África a través de otra mirada: Entrevista a Jennifer Riveiro

Jennifer Riveiro Ilende
Jennifer Riveiro Ilende 24H Economía

África sigue siendo, para muchos, un continente más imaginado que conocido. Demasiadas veces la miramos desde lejos, como si 54 países y más de 1.500 millones de personas pudieran explicarse con una sola historia. Pero basta acercarse para descubrir otra realidad: economías que cambian, ciudades que crecen, una población extraordinariamente joven, nuevos empresarios, tecnología, inversión y mercados que están despertando a velocidades muy distintaPara hablar de África Central, de sus oportunidades y de todo aquello que todavía no estamos viendo, hemos querido conversar con alguien que conoce el continente desde dentro, pero que también ha crecido y desarrollado parte de su carrera en España. Jennifer Riveiro Ilende representa precisamente ese puente entre dos mundos. Abogada y empresaria, nació en Guinea Ecuatorial, creció en España y hoy trabaja conectando empresas, personas y oportunidades entre Europa y África. Su historia personal sirve también para plantear una pregunta más amplia: ¿qué estamos dejando de ver cuando miramos África siempre con los mismos ojos?

¿Quién es Jennifer Riveiro Ilende?

Soy un producto de dos mundos. Abogada y empresaria, nací en Guinea Ecuatorial en 1991, de padre gallego, de verdad, de A Coruña, y madre ecuatoguineana. Emigré con tres años a España, así que mi vida ha estado siempre entrelazada con estos dos países y estas dos identidades.
Estudié Derecho en Madrid y, antes incluso de terminar la carrera, ya tenía un contrato para volver a Malabo a trabajar como abogada en un entorno muy vinculado al sector petrolero. La pandemia me pilló en Madrid y poco después fundé ilende and Partners, que en sus inicios estuvo muy enfocado en derecho de extranjería. Al poco tiempo abrimos también oficina en Guinea.
Sin haberlo planeado demasiado, he terminado desarrollando mi carrera alrededor de algo que ha estado presente toda mi vida: conectar España y África, personas, empresas y oportunidades.

¿Cómo describirías tu relación con Guinea Ecuatorial?

De completa fascinación. Me parece un lugar increíble, que se conoce poco y muchas veces mal. No le faltan desafíos, pero precisamente ahí veo también buena parte de sus posibilidades.
Conozco además su historia desde un lugar muy personal. Buena parte de mi familia guineana tuvo que salir del país en momentos de enorme dificultad económica y yo, en cambio, he podido vivir después periodos de crecimiento extraordinario. Esa contradicción me interesa muchísimo.
En 2023 decidí hacer una apuesta empresarial por Guinea y abrir allí el despacho. Desde entonces acompañamos a empresas, estructuramos proyectos y operaciones y trabajamos con el tejido empresarial local. Donde otros ven únicamente las dificultades, a mí me interesa entender qué se puede hacer con todo ese potencial.

¿En algún momento has sentido que pertenecías a dos lugares a la vez, pero que tampoco terminabas de pertenecer completamente a ninguno?

Creo que nos pasa a muchos inmigrantes. Cuando te mueves, tus diferencias empiezan a definirse por comparación con el lugar en el que estás. A los ecuatoguineanos les resulto demasiado española y un español jamás apostaría que parte de mi familia viene de cerca del río Miño.
Pero lejos de resultarme triste, me divierte. Me gusta poder moverme entre ambas identidades y descubrir también cuánto compartimos. España y Guinea fueron un mismo país hasta hace relativamente poco y, aunque a veces lo olvidemos, existen muchísimos vínculos.

Mirar África desde dos orillas

Crecer entre Guinea Ecuatorial y España no solo ha marcado la trayectoria personal de Jennifer. También le ha dado una posición particular para observar cómo se mira África desde Europa y cómo se percibe Europa desde África. En esta conversación empezamos precisamente por ahí: por la distancia que existe entre dos lugares que están mucho más cerca de lo que solemos pensar.

¿Crees que crecer entre España y Guinea Ecuatorial te ha permitido ver África de una manera diferente? ¿Qué crees que puedes aportar?

