Apellidos ilustres, grandes contratos y un debate que no desaparece

¿Por qué los ‘nepo babies’ dominan la industria creativa? Más allá de los contactos y los privilegios

 Ser hijo o sobrino de una estrella no garantiza el éxito, pero sí puede abrir puertas que para otros permanecen cerradas

Lily Rose Depp, Dakota Johnson y Lily Collins
Lily Rose Depp, Dakota Johnson y Lily Collins 24h Economía

En los últimos años, el término «nepo baby» se ha instalado en el vocabulario de la moda, el cine, la música y las redes sociales. La expresión, abreviatura de nepotism baby, hace referencia a personas que desarrollan su carrera en la misma industria que sus familiares famosos y que, gracias a ello, parten con una ventaja inicial en términos de oportunidades, visibilidad o contactos. Sin embargo, el debate suele simplificarse demasiado. Ser un nepo baby no significa carecer de talento, del mismo modo que no serlo tampoco garantiza una carrera de éxito.

Ejemplos conocidos abundan. Hailey Bieber, nacida Hailey Baldwin, es hija del actor Stephen Baldwin y sobrina de Alec Baldwin. Kaia Gerber es hija de la supermodelo Cindy Crawford, una de las figuras más influyentes de la historia de la moda. Jaafar Jackson, sobrino de Michael Jackson, ha despertado una enorme expectación por interpretar al Rey del Pop en la próxima película biográfica, demostrando además unas notables capacidades interpretativas y escénicas.

La pregunta es inevitable: ¿por qué muchas veces estos perfiles consiguen contratos mejor pagados que modelos, actores o artistas con trayectorias similares o incluso superiores? La respuesta tiene menos que ver con el favoritismo directo de lo que parece y mucho más con la lógica económica de la industria.

En sectores como la moda, el cine o la publicidad, las empresas no solo contratan talento; contratan atención. Un apellido conocido llega acompañado de una historia, una narrativa y un reconocimiento inmediato que reduce el riesgo para las marcas. Si una firma puede elegir entre dos modelos con un nivel similar, pero uno de ellos genera titulares, millones de seguidores y una conversación constante en redes sociales, la decisión también responde a criterios comerciales.

En otras palabras, un nepo baby no vende únicamente su trabajo; también vende una marca personal construida durante años, muchas veces incluso antes de comenzar su carrera. Ese valor intangible tiene un enorme impacto económico. Las campañas consiguen más repercusión, los medios hablan de ellas y las redes sociales multiplican el alcance de cualquier colaboración. En un mercado donde la atención se ha convertido en una moneda, ese factor puede valer tanto como la propia experiencia.

Esto no significa que todo se reduzca al apellido. Permanecer en la industria es mucho más difícil que entrar en ella. La historia está llena de hijos de celebridades que nunca consiguieron consolidar una carrera porque el público terminó rechazando su trabajo. Del mismo modo, muchos nepo babies soportan una presión añadida: la comparación constante con sus familiares. Se espera que estén a la altura de nombres que, en muchos casos, marcaron una época.

También conviene recordar que nadie elige la familia en la que nace. Culpar a estas personas por aprovechar las oportunidades que tienen a su alcance sería tan injusto como ignorar que esas oportunidades existen. El verdadero debate quizá no debería centrarse en ellos, sino en si la industria ofrece suficientes vías para que quienes no cuentan con esas conexiones puedan competir en igualdad de condiciones.

Porque el nepotismo no es exclusivo de Hollywood ni de las pasarelas. Está presente, en mayor o menor medida, en casi todos los sectores profesionales. La diferencia es que en las industrias creativas ocurre bajo el foco de millones de personas y con contratos que alcanzan cifras millonarias.

Al final, el apellido puede abrir una puerta, pero no garantiza una carrera. Lo que sí demuestra es que, en la economía de la creatividad, el talento sigue siendo importante, pero el valor comercial de una historia también tiene un precio. Y pocas historias venden tanto como formar parte de una de las familias más conocidas del mundo.