España está maniobrando para convertirse en pieza clave del nuevo enfoque de la Comisión Europea hacia China, que combina advertencias sobre prácticas desleales con aperturas comerciales estratégicas. En este contexto, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, participó en encuentros con empresas españolas y chinas en Chengdu con el objetivo de abrir nuevos mercados para España, que importa ocho veces más desde China de lo que exporta.
El Gobierno español y la Comisión coinciden en que China es a la vez “rival sistémico y aliado estratégico”: rivales por sus prácticas económicas y la competencia internacional; estratégico porque Europa depende en un 75 % de sus tecnologías verdes, entre otros suministros críticos.
Según datos oficiales, el déficit comercial español con China alcanzó unos 40.000 millones de euros en 2024, con importaciones que superaron los 52.000 millones frente a exportaciones por debajo de los 7.500 millones.
Sectores en el punto de mira
Dentro de la estrategia española se identifican varios sectores prioritarios para aumentar las exportaciones chinas: automoción, por ejemplo con la planta de baterías de CATL en Zaragoza; energía solar con proyectos de China Three Gorges en Murcia; y la industria porcina o farmacéutica, puntos tradicionales de exportación que también buscan diversificación.
El Gobierno español reconoce, sin embargo, que el acceso al mercado chino para las empresas nacionales es todavía difícil: falta reciprocidad en licitaciones, barreras regulatorias y un entorno competitivo interno fuerte. La iniciativa persigue convertir esa relación desequilibrada en una cooperación más equilibrada.
Reacciones dentro de la UE
Aunque España lidera esta aproximación a China, algunas capitales europeas muestran reservas. Países más próximos a la postura de Donald Trump alertan sobre que este tipo de acercamientos podrían debilitar la posición de negociación de la Unión Europea frente a prácticas comerciales chinas. No obstante, el Gobierno español defiende que ha actuado sin que Bruselas haya llamado a consultas oficiales.
Conclusión
La apuesta española por estrechar la relación comercial con China marca un cambio de rumbo interesante en la política exterior y económica del país. Es una jugada que busca abrir oportunidades para las empresas españolas, corregir desequilibrios y atraer inversión o contratos bilaterales.
Pero el éxito dependerá de que esos acercamientos se traduzcan en exportaciones reales, que las barreras empiecen a ceder y que la cooperación vaya más allá de la retórica. Un buen primer paso, pero el camino hacia una relación más equilibrada y mutuamente beneficiosa es largo.