Sobre todo me ha permitido mirar en las dos direcciones y cuestionar muchas cosas que damos por hechas desde ambos lados.
El español medio conoce sorprendentemente poco del continente que tiene al lado. Guinea Ecuatorial quizá sea el ejemplo más evidente: mucha gente en España ni siquiera sabe que fue territorio español, que muchos de nuestros padres nacieron españoles antes de la independencia en 1968 o que hoy existe un país africano en el que se habla español.
Haber crecido entre ambos países hace que me resulte todavía más difícil entender esa distancia. Estamos muy cerca y, sin embargo, nos conocemos muy poco. Y eso tiene consecuencias económicas: en Guinea encuentro empresas francesas, norteamericanas, turcas o chinas constantemente y comparativamente muy pocas españolas.
Mi perspectiva probablemente me permite entender bastante bien los códigos de ambos lados y detectar conexiones que desde una sola orilla pueden resultar menos evidentes.

¿Qué se pierde al hablar de África, un continente con 54 países, como una sola unidad y una única realidad?

Se pierde una riqueza enorme y, sobre todo, se pierde la realidad.
Trabajo con distintos países africanos y sigo aprendiendo constantemente. Hoy mismo, por ejemplo, leía que la bolsa de Zimbabue está superando ampliamente al S&P 500 en lo que llevamos de 2026. Es un dato que probablemente choque con la imagen que mucha gente tiene de Zimbabue y precisamente por eso resulta interesante.
Y ocurre con prácticamente todo. Hay países apostando por transformar localmente sus recursos en lugar de seguir exportando materias primas en bruto, mientras otros avanzan mucho más despacio. Economías que están cambiando a una velocidad enorme gracias a la tecnología y sociedades buscando soluciones nuevas para poblaciones muy jóvenes y crecientes.
África es tremendamente viva y también contradictoria. Cada país tiene su historia, sus recursos, sus problemas, sus ambiciones y herencias muy diferentes. Meter 54 países en el mismo saco no solo impide entender lo que está pasando; también impide ver muchas de las oportunidades.

¿Crees que África está despertando o somos nosotros, desde Europa, los que estamos empezando a abrir los ojos?

Creo que Europa sigue bastante dormida respecto de lo que está sucediendo en África. Nos llegan fundamentalmente la tragedia, el conflicto, la inmigración o el desorden, mientras se habla mucho menos de todo lo demás.
Nadie habla, por ejemplo, de lo que está suponiendo la refinería de Dangote en Nigeria y de cómo está modificando la posición del país en el mercado internacional de productos refinados.
África tiene hoy más de 1.500 millones de habitantes y en 2050 serán alrededor de 2.500 millones. Estamos hablando de unos mil millones de personas más en apenas una generación. Y no es solamente una promesa demográfica a treinta años: África Subsahariana creció alrededor de un 4,5 % en 2025 y el FMI proyecta que continúe creciendo por encima del 4 % en 2026.
Toda esa población necesitará vivienda, alimentación, energía, servicios financieros, tecnología, educación, infraestructuras y bienes de consumo. Invertir en ese crecimiento no es filantropía, es entender hacia dónde se mueve el mundo.
Europa continúa mirando demasiado al continente desde los recursos naturales, la seguridad o la inmigración y demasiado poco desde su transformación económica, su clase media, su diáspora, su capacidad tecnológica y sus nuevos mercados. Creo que hablamos demasiado de lo que Europa puede sacar de África y demasiado poco de todo lo que se puede desarrollar allí.

De la mirada a la oportunidad

La conversación da un paso más: de cómo vemos África a qué está ocurriendo realmente sobre el terreno. Jennifer trabaja desde hace años con empresas y proyectos en la región y conoce de cerca las dificultades, pero también los cambios que están transformando algunos de estos mercados.

¿Qué está pasando en África ahora mismo que Europa todavía no se ha enterado de que debería importarle?

Está cambiando la ambición y, sobre todo, la conversación.
Cada vez encuentro más gobiernos y empresarios africanos que no quieren limitarse a vender materias primas para que el valor se genere fuera. Quieren transformar localmente, industrializar, atraer financiación, crear empleo y participar en una parte mayor de la cadena de valor.
Y los números empiezan a acompañar esa transformación. Diez economías subsaharianas crecieron por encima del 6 % en 2025, con países como Benín, Costa de Marfil, Etiopía, Ruanda o Uganda entre los de mayor crecimiento. Mientras seguimos hablando del «riesgo de África» como si fuera una única categoría, hay mercados concretos moviéndose a velocidades extraordinarias.
Hay además otro cambio importante: Europa ya no está sola en esa conversación. Los países africanos tienen cada vez más interlocutores y mayor capacidad para elegir con quién quieren hacer negocios. Creo que Europa todavía no ha terminado de asumir lo que significa competir también por esa relación.

