Riqueza en países emergentes

Brasil, el nuevo mapa de las grandes fortunas

Herencias, bancos y grandes empresas explican cómo las familias más ricas del país están reorganizando patrimonios que alcanzan cifras de miles de millones

Brasil, el nuevo mapa de las grandes fortunas

Brasil se ha convertido en uno de los grandes focos de riqueza privada de América Latina. Entre sus grandes fortunas aparecen empresarios tecnológicos, banqueros, inversores y familias que han construido sus patrimonios durante generaciones. En la lista de Forbes figuran nombres como Eduardo Saverin, Vicky Safra, Jorge Paulo Lemann, Marcel Telles y Carlos Alberto Sicupira.

Uno de los casos más llamativos es el de la familia Safra. Tras la muerte del banquero Joseph Safra en 2020, su fortuna pasó a manos de su viuda, Vicky Safra, y de sus cuatro hijos. La sucesión no se ha limitado a repartir el patrimonio: en 2025, dos de los herederos, Jacob y David Safra, compraron la participación de su hermana Esther en el banco, mientras Alberto había emprendido anteriormente su propio camino empresarial.

Este tipo de movimientos muestra el principal reto de las grandes fortunas brasileñas: cómo mantener unido un patrimonio cuando desaparece el fundador. La segunda generación debe decidir si conserva el control conjunto, divide los activos o crea estructuras independientes para cada heredero.

El fenómeno también afecta a los grandes empresarios de la inversión. Jorge Paulo Lemann, una de las mayores fortunas de Brasil, mantiene participaciones en grandes compañías internacionales y ha construido estructuras empresariales en las que participan sus hijos y los herederos de sus antiguos socios.

Detrás de estas fortunas existe, por tanto, una cuestión que va mucho más allá del dinero: quién tendrá el poder sobre el patrimonio en la próxima generación. En Brasil, donde las grandes familias empresariales controlan bancos, inversiones, compañías de consumo y otros activos, cada sucesión puede convertirse en una auténtica reorganización económica.

El futuro de estas fortunas dependerá de una nueva generación de herederos que ya no solo tendrá que recibir el dinero, sino decidir cómo invertirlo, protegerlo y, sobre todo, cómo evitar que las disputas familiares terminen fragmentando imperios construidos durante décadas.