Europa tiene una enorme cantidad de patrimonio, pero también una generación de empresarios que se acerca a la jubilación y necesita encontrar quién continúe sus negocios

¿Quién será dueño de las empresas europeas dentro de 20 años?

City de Frankfurt
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Durante décadas, miles de empresas europeas han permanecido en manos de familias que las construyeron durante dos o tres generaciones.

El problema es que muchas de esas familias están llegando al momento decisivo: ¿quién se queda con la empresa cuando los hijos no quieren continuarla?

Aquí aparece una oportunidad gigantesca.

Europa posee capital, marcas, tecnología y empresas industriales muy valiosas. Pero también tiene envejecimiento demográfico y problemas de sucesión.

Y cuando una generación no tiene relevo, alguien tiene que comprar.

Ese alguien puede ser otro empresario europeo. Pero también puede ser capital estadounidense, asiático, de Oriente Medio o grandes fondos de inversión.

La batalla no será necesariamente por crear nuevas empresas.

Será por comprar las que ya existen.

Y eso cambia completamente la forma de entender el poder económico.

Una empresa familiar alemana puede llevar 60 años fabricando maquinaria. Una compañía italiana puede controlar una marca industrial centenaria. Una empresa española puede tener una posición dominante en un mercado muy concreto.

El valor está ahí.

Lo que está cambiando es quién tendrá el capital suficiente para convertirse en propietario.

Asia tiene una ventaja particular: enormes grupos empresariales, capital acumulado y una cultura de expansión internacional. China, India, Corea, Japón o Singapur tienen empresas que buscan tecnología, marcas, distribución y acceso a mercados extranjeros.

Europa podría terminar viviendo una paradoja.

Seguirá siendo rica, pero una parte creciente de sus empresas podría dejar de tener propietarios europeos.

Y no hace falta que desaparezcan sus fábricas.

Pueden seguir produciendo en Alemania, España o Italia mientras el propietario último se encuentra en Singapur, Mumbai, Pekín, Nueva York o Abu Dabi.

Por eso la próxima gran batalla económica quizá no sea por construir nuevas fábricas.

Será por decidir quién posee las fábricas, las marcas y las empresas que ya existen.

La cuestión no es cuánto patrimonio tiene Europa.

La cuestión es quién tendrá el control de ese patrimonio dentro de veinte años.