¿Qué estás haciendo actualmente en África y cuál es exactamente tu objetivo?

Actualmente estoy muy centrada en ilende and Partners y especialmente en nuestra práctica en África Central.
Hemos evolucionado mucho desde el despacho jurídico con el que empezamos. Hoy participamos en operaciones empresariales, estructuración jurídica y financiera, grandes recuperaciones de inversión y asuntos en los que hay que conectar empresas, instituciones, financiación y conocimiento de distintas jurisdicciones.
Mi objetivo es que ilende sea una firma africana de referencia para operaciones importantes en la región. Conocemos el terreno, pero sabemos también trabajar con los estándares y las exigencias de una operación internacional.
No tengo ninguna obsesión con estar en veinte países. Prefiero conocer muy bien los mercados en los que operamos, trabajar cada vez en asuntos más relevantes y seguir creciendo desde ahí.

No estás haciendo esto sola. ¿Quiénes están contigo en este proyecto y qué aporta cada uno?

En absoluto. Y creo que la diversidad del equipo es una de nuestras mayores fortalezas.
Hay gente formada en Guinea, en otros países africanos y fuera del continente. Nuestra Directora Regional para África Central, Catalina Mangue Ondo, por ejemplo, se formó en Rusia. En Madrid también trabajo con profesionales de origen africano formados en España o Reino Unido, y por ilende han pasado perfiles de Asia, América Latina y otros lugares.
Esa mezcla aporta maneras muy diferentes de entender un mismo problema, algo especialmente valioso cuando trabajas entre países y culturas distintas.
Y doy mucha voz a la gente joven. África es el continente más joven del mundo y me parecería bastante absurdo hablar constantemente de su futuro sin escuchar a quienes van a vivirlo.

¿A qué retos se enfrenta uno cuando decide sacar estos proyectos adelante?

A muchísimo trabajo. No conozco a demasiada gente que haga exactamente lo que hago y muchas veces no existe un modelo que simplemente puedas replicar.
Combino Derecho, empresa y estrategia desde una posición bastante particular entre África y Europa. Tengo una forma muy occidental de organizar las cosas, pero no me interesa llegar a África a explicar cómo deberían hacerse. Me interesa entender lo que existe y ver cómo puede funcionar mejor, ser sostenible y tener recorrido.
Una de las partes que más disfruto es trabajar con emprendedores que han encontrado soluciones a problemas que conocen de primera mano y poder acompañarlos en momentos muy distintos: estructurar una empresa, definir una estrategia, encontrar financiación o clientes o incluso acceder a otro mercado.
Exige muchísimo personalmente, pero he conseguido reunir en mi trabajo prácticamente todo lo que me interesa: Derecho, África, negocios, estrategia y hacer que las cosas pasen.

Cuando hablamos de África en España solemos mirar a los mismos países. ¿Qué estamos dejando fuera?

Muchísimo. Seguimos mirando África desde un mapa bastante limitado. En España hablamos mucho de Marruecos o Senegal, mientras mercados de África Central o del Este siguen siendo grandes desconocidos.
Y empezaría por Guinea Ecuatorial: un país de habla española, con vínculos evidentes con España y una posición interesante en África Central, donde, sin embargo, la presencia empresarial española sigue siendo sorprendentemente pequeña.
Creo que España podría mirar hacia África con más atrevimiento y menos aversión al riesgo. Evidentemente hay que conocer cada mercado, su marco jurídico y sus particularidades, pero existen sectores en los que el producto, la experiencia y el conocimiento empresarial español tienen muy buena consideración.

¿Por qué África Central? ¿Qué está pasando allí que todavía no estamos mirando y cómo podría afectar a Europa?

