En España se habla constantemente de prioridad nacional, pero quizá habría que empezar por preguntarse qué significa realmente. Para algunos movimientos políticos, la respuesta pasa por levantar fronteras internas, aumentar las competencias territoriales o convertir la identidad en el centro del debate. Sin embargo, una verdadera prioridad nacional debería ocuparse de algo mucho más básico: hacer que España sea un país más productivo, industrial y próspero.
La primera tarea debería ser la reindustrialización. España necesita producir más, desarrollar tecnología propia y recuperar parte de la capacidad industrial que ha perdido frente a otras economías. Una industria fuerte significa empleos cualificados, mejores salarios, innovación y mayor capacidad para competir internacionalmente.
También debería preocuparnos la fuga de talento. Miles de jóvenes formados en España buscan oportunidades en otros países porque encuentran mejores condiciones profesionales o salariales. En lugar de mirar únicamente hacia dentro, España necesita una estrategia capaz de atraer inversión, investigadores, ingenieros, emprendedores y profesionales internacionales.
Aquí entra la cooperación internacional. Defender los intereses españoles no significa aislarse. Al contrario: una España más fuerte puede ser una España más conectada con Europa, América Latina y el resto del mundo. La cooperación económica, científica y tecnológica puede generar oportunidades que ningún territorio puede conseguir por sí solo.
El debate territorial, por supuesto, es legítimo. Pero convertir permanentemente la política en una discusión sobre separación, identidades y fronteras puede hacer que se pierda de vista una cuestión fundamental: qué modelo económico queremos construir para las próximas décadas.
Una auténtica prioridad nacional debería medirse por resultados: más industria, mejores empleos, mayor productividad, salarios competitivos, vivienda accesible y servicios públicos de calidad. También por la capacidad de España para convertirse en un lugar donde los jóvenes quieran quedarse y donde los profesionales de otros países quieran venir.
La defensa del interés nacional no tiene por qué significar mirar menos al exterior. Puede significar precisamente lo contrario: hacer de España un país suficientemente fuerte para competir, cooperar y atraer talento. La cuestión no debería ser quién levanta la frontera más alta, sino quién consigue construir el país con más oportunidades.
