Cuando la riqueza desafía a la crisis

Cada vez hay más millonarios… mientras millones de personas sienten que la economía va peor: ¿cómo es posible?

La riqueza privada sigue creciendo en buena parte del mundo pese a la desaceleración económica.

de izq. a dcha: Elon Musk,Jeff Bezos y Mark Zuckerberg
de izq. a dcha: Elon Musk,Jeff Bezos y Mark Zuckerberg 24h Economía

La sensación de que la economía atraviesa un momento complicado está muy extendida. La inflación de los últimos años, el aumento del coste de la vivienda, los elevados tipos de interés y la desaceleración del crecimiento han llevado a muchos hogares a reducir su capacidad de ahorro. Sin embargo, existe una aparente contradicción: el número de millonarios continúa aumentando.

Según los últimos informes internacionales sobre riqueza, el mundo ha seguido creando nuevos millonarios en dólares durante los dos últimos años. Solo en 2025 aparecieron cerca de un millón de nuevos millonarios, y Estados Unidos concentró casi la mitad de ellos, con más de 440.000 nuevos patrimonios millonarios. También destacan países como Reino Unido, Alemania, Francia, Japón, India y España, donde el número de grandes patrimonios también continuó creciendo.

La pregunta es evidente: ¿cómo puede crecer el número de millonarios cuando gran parte de la población percibe que vive peor?

La respuesta está en que la riqueza y la economía cotidiana no siempre evolucionan al mismo ritmo. Una parte importante de estos nuevos millonarios no se ha enriquecido porque haya recibido salarios mucho más elevados, sino porque han aumentado de valor los activos que ya poseían: acciones, participaciones empresariales, fondos de inversión, inmuebles o empresas privadas. Cuando las bolsas suben con fuerza o determinados sectores tecnológicos se revalorizan, el patrimonio de quienes ya invertían también aumenta, aunque la economía real continúe mostrando signos de debilidad.

En los últimos años, además, la inteligencia artificial ha impulsado una fuerte subida de las compañías tecnológicas, beneficiando especialmente a quienes ya tenían exposición a los mercados financieros. Mientras tanto, muchas familias han seguido enfrentándose a hipotecas más caras, alquileres elevados y una pérdida de poder adquisitivo. La consecuencia es una sensación de desconexión entre los datos macroeconómicos y la realidad cotidiana.

Otro aspecto que suele pasar desapercibido es que no todos los millonarios son multimillonarios. Una parte importante de ellos alcanza ese patrimonio gracias a la revalorización de su vivienda, de una empresa familiar o de inversiones acumuladas durante décadas. En muchos casos no hablamos de grandes fortunas visibles, sino de patrimonios construidos lentamente a través del ahorro y la inversión.

Esto también explica por qué países con un crecimiento económico moderado siguen aumentando su número de millonarios. Lo determinante no siempre es el PIB, sino el comportamiento de los mercados financieros, el precio de los activos inmobiliarios y la evolución del patrimonio privado.

Sin embargo, este fenómeno también abre un debate importante. Si la riqueza crece principalmente porque aumentan de valor los activos financieros y no porque mejoren los ingresos de la mayoría de la población, la desigualdad patrimonial puede seguir ampliándose. Quien posee inversiones ve crecer su patrimonio; quien depende únicamente de su salario apenas participa de esa revalorización.

Por eso, el aumento del número de millonarios no significa necesariamente que la sociedad sea más próspera en su conjunto. Puede ser simplemente el reflejo de que determinados activos se han encarecido mucho más rápido que los salarios o que la economía real.

La paradoja es evidente: mientras muchos ciudadanos sienten que cada mes cuesta más llegar a fin de mes, el patrimonio de quienes ya tenían inversiones continúa creciendo. La economía no siempre reparte sus beneficios al mismo ritmo. Y quizá esa sea una de las grandes características del momento actual: la riqueza sigue expandiéndose, pero no lo hace de forma uniforme.