Precisamente porque sigue siendo una de las regiones menos exploradas y más complejas del continente.
Hay muchísimo margen de desarrollo en agricultura y transformación alimentaria, vivienda, infraestructuras, energía, turismo o servicios. Y España tiene experiencia precisamente en muchos de esos sectores.
No creo que haya que inventar grandes fórmulas. Muchas veces se trata de conectar oportunidades muy concretas con empresas que ya saben perfectamente cómo ejecutarlas.
Y hay un dato que ayuda a poner en perspectiva el momento: África recibió un récord de 97.000 millones de dólares de inversión extranjera directa en 2024 y, aun así, representó solamente alrededor del 6 % de la inversión extranjera mundial. Incluso eliminando una gran operación excepcional en Egipto, la inversión creció un 12 %. Para mí esa combinación entre crecimiento y una participación todavía relativamente pequeña en los flujos mundiales dice muchísimo sobre el margen que queda.

Si tuvieras que convencer a un editor español de que dejara de mirar siempre hacia los mismos países africanos y pusiera el foco en África Central, ¿qué le dirías?

Le preguntaría qué fue de los pioneros españoles.
Nos pasamos el día hablando de la expansión china en África, muchas veces para criticarla, pero mientras discutíamos sobre ella los chinos llegaron, invirtieron y aprendieron el terreno. También lo están haciendo empresas turcas, indias y de muchos otros países.
Y aquí hay una paradoja interesante: Europa no ha desaparecido de África ni mucho menos. Los inversores europeos siguen teniendo conjuntamente el mayor stock de inversión extranjera directa en el continente. En 2023 China acumulaba alrededor de 44.000 millones de dólares de inversión, mientras Países Bajos, Reino Unido o Francia la superaban individualmente. La propia Unión Europea ha comprometido además 150.000 millones de euros para África a través de Global Gateway.
Por eso creo que la pregunta no es solamente cuánto dinero pone Europa, sino cómo lo convierte en presencia empresarial, relaciones y oportunidades reales.
África Central tiene mercados complejos, pero también mucho menos saturados. España tuvo empresarios capaces de abrir mercados por todo el mundo. No sé por qué ahora parece que necesitamos que un mercado esté completamente desarrollado y validado por otros para atrevernos a entrar. Cuando África Central sea fácil, probablemente también será mucho más cara y habrá mucha más competencia.

Lo que queda cuando termina el día

Después de hablar de identidad, economía y oportunidades, la conversación termina en un terreno mucho más personal. Porque detrás de los proyectos, los viajes y las operaciones también está la experiencia de alguien que ha construido una carrera poco convencional y que entiende su trabajo como una forma de conectar mundos.

¿Cuáles son esos momentos por los que llegas a casa después de un largo día y piensas: “por esto merece la pena”?

Casi todos los días, porque tengo un trabajo que me permite estar permanentemente descubriendo cosas.
Un día estoy trabajando en una operación que afecta a una empresa de la que dependen cientos de empleos en Guinea; otro conozco a un emprendedor que ha encontrado una solución brillantísima a un problema que conoce de primera mano; otro intento conectar un proyecto con financiación o clientes o descubro un sector del que una semana antes sabía poquísimo. Viajo mucho, conozco gente extraordinariamente distinta y sigo aprendiendo constantemente. Es difícil aburrirse.
Y después está la satisfacción de comprobar que lo que haces produce resultados reales. Que un escrito desbloquee una situación importante para una empresa, que una conexión termine convirtiéndose en negocio o que alguien a quien acompañaste desde una idea consiga acceder a otro mercado.
Incluso en extranjería, en Madrid, conseguir que una persona ordene su situación jurídica significa muchas veces que puede empezar a ordenar de verdad su vida aquí.
También disfruto muchísimo viendo crecer a un equipo joven al que intento dar espacio y responsabilidad. Y sí, tiene algo especial para mí hacerlo siendo mujer, con una parte africana muy presente y también con ese punto gallego de salir, explorar y buscarse la vida.
Supongo que lo que más me engancha es eso: no observar las cosas desde fuera, sino tener la posibilidad de entrar en ellas, conectar puntos y, algunas veces, conseguir que pasen.

Y si tuvieras que darle a ese lector una sola razón para empezar a mirar hacia África hoy, ¿cuál sería?

Porque África concentra algo difícil de encontrar hoy en otros lugares: escala, juventud, recursos y un margen extraordinario para imaginar lo que viene.