Cuando se habla de África, muchas personas piensan inmediatamente en pobreza, guerras o ayuda humanitaria. Si se menciona Oriente Medio, las primeras imágenes suelen ser conflictos armados o petróleo. Rusia aparece asociada a la geopolítica y las sanciones. Y buena parte de Asia continúa siendo presentada como una región de fábricas
En la moda existe una diferencia fundamental entre saber qué es bonito y saber convertirlo en un negocio. Bea Villarroya pertenece a esa segunda categoría. Su trayectoria junto a Alex Rivière demuestra cómo el conocimiento del sector, la estrategia y una determinada sensibilidad estética pueden terminar construyendo una marca con identidad
Durante años se ha presentado la moda como un gasto, pero quizá habría que empezar a verla también como una cuestión de criterio financiero. No significa convertir cada prenda en una inversión económica, sino aprender que pagar más por determinadas piezas puede tener sentido cuando ofrecen calidad, duración, versatilidad y valor de
“Quien dijo que la felicidad no está en el dinero no sabe dónde comprar”. La frase, atribuida a Baron Rothschild, resume con bastante ironía una idea que tiene más profundidad de lo que parece. Porque aunque el dinero no garantice la felicidad, sí puede comprar experiencias, comodidad, seguridad y tiempo. Y cuando no podemos permitirnos
Cuando Meta presentó en junio de 2026 sus nuevas Meta Glasses, lo hizo junto a una de las mayores máquinas de influencia del mundo: Kylie Jenner. La colaboración no fue casual. La compañía necesitaba que unas gafas capaces de hacer fotografías, grabar vídeo, escuchar conversaciones e interactuar con inteligencia artificial dejaran de
Vivimos en una época en la que consumir ya no es solo una actividad económica: se ha convertido en una forma de construir identidad. Basta con abrir TikTok, Instagram o YouTube para encontrarse con vídeos titulados "cosas que compra en Zara esta semana", "cosas que encuentro chic", "cosas worth the investment" o "productos que toda chica
Quien pasee por las calles de Fráncfort probablemente se sorprenda por la cantidad de vehículos de alta gama que circulan a diario. Modelos como el Mercedes Clase G, el Rolls-Royce Phantom, el Bentley Bentayga, el Porsche 911, además de numerosos Audi Q7 y Q8, forman parte del paisaje urbano de la capital financiera de Alemania. Sin embargo,
Cada verano se repite el mismo recorrido. Comienza en el Gran Premio de Mónaco, continúa por las playas de la Costa Azul, hace escala en Portofino, Capri o la Costa Amalfitana, pasa por ciudades como París, Roma o Barcelona y termina en destinos como Mykonos, Ibiza o Formentera. Lo que para muchos parece simplemente una sucesión de vacaciones
Cuando se menciona África, muchas personas imaginan las mismas escenas: pobreza, conflictos, hambrunas o ayuda humanitaria. No es que esas realidades no existan; sería irresponsable negarlas. El problema es que, durante demasiado tiempo, esa ha sido prácticamente la única historia que el mundo ha decidido contar. Y cuando solo se cuenta
En cualquier mercado, la lógica económica parece sencilla: si un producto tiene mucha demanda, lo normal sería aumentar la producción para vender más y ganar más dinero. Sin embargo, las grandes marcas de lujo llevan décadas haciendo exactamente lo contrario. Cuando la demanda crece, no aceleran las fábricas ni llenan los escaparates.