Temporalidad: si la exención dura un año, su efecto se concentra en campaña y poscomicios. ¿Y después?
  2. Dependencia: doble anclaje a Rusia (suministro) y EEUU (exención). Vulnerable a giros diplomáticos.
  3. Señal fiscal: comprometer GNL y SMR sin financiación clara empeora expectativas sobre deuda.
  4. Relación con la UE: presentar la ayuda de EEUU como sustituto de Europa puede enconar el pulso con Bruselas y retrasar desbloqueos.
  5. Percepción electoral: la oposición ya lo tacha de rescate oportunista. El tiro podría salir por la culata si los votantes lo leen como maniobra de corto plazo.

Veredicto: alivio táctico, límites estratégicos

La exención energética es un aire fresco a corto plazo para Orbán: contiene precios, apacigua la inflación y da un relato de control antes de abril. Un eventual apoyo financiero de EEUU, si llega y es bien diseñado, podría reducir tensiones en deuda y energía durante unos meses.

Pero rescatar una economía no es lo mismo que ganar tiempo. Sin:

  • previsibilidad regulatoria,
  • disciplina fiscal creíble,
  • reencuentro con la UE para descongelar fondos, y
  • mejoras de gobernanza que restauren la confianza,

Hungría seguirá en modo parche. La jugada de Washington puede inclinar la balanza en el corto plazo; el rumbo de fondo lo decidirán las urnas… y la capacidad de Budapest para recomponer puentes con Bruselas y con los mercados.