Inversión y turismo de lujo

La isla de los Kushner: el paraíso albanés que divide a Europa.

El ambicioso resort impulsado por Ivanka Trump y Jared Kushner promete miles de empleos, pero despierta una fuerte oposición ambiental.

La isla de los Kushner
La isla de los Kushner. 24H

Lo que comenzó como unas vacaciones por el Mediterráneo ha terminado convirtiéndose en uno de los proyectos inmobiliarios más ambiciosos y controvertidos de Europa. Durante un viaje por la costa albanesa, Ivanka Trump y su esposo, Jared Kushner, descubrieron la isla de Sazan, un enclave prácticamente virgen situado entre el mar Adriático y el Jónico. Años después, aquel paisaje casi intacto podría transformarse en un exclusivo complejo turístico valorado en 1.400 millones de dólares, una inversión que promete cambiar para siempre el futuro económico de la zona.

Durante décadas, la isla de Sazan fue uno de los lugares más inaccesibles de Albania. Bajo el régimen comunista permaneció cerrada al público y fue utilizada como base militar estratégica. Ese aislamiento permitió conservar intactos sus ecosistemas, sus aguas cristalinas y una biodiversidad excepcional. Con una superficie cercana a las 1.400 hectáreas, la isla se encuentra junto al área protegida de Vjosa-Narta, uno de los espacios naturales más importantes de los Balcanes por albergar aves migratorias, tortugas marinas y numerosas especies protegidas.

Precisamente ese valor ecológico es el que hoy enfrenta dos modelos completamente distintos de desarrollo. Por un lado, el Gobierno albanés considera que el proyecto supondrá una oportunidad histórica para convertir al país en un destino de lujo capaz de competir con la Costa Azul francesa, Cerdeña o las islas griegas. Por otro lado, organizaciones ecologistas y parte de la población denuncian que el desarrollo urbanístico amenaza uno de los últimos paraísos naturales del Mediterráneo.

El plan contempla la construcción de hoteles de cinco estrellas, villas privadas, apartamentos de lujo, restaurantes, clubes de playa, centros de bienestar, instalaciones deportivas y un puerto deportivo para grandes yates. Algunas previsiones apuntan a que el complejo podría albergar alrededor de 10.000 habitaciones, convirtiéndose en uno de los mayores desarrollos turísticos del Mediterráneo oriental. El público objetivo será un turismo internacional de alto poder adquisitivo procedente de Estados Unidos, Oriente Medio y Europa.

Para acelerar la inversión, el Gobierno de Albania concedió a la empresa promotora la categoría de «inversor estratégico», una figura legal que simplifica numerosos trámites administrativos y facilita la coordinación entre distintas administraciones públicas. Las autoridades defienden que el proyecto atraerá inversión extranjera, aumentará la recaudación fiscal y situará definitivamente a Albania en el mapa internacional del turismo de lujo.

Las previsiones económicas son ambiciosas. Se estima que la construcción y posterior explotación del resort podrían generar miles de empleos directos e indirectos en sectores como la hostelería, la construcción, el transporte, la restauración y los servicios turísticos. Para un país cuya economía depende en gran medida del turismo estacional, la llegada de una inversión de esta magnitud supone una oportunidad para atraer visitantes durante todo el año y aumentar la entrada de divisas.

Sin embargo, no todos comparten ese optimismo. Diversas organizaciones medioambientales alertan de que la urbanización podría alterar de forma irreversible un ecosistema especialmente sensible. La construcción de carreteras, puertos deportivos y complejos hoteleros modificaría el paisaje y podría afectar a especies protegidas que encuentran en la isla uno de sus últimos refugios naturales.

También existen interrogantes sobre la gestión del suelo y la situación de antiguos propietarios y residentes vinculados históricamente a la zona. Algunas familias han reclamado derechos sobre determinados terrenos y han solicitado una mayor transparencia en los procesos administrativos relacionados con la inversión. Hasta el momento, las autoridades no han anunciado un programa general de compensaciones económicas para residentes, aunque el Gobierno sostiene que cualquier actuación deberá ajustarse a la legislación albanesa sobre propiedad y expropiaciones cuando corresponda.

El caso de Sazan refleja un debate cada vez más frecuente en numerosos destinos turísticos: ¿hasta qué punto debe sacrificarse un espacio natural para impulsar el crecimiento económico? Sus defensores consideran que el complejo situará a Albania entre los grandes destinos del turismo de lujo, atraerá inversión internacional y modernizará las infraestructuras del país. Sus detractores sostienen que el verdadero valor de la isla reside precisamente en haber permanecido prácticamente intacta durante décadas.

Mientras continúan los estudios ambientales y los trámites necesarios para desarrollar el proyecto, la isla de Sazan ya se ha convertido en un símbolo del difícil equilibrio entre conservación y desarrollo económico. Lo que un día fue una base militar aislada podría transformarse en uno de los resorts más exclusivos del Mediterráneo, un lugar pensado para millonarios, grandes empresarios y celebridades internacionales, pero cuya construcción seguirá alimentando el debate sobre el precio que puede llegar a tener el lujo.