Los Emiratos Árabes Unidos se han convertido en una de las economías más prósperas de Oriente Medio gracias a los ingresos energéticos, la inversión extranjera, el turismo, la construcción y los servicios. Detrás de buena parte de este crecimiento existe, sin embargo, una enorme fuerza laboral migrante que sostiene sectores fundamentales de la economía.
El denominado sistema kafala establece una relación de dependencia entre el trabajador extranjero y su empleador, que históricamente ha tenido un papel fundamental en su residencia y situación laboral. Aunque los Emiratos han introducido reformas para facilitar el cambio de empleo y mejorar la protección laboral, la dependencia económica y administrativa continúa generando vulnerabilidades.
Uno de los principales problemas aparece durante la contratación. Algunos trabajadores llegan al país después de haber contraído deudas para pagar los costes de emigración o las comisiones de intermediarios. Si posteriormente reciben un salario inferior al prometido o sufren retrasos en los pagos, pueden quedar atrapados entre la necesidad de conservar su empleo y la obligación de devolver esas deudas.
La situación también afecta a las condiciones de trabajo. Los trabajadores de la construcción, el reparto y otros empleos al aire libre están especialmente expuestos a las temperaturas extremas del Golfo. A ello se suman casos documentados de impago de salarios, retención de pasaportes y dificultades para reclamar derechos laborales.
Desde una perspectiva económica, esta situación permite mantener una mano de obra abundante y relativamente barata, algo especialmente relevante para un país que ha construido grandes infraestructuras y proyectos inmobiliarios en pocas décadas. El coste social de este modelo, sin embargo, recae en gran medida sobre trabajadores procedentes de países con menores niveles de renta.
Por tanto, el debate sobre el kafala no consiste únicamente en una cuestión laboral. También plantea una cuestión económica: quién se beneficia del crecimiento y quién asume sus costes. Los Emiratos han avanzado en reformas laborales, pero organizaciones internacionales siguen reclamando una aplicación más efectiva de los derechos existentes.
La riqueza de los Emiratos demuestra la capacidad de una economía para crecer rápidamente mediante inversión, comercio y construcción. Pero también pone de manifiesto que el crecimiento económico no garantiza por sí mismo unas condiciones laborales justas. El verdadero desafío será conseguir que la prosperidad del país se traduzca también en mayor protección y poder de negociación para quienes sostienen buena parte de su actividad económica.
