Macroeconomía

Ray Dalio y el problema que nadie quiere mirar: la deuda

Mientras algunos inversores se preocupan por si sube o baja la bolsa, Ray Dalio lleva años señalando un riesgo diferente: qué ocurre cuando los gobiernos acumulan tanta deuda que los intereses empiezan a convertirse en un problema por sí mismos.

Ray Dalio y el problema que nadie quiere mirar: la deuda

Ray Dalio es uno de los inversores que más ha estudiado las grandes crisis de deuda. Su argumento parte de una idea sencilla: cuando un gobierno gasta más de lo que ingresa, necesita financiar esa diferencia, y una de las principales formas de hacerlo es emitiendo deuda. Cuando compramos un bono del Estado, en cierto sentido estamos prestando nuestro dinero al gobierno a cambio de recibir intereses. El problema aparece cuando la deuda crece tanto que también crece la cantidad de dinero que el Estado tiene que dedicar a pagar esos intereses.

El caso de Estados Unidos resulta especialmente interesante porque es el emisor del dólar, una de las principales monedas de reserva del mundo. Esto le proporciona una capacidad que otros países no tienen exactamente en las mismas condiciones: puede emitir deuda denominada en su propia moneda y su banco central puede crear dólares. Pero eso no significa que pueda hacerlo indefinidamente sin consecuencias.

El mecanismo que preocupa a Dalio es el siguiente: más deuda puede significar más intereses; más intereses pueden aumentar el déficit; y un déficit elevado puede obligar a seguir emitiendo todavía más deuda. Si los inversores empiezan a exigir una mayor rentabilidad para comprar esa deuda, el coste de financiación aumenta y el problema puede hacerse todavía mayor. Actualmente, el debate sobre la sostenibilidad fiscal estadounidense se ha intensificado precisamente por el elevado nivel de deuda y el aumento de los costes de intereses.

La otra posibilidad es especialmente importante para entender la tesis de Dalio: que una parte del ajuste se produzca mediante inflación y depreciación de la moneda. Si aumenta demasiado la cantidad de dinero en circulación respecto a los bienes y servicios disponibles, puede producirse una pérdida de poder adquisitivo. No significa que cada dólar nuevo creado provoque automáticamente inflación, pero sí que una política monetaria excesivamente expansiva puede contribuir a ella cuando las condiciones económicas lo permiten.

Y aquí aparece una idea que conecta directamente con nuestros ahorros. Si tenemos 10.000 euros o dólares guardados y la moneda pierde poder adquisitivo con el tiempo, seguimos teniendo 10.000 unidades monetarias, pero podemos comprar menos con ellas. El número de nuestra cuenta no ha cambiado; lo que ha cambiado es lo que ese dinero puede comprar.

Por eso Dalio insiste en algo que puede resultar incómodo: el efectivo y los bonos no son necesariamente activos sin riesgo. Pueden ser relativamente seguros en términos nominales, pero existe el riesgo de inflación y de pérdida de poder adquisitivo. Y en un escenario de fuerte presión sobre la deuda pública, ese riesgo puede adquirir todavía más importancia.

Su respuesta no consiste en apostar todo a un único activo. Dalio ha defendido diversificar y mantener exposición al oro, y recientemente también ha recomendado tener “un poco” de bitcoin como posible protección frente a riesgos monetarios y de deuda. En 2025 llegó a sugerir una exposición de alrededor del 10%-15% al oro, mientras que para bitcoin ha sido más prudente.

Esto no significa que el oro o bitcoin sean inversiones seguras. No existe un activo mágico que nos proteja de cualquier crisis. El oro puede caer y bitcoin puede experimentar movimientos extremadamente bruscos. De hecho, bitcoin presenta históricamente una volatilidad mucho mayor que activos tradicionales como el S&P 500.

La verdadera enseñanza de Dalio es otra: no debemos confundir el hecho de tener dinero con el hecho de conservar riqueza. Podemos tener la misma cantidad de billetes durante diez años y, sin embargo, perder capacidad de compra.

Por eso la deuda pública no es únicamente un problema de gobiernos. También puede terminar afectando a nuestros ahorros, nuestras inversiones y nuestra capacidad de compra. Cuando un país acumula deuda durante décadas, la factura no desaparece: alguien termina soportando el coste, ya sea mediante impuestos, menor gasto, mayores intereses, inflación o una combinación de todos ellos.

Y quizá por eso la pregunta importante no sea si Estados Unidos va a quebrar mañana, porque no es esa la tesis. La cuestión es qué ocurre con nuestro patrimonio si durante los próximos años las monedas pierden poder adquisitivo mientras la deuda sigue creciendo.

Dalio lleva años defendiendo que los grandes ciclos de deuda terminan llegando a un punto en el que las reglas cambian. Su advertencia no consiste en predecir el día exacto de una crisis, sino en prepararse para un escenario en el que el dinero que creemos seguro deje de serlo en términos reales.

Porque al final, el mayor riesgo quizá no sea perder un 20% en bolsa.

Puede ser conservar el 100% de nuestro dinero y descubrir, años después, que vale mucho menos.