Hay una pregunta sencilla que sirve para comprobar cuánto conocemos realmente África: di cinco países africanos.
Fácil Sudáfrica, Egipto, Marruecos, Kenia, Nigeria. Pero… Ahora intenta añadir Camerún, Gabón, República del Congo, Guinea Ecuatorial o República Centroafricana. De repente, el mapa se vuelve mucho más difícil.
Y ahí está precisamente el problema.
Quizá no conozcamos África. Quizá conozcamos solamente la parte de África que hemos aprendido a mirar.
Durante demasiado tiempo, el relato sobre el continente ha oscilado entre dos extremos: la pobreza y la riqueza de sus recursos. Hambre, conflictos, petróleo, minerales, selvas. Una fotografía demasiado pequeña para un continente demasiado grande. Porque África no es una historia única y, mucho menos, un único mercado.
Por eso nace una idea tan sencilla como necesaria: África for Beginners. No como una guía para principiantes en sentido literal, sino como una invitación a reconocer nuestra propia ignorancia. A abrir el mapa y descubrir que, detrás de los nombres que apenas nos suenan, existe una realidad económica mucho más compleja de la que solemos imaginar.
Y si queremos empezar por algún lugar, África Central es probablemente uno de los mejores puntos de partida.
Camerún, por ejemplo, es el país de renta media más grande de África Central, con una población estimada de 28,5 millones de habitantes y una economía diversificada. Su posición también importa: forma parte de la cuenca del Congo y cuenta con infraestructuras estratégicas como el puerto de Kribi. La Unión Europea considera, además, al país una pieza relevante para la estabilidad y el desarrollo sostenible de la región.
Gabón ofrece otro ejemplo de por qué conviene mirar más allá de los tópicos. En 2024 fue el segundo productor mundial de manganeso, con aproximadamente el 25 % de la producción global. Solo Comilog produjo alrededor de 6,8 millones de toneladas de mineral de manganeso ese año. No es una anécdota geológica: el manganeso es un mineral esencial para industrias como la siderurgia y forma parte de una cadena de suministro que conecta África con Europa, China y otros grandes mercados.
Y después está la República del Congo, que tampoco encaja fácilmente en la caricatura de un país desconocido perdido en el centro del continente. Congo-Brazzaville contaba a comienzos de 2024 con unos 1.800 millones de barriles de reservas probadas de petróleo y ese mismo año comenzó a exportar gas natural licuado.
Pero quizá el dato más importante no esté debajo de la tierra, sino encima de ella.
África tenía más de 1.500 millones de habitantes en 2024 y Naciones Unidas proyecta que alcance unos 2.500 millones en 2050. Eso significa que una parte cada vez mayor de los nuevos consumidores, trabajadores, emprendedores y ciudades del mundo estará en el continente.
Y ahí aparece una cuestión que Europa debería hacerse: ¿cuánto de ese futuro estamos mirando realmente?
Porque mientras seguimos hablando de África como si fuera un lugar lejano y homogéneo, otros ya están mirando sus infraestructuras, sus recursos, sus mercados y su crecimiento demográfico. La propia Unión Europea ha situado África dentro de su estrategia Global Gateway, con una ambición de movilizar hasta 300.000 millones de euros de inversión entre 2021 y 2027.
Pero mirar África únicamente porque puede ser una oportunidad económica sería quedarse corto otra vez.
También necesitamos cambiar la forma de mirar.
Para hacer eso debemos escuchar a quienes conocen el continente desde dentro: empresarios como Tony Elumelu, economistas como Carlos Lopes, investigadores como Carlos Nuno Castel-Branco o profesionales que llevan años construyendo puentes entre África y Europa. Entre esas voces está también Jennifer Riveiro, abogada y empresaria nacida en Guinea Ecuatorial y criada entre España y Guinea, cuya trayectoria conecta precisamente esos dos mundos. Son perfiles muy distintos, pero comparten algo: obligan a mirar África más allá de los tópicos y a entender sus economías, sus sociedades y sus oportunidades desde una perspectiva mucho más cercana.
Por eso tiene sentido escuchar otras voces cuando hablamos del continente. No para que nos expliquen África como si necesitáramos otra clase magistral, sino para que nos ayuden a descubrir todo aquello que todavía no estamos viendo.
África for Beginners empieza ahí: en admitir que somos principiantes.
Principiantes porque conocemos antes el nombre de una marca que el de un país africano. Porque podemos hablar durante horas de Estados Unidos, China o Europa y, sin embargo, colocar a Camerún, Gabón o Congo en un mapa requiere un esfuerzo. Porque hemos aprendido a pensar en África como una categoría cuando, en realidad, estamos hablando de 54 países, cientos de millones de personas, economías radicalmente diferentes y ciudades que están cambiando a una velocidad que muchas veces no vemos.
El error no es no saberlo todo sobre África. El error es creer que ya sabemos cómo es África.
Quizá África for Beginners no sea una manera de explicar África a quienes no la conocen. Quizá sea algo más incómodo: una forma de reconocer cuánto nos queda por descubrir.
Y quizá ese sea precisamente el primer paso para empezar a mirar África Central de otra manera.
No hace falta tener todas las respuestas. Hace falta, por fin, empezar a hacer mejores preguntas.
